Estudio Bíblico Salmo 15

El salmo 15 charla del perfil de quien puede acercarse a la existencia de Dios. El estudio bíblico del Salmo 15 detalla al ciudadano del Cielo, es decir, al que habita en el tabernáculo del Señor.
El título del Salmo 15 indica que fue escrito por el rey David. Pero el título no transmite ninguna otra información sobre el instante en que David escribió este salmo. Algunos eruditos proponen que quizás David escribió el Salmo 15 en el contexto de llevar el Arca del Pacto al Monte Sion en Jerusalén (2 Samuel 6).
El salmo tiene ciertas similitudes con el Salmo 24 en que responde a la pregunta de quién puede entrar en la existencia de Dios (cf. Salmo 24:3-6). En este sentido, el Salmo 15 asimismo se asemeja al Salmo 1 en el momento en que describe el camino de los justos.
Pero al resaltar las características de los justos, el Salmo 15 no presenta una lista que deban cumplir los que desean ser salvos. ¡Ese no es tu objetivo! El salmo 15, en verdad, presenta una lista de cualidades que caracterizan la vida de esos que son ya salvos y caminan según la voluntad de Dios.
El bosquejo del Salmo 15 se puede organizar de la siguiente forma:
- Intentando encontrar la presencia de Dios (Salmo 15:1).
- Vivir según la voluntad de Dios (Salmo 15:2-5).
Intentando encontrar la presencia de Dios (Salmo 15:1)
El Salmo 15 se introduce con una pregunta en 2 partes: “¿Quién, Señor, habitará en tu Tabernáculo? ¿Quién habitará en tu santurrón monte? (Salmo 15:1). Este versículo hace una referencia directa al tabernáculo que era el lugar oficial de adoración en Israel.
La palabra “tabernáculo” aquí significa verdaderamente “tienda” y hace referencia al santuario móvil que existía en Israel antes de la construcción del templo en Jerusalén. El “monte santurrón” del que asimismo charla el salmista es el monte Sión, donde se plantó la tienda en los días de David y donde después se construyó el templo.
Entonces, al cuestionar quién puede morar en el Tabernáculo y morar en el monte beato del Señor, David se está refiriendo a esa persona que disfruta de la más íntima comunión con Dios. El Tabernáculo era el máximo símbolo de la morada de Dios entre su pueblo escogido. Fue en el tabernáculo donde se encontraba el Arca de la Alianza y donde Dios manifestó su gloria de forma especial.
Vivir según la intención de Dios (Salmo 15:2-5)
Siguiendo el Salmo 15, David responde la pregunta propedéutica del Salmo 15 con una contestación de cinco partes y enumera diez características morales que caracterizan a una persona que vive en la presencia de Dios.
Primero, David le afirma a esta persona “Vid con integridad, y obrad justicia, y hablad la realidad de tu corazón” (Salmo 15:2). Los siervos de Dios deben ser conocidos por su integridad, conducta recta y certeza.
Sí, los verdaderos creyentes siempre y en todo momento son rectos, verdaderos y sinceros. No se involucran en cosas fraudulentas y no confían en mentiras. Son de carácter piadoso e intachable. Eso no significa que sean idóneos. Más bien, significa que están absolutamente en compromiso con el Señor. El pecado es un incidente en sus vidas, no lo que los define.
Asimismo es interesante notar que el salmista aplica los tres verbos – vivir, entrenar y hablar – en tiempo presente. En consecuencia, esto significa que tales comportamientos están siempre y en todo momento presentes en la vida del creyente, en todo momento y continuamente.
Segundo, David dice que la persona que mora en la existencia de Dios “no calumnia con su lengua, no daña a su prójimo, ni lanza insultos a su prójimo” (Salmo 15:3). Es fácil ver que en este versículo el salmista destaca el compromiso que tiene el creyente en cumplir el mandamiento divino que pide el cariño al prójimo.
En tercer rincón, el salmista afirma que siervo de Dios es el que, “Él considera al réprobo como repudiable a sus propios ojos, pero honra a los que se preocupan al Señor” (Salmo 15:4). El auténtico fiel honra a los que temen a Dios. Pero, ¿cuál ha de ser tu conducta hacia aquellos que deliberadamente desdeñan al Señor?
Una cosa es querer a tu prójimo, sea quien sea, y otra cosa es admitir la conducta del pecado. El impío es enemigo de Dios y de su pueblo. Debido a su rebelión impenitente, Dios rechaza a los desalmados. Entonces el creyente tampoco aprueba a quien el Señor amonesta; no acoge a quien el Señor desprecia. El escritor de Proverbios escribe que el justo que se rinde ante el impío es como un manantial de agua contaminado (Proverbios 25:26). Pero el fiel condena abiertamente el pecado, y también desdeña a los que se erigen en contrincantes de Dios.
En cuarto sitio, David dice que el siervo de Dios es aquel “jura autolesionarse y no se retracta” (Salmo 15:4). Esto significa que el fiel cumple su palabra, incluso cuando sufre daño. Sufre la pérdida, pero no deja de cumplir su promesa.
En quinto sitio, David dice que el que mora en la presencia del Señor “No presta su dinero a usura, ni admite soborno contra el inocente” (Salmo 15:5). Entre los israelitas la Ley Mosaica determinaba que los préstamos eran para contribuir a los necesitados (Deuteronomio 23:19,20). Entonces, aplicar interés en estas situaciones fue un fallo, en tanto que caracterizó una manera de explotación. La iniciativa que predomina aquí es que el creyente no busca sacar provecho de la pobreza de los necesitados.
En cuanto a “admitir un soborno contra el inocente”, el salmista se refiere a la práctica de aquellos que admiten soborno para testificar contra una persona inocente. En los tiempos del Viejo Testamento, la palabra de un testigo tenía un gran peso para condenar a alguien. Así que en ocasiones la multitud maligna podía tenderle una trampa a una persona inocente comprando testimonios falsos para condenarlo. Nabot es un caso de muestra de alguien que fue condenado sobre la base de falso testimonio (1 Reyes 21:13).
Por último, el salmista concluye el Salmo 15 afirmando que “Quienquiera que haga esto no va a ser conmovido” (Salmo 15:5). La gente que se caracterizan por estas cualidades siempre y en todo momento estarán a salvo. Temen a Dios, guardan sus preceptos y de ahí que habitan regularmente en la presencia del Señor. Esto está en armonía con lo que redacta el apóstol Juan: “Pero el que hace la voluntad de Dios continúa para toda la vida” (1 Juan 2:17).
En este punto podemos ver de qué forma el Salmo 15 apunta a Cristo. Es mediante Jesucristo que los fieles pueden llegar a la presencia de Dios y tener comunión con Él para siempre (Juan 14:19-31; Hebreos 10:19-25).
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