IGLESIA

Éxodo 4 Estudio Bíblico

Éxodo 4 es el capítulo de la Biblia que registra el regreso de Moisés a Egipto tras 40 años. El estudio bíblico de Éxodo 4 revela además cómo Dios poderosamente capacitó a Moisés para que pudiese realizar señales milagrosas.

Es esencial entender que Éxodo 4 sigue la narración de Éxodo 3, con Moisés siendo llamado por el Señor para asesorar al pueblo de Israel en su salida de Egipto. Entonces Dios se manifestó a Moisés claramente en una zarza ardiente. Esta clase de fenómeno bíblico tiene por nombre teofanía, lo que significa una manifestación visible de la presencia del Señor.

Un bosquejo de Éxodo 4 podría organizarse de la próxima forma:

  • Dios permite a Moisés con poderes prodigiosos (Éxodo 4:1-9).
  • La objeción de Moisés (Éxodo 4:10-17).
  • Moisés vuelve a Egipto (Éxodo 4:18-23).
  • El problema de la circuncisión (Éxodo 4:24-26).
  • El encuentro en Moisés y Aarón (Éxodo 4:27-31).

Dios permite a Moisés con poderes prodigiosos (Éxodo 4:1-9)

Éxodo 4 empieza con una objeción de Moisés. Si bien Dios le aseguró que estaría con él y que los israelitas saldrían de Egipto a pesar de la resistencia de Faraón, Moisés todavía se mostró reluctante. Moisés afirmó que nadie creería que Dios lo había llamado (Éxodo 4:1). De hecho, esa sería una misión difícil, ya que habría que convencer al pueblo israelí de que abandonase Egipto, la tierra en la que había vivido durante siglos.

Entonces el Señor ordenó a Moisés que arrojara al suelo la vara que tenía en la mano. Al hacerlo, la vara fácil se transformó milagrosamente en una serpiente (Éxodo 4:2,3). Entonces Dios le ordenó a Moisés que agarrara a la serpiente por la cola, y al hacerlo, la serpiente se transformó nuevamente en un bastón. Esta señal sería la prueba de que el Dios de la alianza con Abraham, Isaac y Jacob se había aparecido verdaderamente a Moisés (Éxodo 4:5).

Entonces el Señor le ha dicho a Moisés que pusiese su mano sobre su pecho. Mientras que lo hacía, su mano se volvió leprosa. Entonces Dios le ordenó que repitiese el mismo movimiento, y entonces la mano de Moisés fue totalmente sanada (Éxodo 4:6,7). Con eso Dios estaba exponiendo su soberanía al probar su poder para herir y sanar. Esta sería la segunda señal para los israelitas. Si no creyeron en la primera señal, entonces podrían opinar en la prueba de la segunda señal (Éxodo 4:8).

Si los israelitas no creían en las dos primeras señales, entonces habría una tercera señal donde Moisés derramaría ciertas aguas sobre la tierra seca, y las aguas se transformarían en sangre sobre la tierra (Éxodo 4:9).

Esta señal sería una clara prueba de que la mano de Dios castigaría a Egipto. Eso es porque el río Nilo fue el origen de la vida en Egipto; Todo sucedió alrededor de ese río. Esta señal, no obstante, mostraba que Dios podía matar al río Nilo, venerado por los egipcios como un género de deidad, y en consecuencia a Egipto. Moisés no necesitaba enseñar esta tercera señal a los israelitas; aunque apareció en la primera de las diez plagas mandadas a Egipto (Éxodo 7:20).

La objeción de Moisés (Éxodo 4:10-17)

Aun frente a todas y cada una estas señales, Moisés todavía se sentía impotente. No creía que fuera capaz de desempeñar el papel que el Señor le había asignado. De modo que volvió a presentar una objeción diciendo que nunca había sido elocuente y que era “pesado en la boca y pesado en la lengua” (Éxodo 4:10).

Pero Dios respondió a Moisés diciendo que Él mismo sería su boca y le enseñaría qué decir; tras todo, Dios es Aquel que logró la boca del hombre; El que hizo al mudo, al sueco, lo que ve y asimismo lo que no ve (Éxodo 4:11,12). Entonces, por supuesto, Aquel que logró la boca del hombre ha podido hacer que el hombre la usara adecuadamente. Esto exhibe que Dios empodera a quien llama. Los elegidos del Señor le tienen que sus dones al Señor.

Dios había contestado a todas las objeciones de Moisés, pero todavía quería huír de su llamado. Le pidió a Dios que enviara a alguien mucho más en su rincón (Éxodo 4:13). El texto bíblico dice que Dios entonces se enojó con Moisés y le dijo que utilizaría a su hermano, Aarón, a fin de que fuera su vocero. Moisés definitivamente no tenía forma de escapar del llamado divino (Éxodo 4:13-16).

Al final, Dios ordenó a Moisés que tomara la vara en su mano, porque mediante ella se efectuarían las señales en Egipto. Desde entonces, la vara de Moisés se transformó en la vara de Dios (Éxodo 4:17).

Moisés vuelve a Egipto (Éxodo 4:18-23)

Ahora, Éxodo 4 registra el regreso de Moisés a Egipto. Primero fue a casa de su suegro para decirle que retornaba a Egipto a visitar a sus hermanos. El suegro de Moisés le mencionó que se fuera en paz. Dios también le ha dicho a Moisés que su regreso era seguro, porque todos los que querían matarlo en Egipto ya habían muerto (Éxodo 4:18,19).

Entonces Moisés tomó a su mujer, Séfora, y a sus hijos, Gersón y Eliezer, y salió con ellos a la tierra de Egipto. Pero Moisés llevaba en su mano “el bastón de Dios” (Éxodo 4:20). El Señor también le dijo a Moisés que al llegar a Egipto, debía realizar las señales que le fueron puestas en las manos ante Faraón.

Pero Dios asimismo le advirtió que endurecería el corazón de Faraón para que no dejase ir al pueblo de Israel (Éxodo 4:21). Este endurecimiento fue un castigo para Faraón y Egipto. En otro lugar la Biblia afirma que Faraón asimismo endureció su corazón (Éxodo 8:15; cf. Romanos 9:17,18).

Combinado con visto que Dios mismo prometió endurecer el corazón de Faraón, esto quiere decir que Dios entrega al hombre a su rebeldía, e inclusive utiliza esto para cumplir su propósito soberano. A través de la resistencia de Faraón a dejar ir al pueblo de Israel, Dios manifestaría su poder como el enorme Libertador de Israel, a quien llama “mi primogénito” (Éxodo 4:22). Este título de Israel como primogénito de Dios se cumplió absolutamente en la persona de Jesucristo (cf. Mc 1, 11).

En verdad, en este punto Dios también anticipó la amenaza de la décima plaga al ordenarle a Moisés que advirtiese a Faraón que si se negaba a dejar proceder a Israel, el primogénito de Dios, mataría al primogénito de Faraón (Éxodo 4:23).

El inconveniente con la circuncisión (Éxodo 4:24-26)

Éxodo 4 aun registra un episodio de bien difícil interpretación relacionado con la circuncisión del hijo de Moisés (Éxodo 4:24-26). El texto dice que el Señor encontró a Moisés y “Quería matarlo” (Éxodo 4:24). En la secuencia Séfora, la mujer de Moisés, hace aparición circuncidando a su hijo y llamando a Moisés “Marido sediento de sangre gracias a la circuncisión” (Éxodo 4:25,26).

El artículo hebreo no deja claro si la ira del Señor se levantó contra Moisés, quizás por el hecho de que no había circuncidado a su hijo, o contra nuestro hijo de Moisés, que no se encontraba circuncidado. La asociación de Séfora de Moisés como un “marido sediento de sangre” es dudosa. Quizás ella no entendió que la circuncisión era la señal necesaria del pacto de Dios con la simiente de Abraham.

El acercamiento en Moisés y Aarón (Éxodo 4:27-31)

Al final, Éxodo 4 termina exponiendo a Moisés encontrándose con Aarón. Es importante notar que fue Dios quien envió a Aarón al desierto para encontrarse con Moisés. Entonces este es probablemente un registro anacrónico, esto es, fuera de orden cronológico. Esto se debe a que el acercamiento entre Moisés y Aarón sucedió en el “Monte de Dios”, lo que indica que posiblemente esto sucedió antes que Moisés saliese de la región del Sinaí (Éxodo 4:27).

Se confirmó el papel de Aarón como representante de Moisés. Entonces los 2 hermanos fueron a Egipto y se presentaron frente a los jubilados de los hijos de Israel. Por medio de Aarón, el pueblo escuchó las expresiones que Dios habló a Moisés y vio las señales. Entonces el pueblo creyó que efectivamente se trataba de una obra divina y que Dios había visitado a los hijos de Israel. En este punto, la narración de Éxodo 4 llega a su fin mostrando al pueblo adorando al Señor (Éxodo 4:31).

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