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¿Qué son la inmanencia y la trascendencia de Dios?

La inmanencia y la trascendencia de Dios atañen a la relación de Dios con la Creación. Cuando mencionamos que Dios es totalmente superior y está por encima de Su creación, estamos diciendo que Él es trascendente. En el momento en que decimos que Dios puede encontrarse activamente dentro de Su creación, estamos diciendo que Él es inmanente.

La cuestión de la inmanencia y la trascendencia de Dios debe abordarse de la manera adecuada para que no se adopte una visión distorsionada de Dios. Varias personas exageran la inmanencia de Dios en un intento de enseñar su cercanía a la Creación, pero acaban anulando su trascendencia. Además de esto, algunas concepciones erradas de la inmanencia dan como resultado una especie de panteísmo disfrazado.

Otras personas, en cambio, al elogiar la naturaleza singular y soberana de Dios, acaban enfatizando sólo su trascendencia e ignorando su inmanencia. El resultado de esto a menudo se muestra en un término de que Dios está tan separado y lejos de la Creación que es realmente difícil que cualquier acercamiento a Él actúe.

Entonces no tenemos la posibilidad de decir que Dios es solo inmanente o trascendente. Lo correcto es que estas 2 doctrinas se mantengan juntas por el hecho de que ambas se enseñan en la Biblia: “¿Soy yo un Dios próximo, dice el Señor, y no un Dios lejano? ¿Alguien puede esconderse sin que yo lo vea? – dice el Señor. ¿No soy yo el que llena los cielos y la tierra? – pide el Señor (Jeremías 23:23,24).

La inmanencia de Dios

La inmanencia de Dios quiere decir que Él está presente en Su creación, incluida la raza humana, y actúa activamente en ahora través de ella. En el libro del profeta Jeremías, por ejemplo, leemos de qué forma la presencia de Dios llena todo el cosmos (Jeremías 23:24).

El profeta Isaías asimismo habla de la inmanencia de Dios en el momento en que afirma que vio a los serafines enfrente del trono de Dios cantando que toda la tierra está llena de su gloria (Isaías 6:3). El Apóstol Pablo, al predicar a los filósofos helenos en el Areópago de Atenas, explicó que Dios no está lejos de todos nosotros, “Por el hecho de que en él vivimos, nos movemos y existimos” (Hechos 17:27,28).

Inmanencia de la inmanencia de Dios

La doctrina de la inmanencia de Dios nos enseña ciertas cosas muy importantes. Primero, cuando mencionamos que Dios es inmanente, también deseamos decir que Él hace una parte de Su obra mediante Su Creación. Por poner un ejemplo: emplea la tecnología y las capacidades humanas para actuar en este planeta, como la medicina.

Segundo, la inmanencia de Dios también indica que Él utiliza diversos tipos de personas y organizaciones para cumplir Sus propósitos. Algunos de ellos quizás no sean cristianos. En la Biblia poseemos un ejemplo de esto en el momento en que leemos que Dios usó naciones como Asiria y Babilonia como instrumentos de juicio sobre Su pueblo. Es por eso que reyes paganos como Nabucodonosor y Ciro son llamados siervos del Señor en ciertos contenidos escritos bíblicos.

Tercero, la doctrina de la inmanencia de Dios también debería llevarnos a tener una mayor cuenta y respeto por el ámbito de la Creación. El mundo desarrollado pertenece a Dios, quien actúa activamente en él, de modo que aun podemos obtener un conocimiento general de la naturaleza de Dios. Además, aunque Dios habita de forma especial sólo en los redimidos, también está presente de forma mucho más general en todas y cada una la gente, ya que todos los humanos reflejan la imagen de Dios (Génesis 1:27).

La trascendencia de Dios

La trascendencia de Dios quiere decir que Él es infinitamente mayor a Su creación. En ese sentido, Él es un ser divino y único, completamente diferente a alguno de Sus criaturas. Como lo define Millard Erickson, el significado de la trascendencia de Dios supone que Él no es una pura cualidad de la naturaleza o la humanidad; Él no es simplemente el mucho más elevado de los seres humanos. No se limita a nuestra capacidad de entenderlo. Sus atributos van infinitamente más allá de los nuestros.

El mismo texto bíblico en el que el profeta Isaías resalta el testimonio de la inmanencia de Dios en el canto de los serafines asimismo resalta su trascendencia. El profeta describe a Dios sentado en un trono alto y sublime, o sea, alto y exaltado sobre todo y sobre todos en una excelencia inalcanzable.

Aún a través del profeta Isaías, Dios mismo habla de su trascendencia: “Por el hecho de que mis pensamientos no son vuestros pensamientos; ni nuestros caminos son mis caminos, afirma Jehová. Porque como los cielos son mucho más altos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más altos que nuestros pensamientos.” (Isaías 55:8,9).

Implicaciones de la trascendencia de Dios

La doctrina de la trascendencia de Dios tiene varias implicaciones esenciales para nosotros. Por ejemplo: como seres finitos, nunca vamos a poder conocer absolutamente la naturaleza de un Dios infinito y trascendente. Todo lo que sabemos acerca de Dios no proviene de nuestros descubrimientos, sino del conocimiento que Él mismo escogió revelarnos acerca de sí.

Además de esto, la trascendencia de Dios deja en claro que hay una diferencia muy grande entre nosotros y Él. En una época donde la multitud busca declaraciones que comenten que son iguales a Dios, que no son inferiores a Él, que son tan justos como Él, que son Su debilidad, la doctrina de la trascendencia divina viene a demostrar que semejantes los conceptos son fruto del desvarío y de la locura pecaminosa del hombre.

Incluso tras ser redimidos y glorificados, seguiremos siendo criaturas humanas, al paso que Él continúa inmutablemente Dios Todopoderoso, Constructor y Sustentador de todas las cosas. Nunca vamos a ser como Dios y nunca podremos tratarlo como nuestro igual.

Por eso, la doctrina de la trascendencia de Dios es asimismo una convidación a la reverencia. Por más que Dios actúe de forma inmanente en y mediante nuestras vidas, por mucho que habite en nosotros y establezca una relación con nosotros, todo lo mencionado es Su regalo para nosotros y siempre debemos aproximarnos a Él con el debido respeto. Él no es nuestro maestresala, Él es nuestro Dios. No contamos derecho ni condiciones para demandarle nada. Si bien tenemos la posibilidad de traer nuestras ansiedades y peticiones frente Él, debemos tener en cuenta que es Su intención la que predomina.

Al final, la trascendencia de Dios también nos lleva a opinar que Dios participa de manera directa, particular y sobrehumano en este planeta según Sus propósitos. Si la inmanencia de Dios indica que Él puede actuar con la ayuda de nuestro esfuerzo, la trascendencia de Dios también indica que, según con Su voluntad, Él puede realizar milagros que están alén de la comprensión humana.

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