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¿Qué significa nacer de nuevo? ¿Qué es el Nuevo Nacimiento o

El nuevo nacimiento es un acto único de Dios en la vida del hombre, convirtiendo su inclinación al mal en una disposición para llevar a cabo el bien, capacitándolo a través del Espíritu Santo para hacer lo que es preciso a sus ojos. La realidad de que el hombre precisa nacer nuevamente, es decir, la necesidad de regenerarse, se encuentra dentro de los puntos centrales de la teología cristiana.

Desafortunadamente, varios cristianos no entienden apropiadamente lo que es la regeneración o el nuevo nacimiento y, por consiguiente, no se dan cuenta de su concepto primordial como se establece en las Escrituras. La pregunta de Nicodemo acerca de de qué manera posiblemente el hombre nazca nuevamente todavía es la pregunta de muchas personas (Juan 3:4).

¿Hay alguna diferencia entre la regeneración y el nuevo nacimiento?

La Biblia utiliza tanto el término “regeneración” como la expresión “nuevo nacimiento” como sinónimos para referirse a la transformación radical obrada por el Espíritu Beato en la vida de los redimidos.

La palabra “regeneración” traduce el término heleno palingenesia en el Nuevo Testamento. Este término se aplica dos veces. La primera está en el Evangelio de Mateo y tiene relación a la restauración escatológica (Mateo 19:28), mientras que la segunda está en la Epístola de Pablo a Tito, donde el apóstol la utiliza en el contexto de la salvación del hombre (Tito 3:5).

La expresión “nuevo nacimiento” y otras expresiones relacionadas con ella, como “ser vivificado”, “nacer de Dios”, etcétera., también se utilizan en el Nuevo Testamento para transmitir exactamente la misma verdad, y cumplen a la perfección el propósito de señalar un cambio drástico en la vida del individuo.

El Nuevo Nacimiento en la Biblia

La doctrina del nuevo nacimiento se presenta durante la Biblia. Aun en el Antiguo Testamento, las Escrituras apuntan la necesidad del hombre de nacer nuevamente. Por servirnos de un ejemplo, en el Salmo 51 encontramos al salmista David comentando de la condición natural del hombre como pecador cuando dice: “En maldad nací, y en pecado concibió mi madre” (Salmo 51:5).

En este salmo David está señalando el pecado original que significa el pecado derivado de nuestro origen, en el sentido de que la pecaminosidad marca a todos los hombres sin salvedad desde el nacimiento, haciendo que sus corazones se inclinen al mal aun antes de cometer cualquier género de pecado. .

Poco después, al admitir la depravación total del hombre, el salmista comprende que solo la intervención divina puede formar al hombre para hacer lo recto frente Dios, a través de un nuevo corazón puro y la renovación de un espíritu recto (Salmo 51,10).

En la profecía del profeta Isaías leemos que Dios es el que reaviva el espíritu de los humildes y el corazón de los contritos (Isaías 57:15). Lo mismo asimismo fue presagiado por medio del profeta Ezequiel, en el momento en que Dios afirma: “Les daré un corazón nuevo y pondré un espíritu nuevo dentro de nosotros” (Ezequiel 36:26).

Ya en el Nuevo Testamento, la doctrina de la regeneración se vuelve aún más clara. Jesús mismo habló de esto en su charla con el fariseo Nicodemo, advirtiéndole sobre la necesidad del hombre de nacer de nuevo (Juan 3). Los apóstoles asimismo escribieron extensamente sobre este tema (2 Corintios 5:17; Efesios 2:5; 4:24; Colosenses 2:13; Tito 3:5; 1 Pedro 1:3,23).

¿Qué es lo que significa nacer de nuevo?

Nacer nuevamente significa “nacer de lo alto” (Juan 3:3), o sea, nacer de Dios (Juan 1:13), ser engendrado de Dios (1 Pedro 1:3), ser hecho vivos por Él (Efesios 2:1-5), nacer de nuevo de simiente incorruptible por Su Palabra (1 Pedro 1:23). El significado del nuevo nacimiento es tan profundo y su efecto tan radical que el hombre que nace de nuevo es hecho una exclusiva criatura (2 Corintios 5:17).

La expresión “nacer de nuevo” se usa para traducir una declaración griega en el diálogo entre Jesús y Nicodemo registrado en el Evangelio de Juan. El término griego original traducido en muchas ediciones como “nacido nuevamente”, tiene la posibilidad de tener tanto el significado de “nacido de lo alto” o “nacido de lo prominente”, siendo este significado el mucho más frecuente, como también tiene la posibilidad de tener el significado de “nacido nuevamente”. ” o “nacer nuevamente”.

En el presente contexto, por supuesto “nacer de nuevo” es “nacer de lo alto”, pero en todo caso, si bien el artículo original se registró en griego, lo más posible es que el diálogo entre Jesús y Nicodemo fuera en arameo y él comprendiera literalmente algo así como “nacer otra vez”, lo que puede explicar su reacción cuando se le preguntó: “¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Va a poder ingresar por segunda vez en el vientre de su madre y nacer?” (Juan 3:4).

¿Cómo puede el hombre nacer de nuevo? ¿Quién opera la regeneración?

Jesús no usó la figura del nuevo nacimiento en vano, a la inversa, al usarla asimismo apelaba a la realidad de que nadie puede hacer nada por su nacimiento. Por consiguiente, el hombre jamás puede, por su acción y obra, nacer de nuevo, es decir, regenerarse a sí mismo.

Debemos recordar aquí que Nicodemo era un receloso fariseo, y con toda su religiosidad estaba familiarizado con la iniciativa de que la salvación se ganaba por el ahínco humano, por las buenas obras guardando la Ley de Moisés. No obstante, la enseñanza de Jesús confronta este término erróneo, mostrando que la salvación es un obsequio de Dios.

Para llevar a cabo esto aún más claro, Jesús ilustra la incapacidad humana en el nuevo nacimiento al referirse al viento que sopla donde desea, y aunque tengamos la posibilidad oírlo, no tenemos la posibilidad de controlarlo. De igual forma, concluye Jesús, “es todo aquel que es nacido del Espíritu” (Juan 3:8).

Al decir esto, Jesús simplemente se encontraba enseñando que así como absolutamente nadie puede supervisar dónde sopla el viento en la Tierra, el Espíritu es completamente soberano en la regeneración, y su acción incomprensible y enigmática es absolutamente libre y también independiente.

¿Por qué razón obra Dios el nuevo nacimiento en el hombre?

Aquí es esencial comprender que Dios no posee la obligación de regenerar al hombre que está muerto en sus delitos y errores. Por su propia naturaleza pecaminosa, el hombre es digno de la ira de Dios, tomando sobre sí mismo el justo castigo por sus pecados.

No obstante, la Biblia dice que Dios, por el beneplácito de su voluntad, apartó y vivificó para sí un pueblo, que fueron hechos hijos adoptivos por Jesucristo (Efesios 5:1). Es en este punto que podemos entender por qué Dios regenera al hombre pecador.

El apóstol Pablo enseña que Dios, “que es rico en clemencia, por el gran amor con que nos amó, aun estando nosotros fallecidos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo” (Efesios 2:4,5).

El apóstol Pedro también habló de esto cuando bendijo “el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, el que, según su enorme clemencia, nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos” (1 Pedro 1:3).

Esto quiere decir que el nuevo nacimiento es fruto de la rica clemencia y del incalculable amor de Dios, y toda esta obra de salvación es para alabanza de su gloria (Efesios 1:6,12,14).

¿Por qué razón es necesario nacer de nuevo? ¿Qué tan esencial es la regeneración?

Después de la Caída del hombre y el consiguiente origen del pecado en la raza humana, el hombre fue separado de Dios, quedando muerto espiritualmente. De ahí la importancia fundamental de la regeneración, porque en el nuevo nacimiento el hombre resucita espiritualmente, queda fallecido al pecado y pasa a vivir para Dios.

Jesús es clarísimo cuando dice que si el hombre no nace nuevamente no podrá ingresar en el reino de Dios, pues sin el nuevo nacimiento el hombre no puede ni siquiera opinar en el Hijo de Dios y ser justificado por su obra salvadora.

Algunas líneas teológicas aseguran que la fe precede a la regeneración, pero esta afirmación contraría la enseñanza bíblica. Es verdad que la fe y la regeneración están íntimamente unidas, tal es así que la una no ocurre sin la otra (Efesios 2:8), pero la fe no es la causa de la regeneración, sino más bien su fruto, pues la regeneración, como vimos, es obra soberana, inmediata, exclusiva y sobrenatural del Espíritu Santurrón, que eleva al hombre de su estado de muerte espiritual a la vida plena en Cristo, cambiando así la disposición de su alma al mal, y también inclinando su corazón a Dios, el tornado nuevo criatura.

En un orden lógico y atemporal, el hombre solo puede opinar tras haber resucitado, y eso es lo que enseña la Biblia. El apóstol Juan redacta: “Todo el que que piensa que Jesús es el Cristo ha nacido de Dios” (Juan 5:1). Nótese que él no afirma que el sujeto se transforma en un hijo de Dios porque cree que Jesús es el Cristo, pero dice que es por el hecho de que el sujeto es nacido de Dios que cree en su Hijo unigénito.

Asimismo supone la verdad de que cualquier supuesta regeneración que no resulte en una fe inmediata e inseparable en Cristo como su Salvador, de hecho no es un nuevo nacimiento auténtico (Juan 3:16,36; 5:24).

¿Cuáles son los efectos del nuevo nacimiento?

Tenemos la posibilidad de mencionar resumidamente los primordiales efectos de la regeneración:

1) Al nacer de nuevo, el hombre deja de estar espiritualmente muerto, atrapado en sus transgresiones y pecados y por naturaleza hijo de furia. Habiendo sido vivificado, llega a opinar que Jesucristo es su Salvador, se arrepiente de sus pecados, es proclamado justo por Dios a través de los méritos de Cristo, y es adoptado en la familia de Dios. Esto básicamente quiere decir que sale de la tumba para sentarse en los lugares divinos en Cristo Jesús (Efesios 2:6).

2) Al nacer de nuevo, el hombre puede someterse a la intención de Dios y vivir una vida que le agrade. Comienza a admitir y entender el mensaje del Evangelio, porque en este momento tiene la cabeza de Cristo y puede discernir lo que antes era una locura para él (1 Corintios 2:14-16). Por consiguiente, por el momento no está entre aquéllos que adoran más las tinieblas que la luz (Juan 3:19,20).

3) Al nacer nuevamente, el hombre se libera de la culpa y del dominio del pecado. Esto quiere decir que ya no es esclavo del pecado, sino esclavo de Dios. El resultado de esto es que en vez de recibir la paga merecida del pecado que es la muerte, recibe el regalo inmerecido de la vida eterna (Romanos 6:17-23).

4) Al nacer de nuevo, el hombre goza de una esperanza viva, haciéndose heredero en Cristo Jesús de una herencia incorruptible reservada en los cielos (1 Pedro 1:3,4). El regenerado tiene al Espíritu Santo como sello, prenda, garantía de la glorificación que se generará en el día venidero, donde va a estar con Dios por toda la eternidad.

5) Cuando nazca de nuevo, el hombre jamás va a ser exactamente el mismo. Quien ha sido verdaderamente regenerado por el Espíritu Beato, hecho oveja del Buen Pastor, descansa en el consuelo de las expresiones del Profesor: “Y yo les doy vida eterna, y no perecerán nunca, y nadie las quitará de mi mano”. (Juan 10:28). Esto nunca supone autocomplacencia, sino que refleja la más alta devoción a través de la santificación, un desarrollo para toda la vida.

De esta manera, en vez de las obras de la carne revela en su historia las patentizas del fruto del Espíritu. En este momento es un ciudadano del cielo y tiene una vida acorde con su novedosa naturaleza. Los regenerados se describen en la Biblia como misericordiosos, mansos, pacificadores, pobres de espíritu, puros de corazón y hambrientos de justicia.

Por consiguiente, sólo naciendo de nuevo, solo siendo regenerado, el hombre, que por naturaleza es hijo de la furia, puede transformarse en ciudadano del cielo, hecho hijo de Dios por medio de Jesucristo.

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