XXIII Domingo del Tiempo Ordinario

XXIII Domingo del Tiempo Ordinario

Evangelio (BAV Arch.Cap.S.Pietro.B.63, f. 219v)

Jesús vino a nosotros, nos explicó y enseñó los mandamientos en gran forma y nos dejó el gran testimonio de Amor, muriendo por nosotros en la cruz, salvándonos, corrigiendo la culpa de Adán en nosotros.

Padre César Augusto, SJ – Vatican News

La liturgia de este domingo llama nuestra atención sobre la compromiso que poseemos con nuestros hermanos y hermanas. Somos causantes de corregir a nuestros hermanos y también de poner límites, en el momento en que sea necesario, a los que se nos encomiendan. Los progenitores y tutores que no tienen idea decir no a sus hijos, en el momento en que precisan estos límites, van a ser culpados por su accionar desviado ahora y en el futuro. Los padres y tutores no necesitan tener la capacitación precisa, en tanto que dentro de todo ser humano existe el los pies en el suelo y la conciencia de lo que está bien y lo que está mal: realizar el bien y evitar el mal. Amar es asimismo decir no, en el momento en que es requisito!

La primera lectura de la liturgia de este domingo, tomada del Libro de Ezequiel 33, 7-9, nos muestra a Dios estableciendo al Profeta como centinela, como aquel que está siempre y en todo momento atento a las acciones de Israel: el profeta, que tiene la misión de anunciar y denunciar, amonestará, en el nombre del Señor, al que el mismo Señor designe para recibir corrección; si por innumerables causas el misionero no lo realiza, el Señor le solicitará cuentas; si lo realiza y el impío, el torpe, no se corrige, va a ser castigado, pero el profeta, el educador, será preservado.

Por consiguiente, ejercer la responsabilidad sobre la vida del otro es también salvar la tuya.

En el Evangelio, tomado de Mateo 18, 15-20, Cristo nos comunica que corrijamos al hermano que peca, nos dice que hayamos ido a él, al pecador. El Señor nos ofrece incluso la pedagogía del perdón, o si se quiere, el rito del trato con el pecador. En todo se lee un gran amor por todos y se destaca la diferencia entre un hermano y un pecador público o pagano. El que peca y que es objeto de nuestro afecto correctivo es tratado como un hermano, pero el empedernido en el fallo es llamado pagano, por el momento no es una parte de la familia.

Observamos en estas lecturas, el enorme amor de Dios por sus hijos. Se afirma de que todos se salven, o sea, que todos alcancen la madurez y sean verdaderamente libres. De ahí la necesidad de corrección, de límites, de entender decir no y del amor del formador que se niega a ser simpático y “bonito” y admite ser severo y duro a fin de que el aprendiz comprenda que “no es de este modo”. Ciertamente, si en la sociedad de la cual formamos parte supiéramos actuar con integridad hacia la gente, el número de actos deshonestos, si existiesen, se contaría a mano. Nos encontramos acostumbrados a que todo “finalice en pizza”. Distorsionamos el significado del perdón cristiano, nos aterra que nos etiqueten como personas cuadradas y soportamos lo que sabemos que no es correcto. ¡Siempre y en todo momento “lo hacemos un tanto” y todos “lo hacemos bien”!

Pero si adopto la política de preservarme y no molestar al infractor, sea o no pequeña su culpa, la que pierde, aparte de nuestra Justicia, es la Comunidad. Tener un ingrediente de torpeza y, peor aún, estar sin él, además del empobrecimiento, exhibe su incapacidad para salvar a esa persona. La pena de muerte, por poner un ejemplo, puede considerarse la firma de la incapacidad de la sociedad para redimir a sus integrantes por la vida común.

Por último la segunda lectura, la Carta de Pablo a los Romanos 13, 8-10 nos comunica “Quien ama está cumpliendo la Ley, y aquí comprendemos Ley como la entiende Pablo, esto es, la síntesis de las muchas reglas del judaísmo para el amor. Por consiguiente, querer es cumplir la Ley, porque de eso se habla la Ley (Torá) y los profetas, en el amor. “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”, “el amor es el cumplimiento perfecto de la Ley”. ¡Y corregir es amar!

Jesús vino a nosotros, nos explicó y enseñó los mandamientos en gran forma y nos dejó el enorme testimonio de Amor, muriendo por nosotros en la cruz, salvándonos, corrigiendo la culpa de Adán en nosotros.

El Maestro es el que sigue a Cristo en la misión de profeta, educador, formador, que no mira a sí mismo, sino más bien al bien del amado, de aquel a quien el Creador ha puesto bajo su compromiso.

Esperamos que le gustara nuestro articulo XXIII Domingo del Tiempo Ordinario
y todo lo relaciona a Dios , al Santo , nuestra iglesia para el Cristiano y Catolico .
Cosas interesantes de saber el significado : Dios