XI Domingo del Tiempo Ordinario

XI Domingo del Tiempo Ordinario

La intervención de Dios en la historia humana se realiza mediante los que llama y envía a fin de que sean signos vivos de su amor y testigos de su amabilidad.

Padre César Augusto, SJ

Este domingo, la Palabra que vamos a reflexionar nos recuerda la presencia constante de Dios en el planeta y la intención que tiene de prestar a los hombres, a cada paso, su historia y salvación. Sin embargo, la intervención de Dios en la historia humana se realiza a través de aquellos a quienes llama y envía a fin de que sean signos vivos de su amor y presentes de su amabilidad.

La primera lectura nos introduce en el Dios de la “alianza”, que escoge un Pueblo para entablar con él lazos de comunión y familiaridad; a este Pueblo, Yahvé le confía una misión sacerdotal: Israel debe ser el Pueblo reservado al servicio de Yahvé, esto es, para ser signo de Dios entre las demás naciones.

La segunda lectura recomienda que la comunidad de discípulos es fundamentalmente una red social de personas a las que Dios ama. Su misión en el planeta es dar testimonio del amor de Dios por los hombres, un amor eterno, inalterable, gratuito y completamente único.

El Evangelio nos trae el “discurso de la misión”. En él, Mateo presenta una catequesis sobre la elección, llamada y envío de “12” acólitos (que representan a todo el Pueblo de Dios) para anunciar el “Reino”. Estos “doce” seguirán la misión de Jesús y deberán llevar la propuesta de salvación y liberación que Dios logró a los hombres en Jesús, a toda la tierra.

El texto que se nos propone incluye la introducción y parte de la descripción de la llamada y envío de los discípulos.

En la introducción (cf. Mt 9,36-38), Mateo enseña que esta misión a la que Dios llama a los discípulos es expresión de la solicitud de Dios, que quiere prestar la salvación a su Pueblo. Mateo –que escribe para una comunidad donde había un número esencial de fieles de origen judío– usará, para transmitir este mensaje, imágenes tomadas del Antiguo Testamento y muy familiares para los judíos.

En palabras de Jesús, Israel es una comunidad abatida y desconcertada cuyos pastores (líderes religiosos judíos) han renunciado a sus responsabilidades. Son esos pésimos pastores de los que charlan los profetas (cf. Ez 34; Zac 10,2). No obstante, el corazón de Dios está lleno de compasión por este rebaño abatido y desalentado; Dios aceptará entonces sus responsabilidades, en el sentido de conducir a su Pueblo a los pastos donde hay vida.

Dos notas más: la referencia al “lío” señala que esta misión es urgente y que no queda bastante tiempo para llevarla a cabo (en los profetas, el “lío” hace aparición ligado a la imagen del inminente juicio de Dios – Cfr. Is 17,5; Jer 13,24; Jl 4,12-13); la referencia a la “solicitud” que hay que realizar al Señor del “lío” es un llamamiento a la comunidad a fin de que contemple la misión como obra de Dios, que debe realizarse con el criterio de Dios (por eso, la red social hay que rezar – para tomar conciencia de los proyectos, perspectivas y criterios de Dios – antes de arrancar la tarea de anunciar el Evangelio).

Entonces viene la llamada de los acólitos (cf. Mt 10,1-4). Mateo empieza dejando claro que la idea es de Jesús: “él los llamó”. No hay explicación para los criterios que llevaron a esta elección: hablar de vocación y elección es hablar de un misterio insondable, que es dependiente de Dios y que el hombre no siempre es capaz de entender y explicar.

Esperamos que le gustara nuestro articulo XI Domingo del Tiempo Ordinario
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Cosas interesantes de saber el significado : Dios