[Texto Completo]: Respuesta de la Congregación para la Doctrina de

Vaticano, 15 de marzo. 21 / 10:30 am (ACI).- La Congregación para la Doctrina de la Fe ha rechazado la oportunidad de la Iglesia de sugerir una bendición a las uniones del mismo sexo y ha declarado firmemente que “no es lícito otorgar una bendición a las uniones, o incluso a las uniones equilibrados, que implican una práctica sexual fuera del matrimonio (…) como es el caso de las uniones entre personas del mismo sexo”.

A continuación se muestra el artículo terminado de la contestación oficial del Santo a la pregunta planteada por la siguiente pregunta: “¿Tiene la Iglesia el poder de transmitir una bendición a las uniones del mismo sexo?”

Contestación de la Congregación para la Doctrina de la Fe a un dubium sobre la bendición de las uniones del mismo sexo

A LA PREGUNTA PROPUESTA: ¿Tiene la Iglesia el poder de bendecir las uniones del mismo sexo?

RESPUESTA: De forma negativa.

Nota explicativa

En algunas áreas eclesiales se están propagando proyectos y proposiciones de bendiciones para uniones del mismo sexo. Dichos proyectos acostumbran a estar motivados por un sincero deseo de acoger y acompañar a la gente homosexuales, a las que se proponen caminos de crecimiento en la fe, “a fin de que quienes manifiestan la inclinación homosexual tengan la asistencia que se requiere para entender y realizar totalmente la voluntad de Dios en su vida[1].

En semejantes caminos, la escucha de la Palabra de Dios, la oración, la participación en las acciones litúrgicas eclesiales y el ejercicio de la caridad tienen la posibilidad de jugar un papel esencial para sostener el compromiso de leer nuestra historia y adherirse libre y responsablemente a nuestra llamada bautismal, porque “Dios ama a cada individuo y la Iglesia asimismo”[2]rechazando toda discriminación injusta.

Entre las acciones rituales de la Iglesia tienen especial importancia los sacramentales, que “son signos sagrados por medio de los cuales, imitando de alguna manera a los sacramentos, se dan sentido y se obtienen a través de la oración de la Iglesia efectos principalmente de carácter espiritual. Por ellos, los hombres se disponen a recibir el efecto primordial de los sacramentos y se santifican las diversas situaciones de la vida”.[3]. El Catecismo de la Iglesia Católica detalla además de esto que “los sacramentales no proporcionan la felicidad del Espíritu Santo a la manera de los sacramentos; pero, por la oración de la Iglesia, se preparan para recibir la gracia y están prestos a colaborar con ella» (n. 1670).

Las bendiciones con las que la Iglesia “llama a los hombres a alabar a Dios, los invita a pedir su protección, los exhorta a merecer, con la santidad de la vida, su misericordia” pertenecen a la categoría de los sacramentales.[4]. Estos, todavía, «instituidos en cierto modo a imitación de los sacramentos, se refieren siempre y en todo momento y eminentemente a efectos espirituales, que se consiguen por solicitud de la Iglesia»[5].

En consecuencia, para ser coherente con la naturaleza de los sacramentales, en el momento en que se invoca la bendición sobre ciertas relaciones humanas, es necesario, además de la recta intención de quienes forman parte en ella, que lo bendito esté objetiva y de forma positiva ordenado a recibir y expresar la bendición la gracia, según los designios de Dios inscritos en la Creación y de forma plena revelados por Cristo Señor. Por ende, solo son compatibles con la esencia de la bendición dada por la Iglesia aquellas realidades que en sí mismas están ordenadas para servir a tales fines.

Por eso, no es lícito entregar la bendición a las relaciones, ni siquiera a las uniones estables, que impliquen una práctica sexual fuera del matrimonio (o sea, fuera de la unión indisoluble de un hombre y una mujer, que también está abierta a la transmisión de la vida), como es la situacion de las uniones del mismo sexo[6]. La presencia, en tales relaciones, de elementos positivos, que en sí mismos son dignos de ser apreciados y valorados, no es, no obstante, con la capacidad de hacerlos verdaderos y, por consiguiente, lícitos destinatarios de la bendición eclesial, puesto que semejantes elementos están en el servicio de una unión no ordenada al designio del Constructor.

Además de esto, como las bendiciones de la gente están relacionadas con los sacramentos, la bendición de las uniones gays no puede considerarse legítima, puesto que formaría en cierta forma una imitación o una referencia equivalente a la bendición nupcial.[7]invocada sobre el hombre y la mujer que se unen en el sacramento del Matrimonio, ya que “no hay base para absorber o entablar si bien sea recónditas analogías entre las uniones homosexuales y el proyecto de Dios sobre el matrimonio y la familia”[8].

La declaración de ilegalidad de las bendiciones de las uniones entre personas del mismo sexo no es, ni pretende ser, una discriminación injusta, pero desea rememorar la verdad del rito litúrgico y qué intensamente corresponde a la esencia de sacramentales, tal como la Iglesia los comprende.

La comunidad cristiana y los pastores están llamados a acoger con respeto y elegancia a las personas con inclinación homosexual, sabiendo localizar los caminos mucho más adecuados, en consonancia con la enseñanza eclesial, para anunciarles la integridad del Evangelio. Tales personas, al mismo tiempo, reconocen la sincera cercanía de la Iglesia, que ora por ellos, los acompaña, comparte su sendero de fe cristiana.[9] – y admitir sus enseñanzas con prontitud.

La contestación al dubium propuesto no impide que se den bendiciones a personas con inclinaciones gays.[10], que manifiestan la voluntad de vivir fielmente a los designios revelados de Dios, como propone la enseñanza eclesial, pero declaran ilegal cualquier forma de bendición que tienda a reconocer sus uniones. En un caso así, la bendición no manifestaría la intención de encomendar a algunos individuos a la protección y ayuda de Dios, en el sentido antes mencionado, sino más bien la de aprobar y alentar una decisión y una práctica de vida que no puede reconocerse objetivamente ordenada a los designios divinos revelados. .[11].

Sin embargo, la Iglesia ten en cuenta que Dios mismo no cesa de bendecir a cada uno de sus hijos peregrinos en este planeta, porque para él “somos más importantes que todos los errores que cometemos”.

tenemos la posibilidad de comprometernos»[12]. Pero no bendice ni puede bendecir el pecado: bendice a los hombres pecadores, a fin de que se reconozcan parte de su emprendimiento de amor y se dejen transformar por él. De hecho, él “nos admite como somos, pero nunca nos deja como somos”[13].

Por estas razones, la Iglesia no tiene, y no tiene la posibilidad de tener, el poder de bendecir las uniones del mismo sexo en el sentido correcto anteriormente.

El Sumo Pontífice Francisco, durante una Audiencia concedida al suscrito Secretario de esta Congregación, fue informado y dio su asentimiento a la publicación del mencionado Responsum ad dubium, con la Nota Explicativa anexa.

Dado en Roma, desde la Sede de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el 22 de febrero de 2021, celebración de la Cátedra de San Pedro Apóstol.

Tarjeta Luis F. Ladaria, SI

Alcalde

✠ Giacomo Morandi

Título Arzobispo. de Cerveteri

Secretario

_____________________

[1] Francisco, Exhortar. Apuesta. Articulo-sinodal Amoris Laetitia, n. 250.

[2] Sínodo de los Obispos, Archivo Final de la XV Asamblea General Ordinaria, n. 150.

[3] Concilio Vaticano II, Const. Sacrosanctum Concilium, n. 60

[4] Rituale Romanum ex- Decreto Sacrosancti Oecumenici Concilii Vaticani II institutum, auctoritate Ioannis Pauli PP. II promulgatum, De benedictionibus, Praenotanda Generalia, n. 9.

[5] Ibíd., no. 10

[6] Ver Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2357.

[7] La bendición nupcial, en efecto, remite al relato de la Creación, en el que la bendición de Dios sobre el hombre y la mujer se relaciona con su unión fecunda (cf. Gn 1,28) y su complementariedad (cf. Gn 2,18-24).

[8] Francisco, Exhortar. Apuesta. Post-sinodal Amoris Laetitia, n. 251.

[9] Congregación para la Doctrina de la Fe, Carta Homosexualitatis problema, sobre la atención pastoral de las personas gays, n. 15.

[10] El De benedictionibus presenta una amplia gama de ocasiones para las que se puede invocar la bendición del Señor.

[11] Congregación para la Doctrina de la Fe, Carta Homosexualitatis inconveniente, sobre la atención pastoral de la gente homosexuales, n. 7.

[12] Francisco, Audiencia general del 2 de diciembre de 2020, Catequesis sobre la oración: la bendición.

[13] Ibídem.

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