San Juan XXIII, el Papa que convocó el Concilio Vaticano II

La celebración de la memoria de San Juan XXIII tiene lugar el día de la apertura del Concilio Vaticano II, momento que marca su ministerio petrino. Este fue un deseo desde el principio de su pontificado. En sus primeros meses como Papa, el 25 de enero de 1959, el Papa Juan XXIII comunicó su intención de no finalizar el Concilio interrumpido en 1870, sino más bien de convocar un nuevo Concilio Ecuménico, idea materializada con la proclamación del Constitución Apostólica Humanae Salutisel 25 de diciembre de 1961.

El concilio se abre el 11 de octubre de 1962, cuando el Papa proclama el discurso Gaudet Mater Ecclesia, estableciendo el modo perfecto de seguir del Concilio, reunión de carácter primordialmente pastoral sin parar de ser doctrinal, pues busca ratificar la doctrina ya establecida para contestar a las exigencias de los tiempos modernos. La marca del Vaticano II se puede entender en su metodología: a raíz de los demás Concilios, la Iglesia prosigue oponiéndose a los errores, pero “en este momento, (…) prefiere utilizar la medicina de la misericordia más que la de la dureza”. De esta manera, la Iglesia se abre al diálogo con otras religiones y con la sociedad, valorando lo que hay de bueno, denunciando lo que está mal, sabiendo ofrecer un sendero a partir de la iniciativa evangélica. El Papa desea animar a la Iglesia en la búsqueda de la unidad de la familia cristiana y humana, según el mandato de Cristo en su oración antes de su sacrificio, colaborando por la solidaridad y la fraternidad de todos y cada uno de los pueblos.

Antes de introducir las causas y el origen del Concilio Vaticano II, recapitulará los Concilios Ecuménicos precedentes, dejando ahora claro que este encuentro se enmarca en el contexto de la Tradición de la Iglesia, estando íntimamente relacionado con los Concilios de la Modernidad, Trento y Concilio Vaticano I. Mirando desde esta visión, es claro que no se puede pensar en el Concilio Vaticano II de manera apartada, como el único en ofrecer reformas para la vida de la Iglesia, en tanto que cada uno supo hablar con la realidad donde se insertaba. .

En el Concilio Vaticano II, el tema principal es exactamente la actualización, la aggiornamento, que impregna todo el cuerpo de documentos del Consejo. El Papa Juan XXIII charla de actualizaciones, destacando que cuando son oportunas y bien ordenadas, permiten a los hombres de este tiempo ver las cosas divinos. Esta actualización no debe comprenderse como un nuevo comienzo, sino más bien como un regreso a las fuentes (recurso), estableciendo la obra conciliar en relación con toda la historia y Tradición de la Iglesia, contemplando el pasado para vivir mejor el presente y preparar el futuro. Actualizar no es una nueva doctrina a hacer, sino más bien adecuar, sobre todo el lenguaje, a fin de que la difusión de la doctrina se dé con mayor eficacia en el mundo contemporáneo. La actualización no va en contra de la herencia de la Tradición, entendida aquí como contenido de la fe y por consiguiente inmutable, ya que la actualización da vivacidad a la Tradición, en tanto que sabe trabajar este contenido en su esencia, sabiendo lo que se puede cambiar, las tradiciones, que se fueron estableciendo a lo largo del tiempo.

San Juan XXIII no vio, en esta tierra, la conclusión del Concilio que él inició, pero desde el cielo sigue intercediendo por toda la Iglesia. Que la celebración de su memoria litúrgica nos asista a conocer el gran paso dado por este Papa para la vida de la Iglesia de nuestro tiempo, sabiendo vivir las proposiciones del Concilio Vaticano II, en continuidad con la Tradición eclesial, como la soñó el papi bueno.

* Artículo de Gustavo Laureano PintoSeminarista Diocesano de Teología