IGLESIA

¿Quién fue el ciego Bartimeo? Estudio sobre el ciego de Jericó

El ciego Bartimeo fue el hombre curado por Jesús en su paso por la ciudad de Jericó. Aunque Jesús sanó a otro ciego en esa región, fue Bartimeo quien pasó a la historia como “el ciego de Jericó”.

La curación de Bartimeo está registrada en la Biblia en los tres evangelios sinópticos (Mateo 20:29-34; Marcos 10:46-52; Lucas 18:35-43). Este milagro sucedió a lo largo del último viaje de Jesús a la localidad de Jerusalén desde Perea.

¿Quién fue Bartimeo?

Nada se conoce sobre la vida de Bartimeo alén de lo que se revela en los pocos versículos bíblicos sobre él. El nombre de su padre era Timeo, con lo que tiene por nombre Bartimeo. La Biblia no enseña si era ciego de nacimiento o si quedó ciego a lo largo de su historia. El artículo bíblico simplemente presenta a Bartimeo como un ciego que mendigaba en la localidad de Jericó.

Se han reproducido muchas leyendas que implican al ciego Bartimeo. Ciertos de ellos tratan de traer datos sobre su historia ignota. Uno de los mucho más populares dice que Bartimeo era hijo de un militar que fue ejecutado por el Imperio Romano ahora cuyo hijo le cegaron los ojos como parte de la sentencia que le obligaron. Es de esta forma como se supone que el poco afortunado Bartimeo se transformó en un indigente en las cercanías de Jericó.

Pero lo cierto es que nada de esto tiene ninguna prueba histórica. Por eso estos documentales no son mucho más que leyendas inventadas con el propósito de traer más sensacionalismo a la historia del ciego de Jericó. A dios gracias, el artículo bíblico deja claro lo realmente importante de la vida de Bartimeo: era un indigente ciego al que se le abrieron los ojos tras una notable profesión de fe en la persona de Cristo.

El contexto de la curación del ciego de Jericó

Los tres relatos bíblicos de la curación del ciego en Jericó son muy útiles para entender el contexto en el que se produjo este milagro. Las tres cuentas, naturalmente, tienen algunas diferencias entre ellos. Pero no hay contradicción entre ellos. De hecho, las tres narraciones bíblicas se complementan entre sí.

Todo sucedió en el momento en que Jesucristo se dirigía a Jerusalén acompañado de su pequeño conjunto de seguidores. Había partido de Perea, al otro lado del Jordán, y Jericó estaba en su sendero. Esta localidad había sido fortificada y estructurada por el rey Herodes y su hijo Arquelao. Además, Jericó también funcionó como una especie de centro administrativo romano y fue un lujoso hogar para los recaudadores de impuestos que trabajaban para el Imperio.

Esta ciudad nueva y moderna para la temporada se encontraba un poco mucho más al sur de la vieja Jericó tomada por los israelitas en tiempos de Josué. De Jericó a Jerusalén, el Señor Jesús y su grupo aún debían recorrer unos veintidós km.

Siendo una ciudad bella e esencial, era común que los mendigos se reunieran en sus cercanías para limosnear, singularmente en el paso entre la vieja y la nueva Jericó. El evangelista Mateo comunica que en Jericó Jesús curó a dos ciegos. Marcos y Lucas concentran sus narraciones sólo en la narración de uno, a quien Marcos llama “Bartimeo, hijo de Timeo”. Algunos eruditos proponen que el hecho de que Marcos sea el único en denominar al ciego de Jericó puede representar que Bartimeo llegó a ser conocido por los primeros cristianos.

Marcos asimismo afirma que Jesús sanó al ciego Bartimeo en el momento en que salía de Jericó. Lucas afirma que el ciego fue sanado en el momento en que Jesús se aproximó a Jericó. Ya se han anunciado muchas opciones para responder a esta pregunta.

Algunos intérpretes consideran que la expresión usada por Lucas señala únicamente que Jesús se encontraba en las inmediaciones de la ciudad. Otros sugieren que Mateo y Marcos se refirieron a la ciudad vieja, mientras que Lucas se refirió a la localidad nueva. Todavía hay otras opciones, pero lo más importante es comprender que el propósito primordial de los contenidos escritos bíblicos es centrarse en el milagro realizado por Jesús.

¿De qué forma fue sanado el ciego Bartimeo?

Bartimeo era entre los ciegos que se sentaba junto al camino en la localidad de Jericó para pedir limosna. Escuchó que Jesús pasaba con una gran multitud. Es posible que estas personas asimismo se dirigieran a Jerusalén para la celebración de la Pascua.

Al darse cuenta de que Jesús se encontraba cerca, el ciego Bartimeo en el instante empezó a chillar: “¡Jesús, Hijo de David, ten piedad de mí!” (Marcos 10:47). La Biblia dice que mucha gente se molestó por los chillidos del ciego de Jericó y le dijeron que se callase. Pero el ciego Bartimeo, muy decidido, clamaba poco a poco más por la clemencia del Señor.

Entonces Jesús escuchó la súplica del ciego y pidió a la gente que lo llamara. La multitud que lo había regañado por su importunidad ahora debía decirle: “¡Estar de buen ánimo! Levántate, Él te llama” (Marcos 10:49). El ciego Bartimeo no vaciló y respondió velozmente al llamado de Jesús. Se levantó, se quitó la cubierta que pudiese estorbarle y se apresuró hacia Jesús.

Antes de Jesús, Bartimeo escuchó la maravillosa pregunta: “¿Qué deseas que haga por ti?” (Marcos 10:15). La respuesta de Bartimeo expresó lo que más deseaba en su vida: “Maestro, ¿puedo ver de nuevo?”. En contestación a la solicitud del ciego Bartimeo, el Señor Jesús dijo: “Ve, tu fe te ha salvado” (Marcos 10:52). El artículo bíblico afirma que instantaneamente el ciego de Jericó empezó a ver. Tras eso, Bartimeo prosiguió a Jesús por el camino.

¿Qué aprendemos de la curación del ciego Bartimeo?

La narración de la curación del ciego Bartimeo nos enseña muchas enseñanzas importantes. Conque en este estudio bíblico vamos a citar algunos de ellos.

1. Una lección de seguridad

Primeramente, la curación del ciego de Jericó nos enseña que una situación difícil es una invitación a la confianza irrestricta en el Señor; no es razón para dudar de su poder y misericordia. En la sociedad judía, Bartimeo se encontraba en el nivel más bajo de su situación en la vida. Pero en vez de culpar al Señor por su desgracia, el ciego de Jericó “vio” su restauración en Cristo.

2. Una lección de perseverancia

En segundo lugar, la narración de Bartimeo nos muestra que lo que es difícil, de manera frecuente puede volverse aún peor. Era un ciego que dependía de limosnas para sobrevivir. Si eso no fuese suficiente, en el momento en que se encaró a su única ocasión de restauración, una multitud trató de silenciarlo. Pero no se intimidó y clamó aún mucho más por Jesús. En este punto, Bartimeo se convirtió en un caso de muestra práctico del valor de la fe perseverante.

3. Una lección sobre la visión espiritual

Consecuentemente, en tercer rincón, el ciego Bartimeo nos enseña que la ceguera física no tiene nada que ver con la ceguera espiritual. Se encontraba físicamente ciego, pero espiritualmente vio más que esa multitud. Él clamó por la compasión de Jesús llamándolo el Hijo de David. Si bien no entendemos cuánto entendió del carácter mesiánico de la persona y el ministerio de Cristo, su lamento fue una clara confesión de que Jesús era Aquel de quien atestiguan las Escrituras.

4. Una lección sobre la disponibilidad

Cuarto, Bartimeo nos enseña que debemos estar listos para contestar al llamado del Señor. En el momento en que escuchó que Jesús lo llamaba, Bartimeo se levantó de un salto y se deshizo de cualquier cosa que pudiera haberlo retrasado en ir a su libertador. Gritando había llamado al Señor, y ahora era el Señor quien lo había llamado. Sabía que esta era la oportunidad de su vida.

5. Una lección sobre la comunión con el Señor

Quinto, la curación del ciego Bartimeo revela cómo el Señor Jesús busca relacionarse con aquellos que claman a Él. Por supuesto Jesús sabía lo que deseaba Bartimeo, pero le preguntó de todas formas: “¿Qué quieres que realice por ti?”. Como afirma William Hendriksen, Jesús no solo deseaba sanar a este hombre, sino que también deseaba tener una comunión personal con él.

6. Una lección sobre el poder de Dios

Sexto, el milagro sobre los ojos de Bartimeo nos comunica mucho sobre la grandeza del poder de Dios. El texto bíblico afirma que después de la palabra del Señor Jesús, en el instante vio el ciego de Jericó. No había ninguna tensión; no hubo contrariedad. En un instante Bartimeo era un hombre totalmente ciego, al momento siguiente era un hombre con vista especial.

7. Una lección de humildad y sabiduría

Séptimo, Bartimeo también sirve como ejemplo de alguien que es humilde y consciente de sus defectos. Primero, clamó por la clemencia del Señor. Esto señala su sentido de la verdad. Reconoció y comprendió su pobreza. Segundo, en el momento en que Jesús le preguntó qué quería, solo solicitó lo que realmente necesitaba.

Raramente, exactamente el mismo capítulo registra que Jesús hizo una pregunta afín a Santiago y John. Pero los 2 discípulos hicieron una solicitud egoísta y osado al Señor. Solicitaron puestos de enorme poder y autoridad en el Reino de Dios, tal y como si lo merecieran. Aun su pedido generó indignación en los otros acólitos (Marcos 10:36-41).

Pero la respuesta de Bartimeo fue muy diferente. En primer lugar, solicitó clemencia, dejando en claro que no merecía la asistencia de Jesús. Si el Señor lo mirara y escuchase sus chillidos, sería pura gracia. Conque cuando tuvo la posibilidad de mencionarle a Jesús el motivo de su clamor, verdaderamente le presentó cuál era su auténtica necesidad, no su capricho.

8. Una lección sobre el auténtico carácter de la fe

Octavo, Bartimeo no era solo alguien que creía en los milagros. Su fe no era simplemente una fe superficial impulsada por signos y alimentada por ambiciones personales. Creer en los milagros es una cosa, pero creer en Aquel cuyo poder es la única fuente de verdaderos milagros es otra.

Bartimeo no gritó sobre lo que deseaba recibir, sino sobre quién creía que era Aquel que podía transformar su historia. no dijo: “¡Quiero ser sanado!”pero decía: “¡Hijo de David, ten piedad de mí!”. Sí, él creía auténticamente en el Hijo de David. Él clamó por su compasión y fue restaurado, no solo físicamente sino más bien también espiritualmente. La prueba de esto fue su reacción tras ser bendecido por Jesús: ¡glorificó a Dios!

El que verdaderamente confía en el Señor entiende que ningún milagro es un fin en sí mismo, sino es un medio a través del que Dios ha de ser glorificado. La gloria de Dios es siempre y en todo momento el fin último de todo milagro genuino.

9. Una lección sobre la divinidad de Cristo

Al final, noveno, la curación del ciego Bartimeo es otro recordatorio de la divinidad de Cristo y de de qué forma Él cumplió con perfección las Escrituras. El milagro de Jericó ocurrió en los momentos finales de su ministerio terrenal. El ciego Bartimeo fue sanado durante el viaje que Jesús se dirigía a Jerusalén donde hallaría la ineludible cruz.

Pero aun en sus últimos días antes de ser traicionado, arrestado y crucificado, Jesús prestó atención a un pobre ciego que mendigaba al borde del sendero. De esta manera, una vez más se cumplió la profecía del profeta Isaías: “Entonces los ojos de los ciegos se abrirán” (Isaías 35:5). Bartimeo fue uno de estos ciegos.

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