Profesión Solemne de Frei Afonso en Angola Profissão

Fray Laerte de Farias dos Santurrones, ofm.

Hace diecisiete años, los primeros misioneros franciscanos llegaron a Angola desde Brasil con la misión de fundar la Orden Franciscana (Implantatio ordinaria) y ayudar con la Iglesia en Angola, especialmente donde la Orden no se encontraba presente. Uno de los puntos más visibles del éxito de esta misión fue el feliz día de la primera Profesión Solemne de un cohermano angoleño.

Fueron años difíciles y de mucha pelea. La guerra complicó la pastoral y la formación de los jóvenes que llamaban a nuestras puertas expectantes de vivir el ideal de vida de Francisco de Asís. Asimismo fray Afonso Katchekele Quissongo. Desde la casa de sus padres, en Huambo, en el centro del país, en medio de una guerra, buscó a los monjes en Malange. Recibido por estos, empezó su entrenamiento. El día de hoy, 30 de junio, con esta Profesión Solemne se han hecho situación sueños: el de los monjes misioneros y el de fray Afonso.

En el Monasterio de las Hijas de Santa Clara, vecinas nuestras en la pelea y en el sitio, se reunió la Iglesia angoleña. Excepto fr. Aloísio, que se quedó con los solicitantes en Malange, todos y cada uno de los hermanos misioneros estuvieron presentes en la celebración presidida por el Ministro provincial, fr. Augusto Koenig. Asimismo estuvo presente la Familia Franciscana de Angola con múltiples Congregaciones Franciscanas Femeninas y la OFS.

familia religiosaLa forma africana de festejar la Eucaristía marcó esta celebración: los cantos animados por las Clarisas y acompañados de muchas palmas, bailes y tambores; un hermoso y largo junta (oferta) donde el mamás Ofrecieron los frutos de la Madre Tierra y su trabajo: yuca, maní (maní), camote, frutas, gaseosas (refrescos)… y, naturalmente, un chivo grande que sus familiares trajeron de Huambo. “Ustedes han recibido gratuitamente, den gratuitamente!” (Mt 10,9).

Sus progenitores y hermanos vinieron de Huambo, juntándose con familiares que viven en las afueras de Luanda. La nobleza y facilidad de sus padres llamaba la atención de cuantos charlaban con ellos, recordó el Provincial. Gente fácil y religiosa que no tuvo temor de ofrecer a uno de sus hijos al Señor.

En la homilía, el Provincial llamó la atención de todos sobre el significado de los votos que fray Afonso prometería vivir. Comentó y explicó cada uno de ellos, llamando la atención sobre lo que ha resultado ser el más desafiante: el voto de obediencia.

“Aquí estoy”Un momento de fuerte emoción se produjo en el momento en que fray Afonso fue llamado por su nombre y, tras la contestación “Aquí estoy”, salió del fondo de la Iglesia, con sus padres a su lado, cantando en umbundo, su lengua materna, su disponibilidad para el servicio del Señor. Otro momento singular de la celebración fue en el momento en que, tras realizar el en manos de la Diputaciónelevó un himno de alabanza a Dios, sosteniendo en sus manos un cántaro de incienso ahora su lado 2 jóvenes que, con él, hacían gestos de alabanza mientras que las Clarisas entonaban un precioso himno.

Tras la celebración, aún en el Monasterio, se sirvió un buen cóctel, listo por las Clarisas, donde ha podido confraternizar la mayor parte del Pueblo de Dios presente. Los que lograron se dirigieron luego a Viana, donde nuestra fraternidad preparaba un exquisito almuerzo con platos de la gastronomía local. No faltaron Fuba Fungi (maíz blanco y amarillo), Bombô, Caruru, Caldeirada, Quisaka, Lombi, Muamba y la conocida Ginguinga.

generosidad y comunicar Para este tradicional almuerzo fue importante el comunicar y la generosidad del Pueblo, de las Congregaciones de Hermanas y de los cohermanos. El ámbito fraterno del almuerzo se podía sentir mejor cuando comían los niños de nuestro barrio: sentados en torno a un solo plato, cada uno de ellos se servía del hongo puesto allí, sin la ambición de comer mucho más que el resto.

¡Alabado sea Dios por este feliz día! ¡Alabado sea Dios por darnos este hermano, Frei Afonso! ¡Alabado sea Dios por la obra de todos los hermanos que fueron misioneros en estas tierras! ¡Alabado sea Dios por los hermanos que oran por nosotros y con sus oraciones nos afirman! ¡Alabado sea Dios por los bienhechores que, con su asistencia material, hacen viable la misión! ¡Alabado sea Dios por la vida dada por fray Lotario, que con el Señor, con fray Galvão, intercede por nosotros!

Terminadas las fiestas, repiquetea con fuerza el discurso de Nuestro Padre San Francisco, que fue el tema de esta Profesión: “Comencemos a servir a Dios, hermanos míos, pues hasta ahora poco o nada hicimos”. ¡Dios sea nuestra fortaleza!

¡Paz y Bien!


CARTA DE FREI AFONSO

Un día sentí la voz del Señor llamándome a seguirlo; y yo, como Abraham nuestro padre en la fe, no cuestioné ¿por qué? ¿No para qué? No miré atrás, ni pensé en despedirme de mi familia. Como un peregrino que camina sin saber su destino, de qué forma será recibido y sin temor a poner bajo riesgo mi vida y la de mi familia, me dirigí hacia la región donde estaban los Monjes, sin haberlos visto antes ni entender por lo menos como fue el tuyo modus vivendi. Sin embargo, al llegar a su puerta tras ciertas semanas de viaje para localizarlo, en minoridad y facilidad franciscanas, fui recibido por los hermanos pobres, en la persona de Padre Valdir Nunes Ribeiro que con las manos abiertas y un corazón desprendido me acogieron sin reticencias; Dios asimismo le dejó estar con nosotros en este fantástico momento, recién llegado de Brasil. Tiempo después me envió bajo la compromiso de otro fraile; Padre Samuel Ferreira de Lima quien me acompañó durante mis estudios introductorios en el Seminario Mayor, S. José, en Malange. Gracias a otras responsabilidades, no pudo quedarse con nosotros hasta este momento. A ellos ahora tantos otros hermanos que estaban presentes en ese instante, extiendo mi agradecimiento. El día de hoy festejamos el desenlace de una historia y el comienzo de otra, ¡nueva historia!Fué un largo camino, con incontables hechos: Crisis, Adversidades, Tristeza, Temor, Desánimo, Cuestionamiento… no faltaron; pero el coraje, la alegría y la fuerza para vencer con el apoyo del Dios misericordioso y todopoderoso, se hicieron cada vez más poderosos y me llevaron al instante que tanto procuraba. El día de hoy, lo que parecía tan lejano, imposible y soñado, se hace presente y ya no es una posibilidad; de la potencialidad pasó al acto y al sueño, ¡una situación!, solo en este acto, en este lugar, en esta situación estoy; pero, no caminé este camino solo y tal vez si lo hiciese, no llegaría tan lejos. Varios iban enfrente y me tendían la mano a fin de que no cayese; otros anduvieron juntos y debieron tomar otros caminos en la vida. Por ende, nunca les faltó confianza en mí; y, repito aquí lo que afirmaron antes y después de separarnos: “Afonso, tú puedes… eres capaz, te lo mereces y estamos seguros de que llegarás a donde el Señor quiere que vayas”.

Y digo a estos Hermanos, ciertos presentes y otros ausentes por las distancias geográficas: no deseo ser desagradecido, vuestra afirmación y vuestras calificaciones para mí fueron un motor muy grande y aumentaron mi confianza en mí y mi promesa.

Dije al comienzo: y permítanme reiterar esta declaración: Este es el desenlace de una historia y el comienzo de una nueva historia. digo esto porque? En otro idioma, precisamente en la expresión del Seráfico Padre, san Francisco de Asís en su Testamento exhorta: «¡Hermanos, comencemos, que hasta la actualidad poco o nada hemos hecho!». De hecho, la vida religiosa y franciscana consiste ciertamente en una búsqueda constante y un inicio en todos y cada momento y cada día que pasa; reconectando lo que desconectamos por nuestras deficiencias.

Es el comienzo de una nueva historia por el hecho de que no debo cruzarme de brazos por este suceso, por esta felicidad, pero tengo que lanzarme a la lucha con la mayor compromiso, solidez y fidelidad, a fin de que el dueño de la Messe no se arrepienta del trabajador que eligió; ¡y que no se desalienten los que dieron todo por esta obra!

Mis hermanos y hermanas que estáis aquí presentes y les proyectáis hacia la vida franciscana, no miréis atrás, no os dejéis vencer por las vicisitudes que halláis en el planeta y en tu sendero; por el hecho de que allí está la alegría impecable, como afirma San Francisco. ¡No olvidéis que el futuro de la Orden nos forma parte! Si estoy aquí con ustedes hoy, en este fantástico y alegre día, es porque miré las dificultades como lecciones que me enseñan a caminar mejor.

«La confirmación de la vocación religiosa solo se produce cuando el candidato se quita a meditar, con toda la atención y diligencia al impulso inicial. El itinerario espiritual se encara a entre los desafíos y dificultades mucho más graves y peligrosos. Uno puede de manera fácil confundir o desviarse del signo original para proseguir el ideal propio y subjetivo». LTC (122-123). Esta vez, admita con generosidad: Su Excelencia Provincial, que con corazón de Padre de la enorme familia me recibió como hijo de el.

Estimado Padre ángel, nuestro presidente; Inefable Padre José Antonio dos Beatos quien, desde el postolantado y tras el noviciado, en su paciencia y amabilidad, estuvo predispuesto a llevar adelante esta obra. Hacia Padre Alejandro excelente mi 1er profesor en el postnoviciado. Hacia Padre Joseph Urley y el P. Laertes que aún luchan por la coronación de esta misma obra, a ustedes les extiendo mi agradecimiento. A las Hermanas Hospitalarias que, en los instantes de nuestras intranquilidades, estuvieron siempre y en todo momento con nosotras y con una sensible preocupación. A las Hermanas de San José de Cluny en la persona de Ir. Ana Nalasoaquí presentes quienes fueron los primeros impulsores de este gran viaje; Clarisas Pobres que día y noche no se cansaba de cantar, y de doblar la rodilla a fin de que va a llegar ese día. Queridos hermanos capuchinos, por el aliento y el cariño con que fui acogido en vuestra casa de noviciado en preparación para mi profesión en Lubango. Al Padre Valente, un enorme padre que nos acoge en su territorio parroquial. Mis progenitores quienes son la causa de todo cuanto soy; querida familia entera que reside aquí en Luanda de manera especial la familia calupeteca que siempre y en todo momento estuvo y está junto a mí aún en los momentos críticos que me ha tocado enfrentar, por toda la ayuda que me ofrece, a mis amigos con quienes alguna vez compartimos la vida y a todos ustedes pueblo de Dios, mi especial agradecimiento y que te recompensas

¡Que de esta manera sea!”