Primacía e infalibilidad: 150 años de la proclamación

Primacía e infalibilidad: 150 años de la proclamación

Tras largas discusiones durante el Concilio Vaticano I, se aprobaron el Dogma de la Primacía del Papa sobre la Iglesia Católica y el de la Infalibilidad del Magisterio Pontificio cuando se pronuncia “Ex cathedra”. ¿Qué y para qué exactamente son los Dogmas de la Iglesia?

Sergio Centofanti

Hace ciento cincuenta años, el 18 de julio de 1870, se promulgó la Constitución “Pastor Aeternus”, que definía los dos Dogmas del Primado del Papa y su Infalibilidad.

Discusiones largas y agitadas.

La Constitución Dogmática “Pastor Aeternus” fue aprobada por unanimidad por los 535 Padres conciliares presentes, “tras largas, enérgicas y agitadas discusiones”: de esta manera se expresó Pablo VI a lo largo de una Audiencia General, cuando describió aquel día como “una página dramática en la vida de la Iglesia, pero no por este motivo menos clara y definitiva» (Audiencia general, 10 de diciembre de 1969).

Ochenta y tres Padres conciliares no participaron en la votación. La aprobación del texto tuvo lugar el último día del Concilio Vaticano I, suspendido a causa de la guerra franco-prusiana. La guerra comenzó el 19 de julio de 1870 y continuó “sine die”, con la toma de Roma por las tropas italianas el 20 de septiembre de ese año, lo que sancionó ciertamente el objetivo del Estado Pontificio.

La Constitución “Pastor Aeternus” refleja una situación intermedia entre las diversas discusiones de los participantes, pero excluye, por servirnos de un ejemplo, que la definición de Infalibilidad se extendiese absolutamente asimismo a las Encíclicas u otros documentos doctrinales.

De los contrastes que brotaron en el Concilio resultó el Cisma de los viejos católicos, que no deseaban aceptar el Dogma sobre el Magisterio eficaz del Papa.

Dogma sobre la racionalidad y sobrenaturalidad de la fe

Los dos Dogmas fueron proclamados después del de la racionalidad y sobrenaturalidad de la fe, contenido en la otra Constitución Dogmática del Concilio Vaticano I “Dei Filius”, del 24 de abril de 1870. En este texto se asegura que “Dios, principio y fin de todas las cosas, puede conocerse con seguridad, bajo la luz natural de la razón humana, mediante las cosas creadas; de verdad, las cosas invisibles de Dios pueden ser conocidas por el intelecto de la criatura humana por medio de sus proyectos” (Rm 1,20).

Este Dogma – explicó Pablo VI en la Audiencia de 1969 – reconoce que “la razón, solo por su propia fuerza, puede llegar al conocimiento seguro del Constructor por medio de las criaturas. De esta manera, la Iglesia protege, en el siglo del racionalismo, el valor de la razón”, aseverando, por un lado, “la superioridad de la revelación y de la fe sobre la razón y sus habilidades”; por otra parte, declara que “no probablemente halla contraste entre la verdad de la fe y la verdad de la razón, siendo Dios la fuente tanto de la una como de la otra”.

dogma de primacía

En la Constitución “Pastor Aeternus”, antes de la proclamación del Dogma del Primado, Pío IX recuerda la oración de Jesús al Padre a fin de que sus discípulos sean “una cosa”: Pedro y sus Sucesores son “el principio inmutable y el fundamento visible” de la unidad de la Iglesia. Por consiguiente, declaró ceremoniosamente: “Por consiguiente, proclamamos y aseguramos, sobre la base de los testimonios del Evangelio, que la primacía de la jurisdicción sobre toda la Iglesia de Dios fue prometida y conferida por el Señor Jesucristo al Beato Apóstol Pedro, inmediata y directa (…). Por consiguiente, lo que el Príncipe de los pastores y gran Pastor de todas las ovejas, el Señor Jesucristo, instauró en el bienaventurado apóstol Pedro, para hacer continua la salvación y el bien perenne de la Iglesia, es requisito, por el deseo de quien lo instauró, que perduren para siempre en la Iglesia, la cual, establecida sobre la roca, continuará firme hasta el objetivo de los siglos (…). En consecuencia, quien sucede a Pedro en esta Cátedra, en virtud de la institución del mismo Cristo, obtiene el Primado de Pedro sobre toda la Iglesia (…): todos, pastores y fieles, de cualquier rito y dignidad, están obligados, bajo él, por la obligación de subordinación jerárquica y verdadera obediencia, no sólo en materia de fe y moral, sino asimismo en materia de disciplina y gobierno de la Iglesia en todo el mundo. De esta manera, habiendo salvaguardado la unidad de comunión y profesión de la misma fe con el Romano Pontífice, la Iglesia de Cristo va a ser un solo rebaño bajo un solo Pastor principal. Esta es la doctrina de la verdad católica, de la que nadie puede distanciarse, sin pérdida de la fe y riesgo de la salvación”.

Magisterio Eficaz del Papa

En el Primado del Papa – redacta Pío IX – “tiene dentro asimismo la suprema potestad del Magisterio”, conferida a Pedro y a sus sucesores “para la salvación de todos”, como “asegura la tradición incesante de la Iglesia (…). Sin embargo, exactamente en este tiempo, cuando sentimos particularmente la saludable necesidad de la presencia del ministerio apostólico, muchas personas se oponen a su poder; por consiguiente, suponemos realmente preciso proclamar, de forma solemne, la prerrogativa que el Hijo unigénito de Dios se dignó atribuir al supremo trabajo pastoral. Por lo tanto, continuando leales a la tradición recibida de la fe cristiana desde el principio, – para la gloria de Dios nuestro Salvador, para la exaltación de la religión católica y para la salvación de los pueblos cristianos, con la aprobación del sagrado Concilio, – proclamamos y definimos el Dogma, revelado por Dios, que el De roma Pontífice, en el momento en que habla “Ex- cathedra”, esto es, en el momento en que ejercita su oficio supremo de Pastor y Doctor de todos los cristianos y, en virtud de su suprema potestad apostólica , define una doctrina sobre la fe y la ética, – vincula a toda la Iglesia, por la asistencia divina, prometida por la persona del Santo Pedro; además de esto, goza de la infalibilidad con la que el divino Redentor deseó que se acompañara a su Iglesia en la definición de la doctrina de la fe y de la ética. De esta forma, tales definiciones del De roma Pontífice son inmutables, por sí mismas, y no por la aprobación de la Iglesia”.

En el momento en que sucede la infalibilidad

Juan Pablo II explicó el significado y los límites de la infalibilidad en la Audiencia General del 24 de marzo de 1993: “La infalibilidad no se da al Romano Pontífice, como a un individuo en particular, sino más bien en relación cumple su oficio de pastor y profesor de todos los cristianos. Tampoco lo ejercita por la autoridad en sí misma, sino “por su suprema autoridad apostólica” y “por la asistencia divina que le fue prometida por el bienaventurado Pedro”. Al final, no dispone de ella como si pudiera usarla y abusar de ella en todas las circunstancias, sino solo “en el momento en que habla de la Cátedra – Ex Cathedra” – y sólo en un campo doctrinal, limitado a las verdades de fe y ética y los que están íntimamente ligados a ellos (…). El Papa debe actuar como “pastor y profesor de todos y cada uno de los cristianos”, al pronunciarse sobre verdades que se relacionan con la “fe y la moral”, con términos que argumenten precisamente su intención de definir una verdad determinada y demanden su adhesión determinante a todos y cada uno de los cristianos. Así sucedió – ​​por poner un ejemplo – con la definición del Dogma de la Inmaculada Concepción de María, sobre el que Pío IX afirmó: “Es una doctrina revelada por Dios y, como tal, debe ser firme y constantemente admitida por todos los leales”. ; o, entonces, con la definición de la Asunción de la Santísima Virgen María, cuando Pío XII ha dicho: “Con la autoridad de Nuestro Señor Jesucristo, de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, y con mi autoridad, la declaramos y definimos como Dogma, divinamente revelado”…etc. Solo en estas condiciones tenemos la posibilidad de charlar de un magisterio papal extraordinario, cuyas definiciones son irreformables “por sí mismas”, no por la aprobación de la Iglesia” (…). Los Sumos Pontífices tienen la posibilidad de ejercer este tipo de magisterio tal como sucedió. No obstante, varios Papas no lo han ejercido”.

¿Qué es lo que significa dogma?

Los dogmas son verdades de fe que la Iglesia enseña como reveladas por Dios (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 74-95). Son puntos firmes de nuestra creencia. Los primordiales Dogmas son: Dios es Uno y Trino; el Padre es el constructor de todas y cada una de las cosas; Jesús, su Hijo, es verdadero Dios y verdadero hombre, encarnado, muerto y resucitado para nuestra salvación; el Espíritu Beato es Dios; la Iglesia es una, como el Bautismo es uno. Y otra vez: el perdón de los errores; la resurrección de los muertos; la presencia del Paraíso, el Infierno y el Purgatorio; transubstanciación; La maternidad divina de María, como su virginidad, su inmaculada concepción y su Asunción.

Todas estas verdades no son abstractas y sin sentido, sino que deben entenderse en el contexto de la gran verdad de Dios, que es Amor y quiere que sus criaturas participen de la vida divina. Jesús mismo reveló los enormes mandamientos: querer a Dios y al prójimo (Mt 22, 36-40). Al final de nuestras vidas, seremos juzgados por el cariño.

Dogmas y avance de la Doctrina

Por último, un dogma es un punto estable de la vida de fe; está definida por el Magisterio de la Iglesia, que la reconoce en la Sagrada Escritura como revelada por Dios, en estrecha relación con la Tradición.

La tradición, sin embargo, no es algo inamovible y estático, sino –como dice Juan Pablo II tras el último Concilio (Carta Apostólica “Ecclesia Dei”)– es viva y dinámica conforme crece la inteligencia de la fe.

Los dogmas no cambian, pero gracias al Espíritu Santurrón tenemos la posibilidad de comprender poco a poco más la amplitud y hondura de las verdades de la fe. De este modo, el Papa Wojtyla afirmó “que el ejercicio del magisterio concreta y manifiesta la contribución del Romano Pontífice al desarrollo de la Doctrina de la Iglesia” (Audiencia general, 24 de marzo de 1993).

Primacía, colegialidad, ecumenismo

En la audiencia general de 1969, Pablo VI reclamó esta época del Concilio Vaticano I y su conexión con el Concilio siguiente: “Ambos Concilios Vaticanos, primero y segundo, son complementarios”, aunque muy discordantes “por varias causas”. Así, la atención a las prerrogativas del Romano Pontífice, en el Vaticano I, se extendió, en el Vaticano II, a todo el Pueblo de Dios, con los conceptos de “colegialidad” y “comunión”; Sin embargo, el tema de la unidad de la Iglesia, que en Pedro tiene su punto de referencia visible, se lleva a cabo con un fuerte compromiso por el diálogo ecuménico. Tanto es conque Juan Pablo II, en su archivo “Ut unum sint”, supo lanzar un llamamiento a las Comunidades cristianas a fin de que encontraran una forma de ejercer el Primado que, “a pesar de no renunciar, de ninguna manera, a la esencialidad de su misión, estar abiertos a una nueva situación”, como “servicio de amor, famoso por todos” (Ut unum sint, 95).

Por su parte, el Papa Francisco charla, en la “Evangelii Gaudium”, de una “conversión del papado”: ​​“El Concilio Vaticano II afirmó que, exactamente la misma las viejas Iglesias patriarcales, las Conferencias Episcopales pueden “ofrecer una contribución múltiple y fecunda, para que que se realice el sentido de la Colegialidad” (Lumen Gentium, 23). No obstante, este auspicio no se realizó, bastante, pues aún no había sido esclarecido por las Charlas Episcopales, que las concibieron como sujetos con atribuciones concretas, introduciendo asimismo alguna genuina autoridad doctrinal. “La excesiva centralización, en lugar de ayudar, podría complicar la vida de la Iglesia y su dinamismo misionero” (Evangelii gaudium, 32). Sería necesario recordar que, según el Concilio Vaticano II, “la infalibilidad, prometida a la Iglesia, radica también en el cuerpo episcopal, en el momento en que ejercita el magisterio supremo con el Sustituto de Pedro” (Lumen Gentium, 25).

Querer al Papa y a la Iglesia es edificar sobre Cristo

Además de los Dogmas, Pío X recordó, en una audiencia en 1912, la necesidad de querer al Papa y obedecerle, expresando su tristeza cuando esto no sucedió.

Don Bosco exhortó a sus colaboradores ya sus jóvenes a tener en el corazón “tres amores blancos”: la Eucaristía, la Virgen y el Papa.

Benedicto XVI, el 27 de mayo de 2006, hablando en Cracovia con los jóvenes que nacieron bajo el pontificado de Juan Pablo II, dijo, en expresiones fáciles, lo que significaban las verdades de la fe, proclamadas en la lejana década de 1870: “Haced ¡No tengan temor de construir su historia en la Iglesia y con la Iglesia! Estad orgullosos de amar a Pedro ahora la Iglesia que le fué confiada. ¡No os dejéis mentir por los que oponen a Cristo a la Iglesia! Sólo hay una roca sobre la que verdaderamente vale la pena crear la vivienda: ¡esa roca es Cristo! Solo hay una roca donde verdaderamente merece la pena descansar todo. Esta roca es aquella a la que Cristo le ha dicho: “Tú eres Pedro y sobre esta roca edificaré mi Iglesia” (Mt 16,18). Nosotros, jóvenes, sabéis bien quién es el Pedro de nuestro tiempo. Por isso, não esqueçam que nem aquele Pedro, que está observando o nosso encontro da janela de Deus Pai, nem este Pedro, que agora está diante de vocês, nem qualquer outro Pedro estão contra vocês, nem contra a construção de uma casa duradoura sobre la roca. Al revés, compromete su corazón y sus manos para asistirlos a crear su historia en Cristo y con Cristo”.

Esperamos que le gustara nuestro articulo Primacía e infalibilidad: 150 años de la proclamación
y todo lo relaciona a Dios , al Santo , nuestra iglesia para el Cristiano y Catolico .
Cosas interesantes de saber el significado : Dios