Papa: somos eternos mendigos de amor

Papa: somos eternos mendigos de amor

“Los hombres y las mujeres son eternamente mendigos de amor –somos mendigos de amor, necesitamos amor– buscando un lugar donde por último puedan ser amados, pero no lo hallan (…). En el sendero, corren el peligro de no hallar nunca totalmente el tesoro que buscan desde el primer día de vida: el cariño”, destacó el Papa Francisco en su catequesis sobre el “Padre Nuestro” en la Audiencia General.

Jackson Erpen – Ciudad del Vaticano

El amor de Dios es leal y nunca nos deja, por eso no debemos tener miedo. “Aunque tristemente nuestro padre terrenal se olvidó de nosotros, y lo resentimos, no se nos niega la experiencia primordial de la fe cristiana: la de sabernos hijos muy amados de Dios, y que no hay nada en la vida que él pueda apagar. su amor apasionado por nosotros.”

En la audiencia general de este miércoles, conmemorada simultáneamente en el Aula Pablo VI y en la basílica de San Pedro, donde había recibido previamente una peregrinación de 2.500 fieles de Benevento, Francisco prosiguió su ciclo de catequesis sobre el Padre Nuestro, recordando que la figura de nuestros padres ayúdanos a comprender el misterio de la “paternidad de Dios”, pero para ello siempre y en todo momento debemos “refinarlos”, “purificarlos”, por el hecho de que tal como ninguno de nosotros tuvo padres idóneos, tampoco seremos padres ni pastores excelentes. Y se entra en este misterio de la paternidad de Dios mediante la oración.

Dirigiéndose a los peregrinos presentes en el Sala Pablo VI y en la basílica de San Pedro, el Santurrón Padre recordó que “nuestras relaciones amorosas vivimos siempre y en todo momento bajo el signo de nuestros límites y también de nuestro egoísmo”, con lo que “con frecuencia están contaminadas por los deseos por posesión o manipulación del otro”.

Somos mendigos de amor

Por eso en el momento en que charlamos de Dios como “Padre” pensando en la imagen de nuestros progenitores –especialmente si nos amaron– “debemos ir mucho más allí”:

“El cariño de Dios es el del Padre “que está en los cielos”, según la expresión que Jesús nos sugiere ir a usar: es el amor total que nosotros, en esta vida, experimentamos sólo imperfectamente. Los hombres y las mujeres son eternamente mendigos de amor – somos mendigos de amor, necesitamos amor – intentando encontrar un lugar donde al final puedan ser amados, pero no lo encuentran. ¡Cuántas amistades y cuántos amores decepcionados hay en nuestro planeta, cuántos!”.

El Papa señala que del “dios heleno del amor”, que “es el mucho más trágico de todos” –puesto que no está claro “si es un ser angelical o un demonio”–, se puede meditar en “la naturaleza ambivalente del ser humano”. amor”, “con la capacidad de florecer y vivir fuerte un momento del día e inmediatamente después, mustiarse y morir”.

Amamos débil y también intermitentemente

La expresión del profeta Oseas: “Tu amor es como la nube de la mañana, como el rocío que se disipa pronto”, ilustra bien la “debilidad innata de nuestro amor”, observa. “O sea lo que frecuentemente es nuestro amor: una promesa que se esfuerza por mantenerse, un intento que próximamente se seca y se evapora, un tanto como en el momento en que sale el sol por la mañana y se lleva el rocío de la noche”:

“Cuántas ocasiones los hombres amamos así débil y también intermitente. Todos disponemos experiencia de esto: amamos, pero luego ese amor se desvanece o se desgasta. Queriendo estimar bien, nos enfrentamos a nuestros límites, a la pobreza de nuestras fuerzas: inútiles de cumplir una promesa que en los días de gracia parecía simple de cumplir. En el fondo, hasta el apóstol Pedro tuvo miedo y debió escapar. El apóstol Pedro no fue leal al amor de Jesús. Siempre está esa debilidad que nos hace caer”.

“Somos mendigos que, en el camino, corremos el riesgo de no conseguir nunca del todo el tesoro que han estado buscando desde el primero de los días de vida: el amor”

Sin embargo –señala el Papa Francisco– “hay otro amor, el del Padre “que está en los cielos”. Nadie debe dudar de ser el receptor de este amor. Él nos quiere, “me ama”, tenemos la posibilidad de decir”:

“Aunque nuestro padre y nuestra madre -hipótesis histórica- no nos hubieran amado, hay un Dios en el cielo que nos quiere como absolutamente nadie en la tierra jamás lo hizo ni ha podido hacerlo. ¡El cariño de Dios es incesante, siempre! El profeta Isaías dice: “¿Puede una mujer olvidarse de la que da de mamar a su hijo, no tener inocencia por el fruto de su vientre? Aun si ella lo olvidara, yo nunca te olvidaría. He aquí, estás grabado en la palma de mis manos”. Aun si todos nuestros amores terrenales se derrumban, y no queda nada en nuestras manos sino polvo, siempre y en todo momento hay para todos nosotros, candente, el único amor leal de Dios”.

Francisco ten en cuenta que el día de hoy los tatuajes están de moda:

“Me hice un tatuaje tuyo en mis manos. Estoy en manos de Dios, de esta forma, y no puedo sacarlo. El cariño de Dios es como el cariño de una madre, que jamás se puede olvidar. ¿Qué sucede si una madre se olvida? “No te voy a olvidar”, afirma el Señor. Este es el cariño especial de Dios, de ahí que somos amados por Él. ”

En el apetito de amor que todos sentimos – dijo el Papa – no buscamos algo que no existe: esta es, a la inversa, la convidación a saber a Dios que es Padre”, como sucedió con la conversión de S. Agustín.

No estamos solos

La expresión “en el cielo” –explicó el Papa– “no significa distancia, sino más bien una diferencia extremista en el amor, otra dimensión del amor, un amor incansable, un amor que continuará para siempre, que está al alcance de la mano. ¡Basta decir “Padre nuestro que estás en los cielos” y viene este amor!”.

“Por consiguiente – fue la exhortación del Papa en el final – ¡no tengáis miedo! Ninguno de nosotros está solo. Y aunque, desgraciadamente, tu padre terrenal te olvidó, y te enojaste con él, no se te niega la experiencia fundamental de la fe cristiana: la de saber que eres un hijo muy amado de Dios, y que nada hay en ti. vida que pueda apagar su amor con pasión por ti.”

Benedicto XVI

Al finalizar su saludo a los peregrinos de lengua italiana, antes de cantar el Padrenuestro, el Santurrón Padre recordó que el próximo viernes es la fiesta de la Cátedra de San Pedro Apóstol, y pidió oración por su ministerio y por el Papa retirado Benedicto XVI: “Orad por mí y por mi ministerio, asimismo por Benedicto XVI, a fin de que siempre y en todo momento y en todas y cada una partes confirme a los hermanos en la fe”.

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