Papa Francisco: la confesión es el paso de la miseria

Papa Francisco: la confesión es el paso de la miseria

En el final de la tarde de este viernes (29), el Pontífice presidió la Celebración Penitencial, en la Basílica de San Pedro, que da inicio a la iniciativa mundial “24 Horas de Oración por el Señor”. En la homilía, el perdón de Dios como fuerza de vida nueva. A lo largo de la liturgia, el Papa se arrodilla como penitente y después confiesa a una docena de leales.

Andressa Collet – Localidad del Vaticano

El Papa Francisco presidió la Celebración de la Penitencia, con el rito de la reconciliación en la tarde de este viernes (29), en la Basílica de San Pedro. La ceremonia dio comienzo a la idea “24 Horas de Oración al Señor” que empezó en Roma pero ha adquirido dimensiones globales para llegar a los cinco continentes. En todos y cada diócesis, una iglesia estará abierta durante 24 horas sucesivas para sugerir la oportunidad de orar, confesarse y adorar.

Antes del pecado, el pecador

En la homilía, el Papa utilizó la interpretación de san Agustín para comentar el Evangelio de Juan (8, 1-11), de la mujer asombrada en adulterio que, según la Ley de Moisés, había de ser lapidada: “solo la de ellos quedaron 2: los miserables y la misericordia”. Los que venían a tirarle piedras oa acusar a Jesús se fueron. Y Jesús se quedó pues había “lo que era precioso a sus ojos: esa mujer, esa persona”.

“A Él, antes del pecado, viene el pecador. En el corazón de Dios, yo, tú, cada uno de nosotros es lo primero; precede a los errores, las normas, los juicios y nuestras caídas. Solicitemos la gracia de una mirada similar a la de Jesús; pidamos tener el marco católico de vida: en él, ante el pecado, observamos con amor al pecador; ante el fallo, el desviado; ante el caso, la persona. ”

El Papa repitió a San Agustín durante la homilía: “solo han quedado 2: la pobreza y la misericordia”. Con Jesús, clemencia de Dios encarnada, el Pontífice alaba que llegó el momento de ofrecer una esperanza segura a la miseria humana: “dando, no tanto las leyes exteriores, que con frecuencia alejan a Dios y al hombre, sino la ley del Espíritu, que entra en el corazón y lo libera.”

Confesión, miseria y clemencia

Francisco recordó que es Jesús, con el poder del Espíritu Beato, quien nos libra del mal que llevamos dentro pero que, aun así, es un mal fuerte con un poder seductor que atrae.

“Para desprendernos de ella no basta nuestro esfuerzo, se precisa un amor mayor. Sin Dios es imposible vencer el mal: sólo su amor eleva desde dentro; solo su inocencia, vertida en su corazón, lo realiza libre. Si queremos librarnos del mal, tenemos que llevar a cabo rincón al Señor, que excusa y sana; y hacerlo sobre todo a través del Sacramento que estamos a puntito de festejar. La confesión es el paso de la pobreza a la misericordia, es la escritura de Dios en el corazón. Toda vez que nos aproximamos a él, leemos que somos hermosos a los ojos de Dios, que Él es un Padre y nos ama mucho más de lo que nos amamos a nosotros”.

El perdón de los pecados es un nuevo comienzo

El Papa se refirió entonces a la soledad, como la falta de motivación para regresar a empezar, y señaló el perdón “abrumador de Dios” que recibimos en el Bautismo, como la fuerza para renacer.

“El perdón nos ofrece un nuevo comienzo, nos hace novedosas criaturas, nos hace gustar la vida nueva. El perdón de Dios no es una fotocopia que se reproduce idénticamente cada vez que se pasa por el confesionario. Recibir el perdón de los errores a través del sacerdote es una experiencia siempre y en todo momento novedosa, original e inimitable. ”

¿Y el miedo a la Confesión?

Al final de la homilía, Francisco invitó a las personas a sobrepasar el miedo a la Confesión resaltando la clemencia y no las miserias, recordando la inocencia, saboreando la paz y ensayando la libertad.

“En verdad, este es el corazón de la Confesión: no los errores que decimos, sino más bien el cariño divino que nos llega y que siempre y en todo momento necesitamos. Sin embargo, todavía hay una duda que puede venir a la cabeza: “¡No vale la pena ir a confesarse! Siempre vuelvo a los pecados comunes”. Pero el Señor nos conoce, sabe que la lucha interior es difícil, que somos enclenques y propensos a caer, de forma frecuente reincidentes en la práctica del mal. Entonces, propone que comencemos a ser reincidentes en el bien, en soliciar misericordia. Será Él quien nos levante, haciéndonos novedosas criaturas”.

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