Papa Francisco en Miércoles de Ceniza: La Cuaresma es un

Vaticano, 17 de febrero. 21/08:50 am (ACI).- A lo largo de la celebración de la Misa de este Miércoles de Ceniza, el Papa Francisco recordó que “la Cuaresma es un camino de regreso a Dios”, con lo que animó a las personas a dejarse reconciliar por Dios para estudiar de la Cruz de Jesús que es la “silla discreta de Dios”.

Este año, el Beato Padre encabezó la Eucaristía con el rito de la bendición y también imposición de la ceniza en una ceremonia con poca gente en St. problemas de salud ocasionados por el Covid-19.

En su homilía, el Papa resaltó que comenzamos el sendero de Cuaresma con las palabras del profeta Joel que indican la dirección a continuar: “convertíos a Mí de todo corazón”, por eso advirtió: “Cuántas veces, ocupados o indiferentes, afirmamos: “¡Señor, espera! Voy a venir a verte después… El día de hoy no puedo, pero mañana comenzaré a rezar ya llevar a cabo algo por los demás”. Y así cada día… En este momento Dios lanza un llamamiento a nuestro corazón. En la vida siempre vamos a tener cosas que realizar y excusas que dar, pero, hermanos y hermanas, hoy es el instante de volver a Dios”.

En este sentido, el Beato Padre destacó que “la Cuaresma es un sendero que involucra toda nuestra vida, todo de nosotros mismos. Es hora de comprobar los caminos que nos encontramos recorriendo, de encontrar el sendero que nos lleve de vuelta a casa, de redescubrir el vínculo fundamental con Dios, del que todo es dependiente”.

“La Cuaresma no es componer un ramo espiritual; es discernir hacia dónde se orienta el corazón. Aquí está el centro de la Cuaresma: ¿hacia dónde se dirige mi corazón?”, ha dicho.

Por eso, el Papa nos invitó a cuestionarnos: “¿Adónde me transporta el “navegante” de mi vida, a Dios oa mí mismo? ¿Vivo para agradar al Señor, o para ser notado, alabado, preferido, primeramente y así consecutivamente? ¿Tengo un corazón que “baila”, que da un paso adelante y otro atrás, amando en este momento al Señor y en este momento al planeta, o un corazón estable en Dios? ¿Me siento a gusto con mis hipocresías o combato por liberar mi corazón de las metas y falsedades que lo tienen cautivo?”.

En este sentido, el Pontífice destacó que la Cuaresma es asimismo «un éxodo: es un éxodo de la esclavitud a la independencia» pues «son 40 días que recuerdan los cuarenta años en los que el Pueblo de Dios caminó por el desierto para volver a la tierra». de origen”.

Sin embargo, el Papa reconoció que en el sendero “siempre y en todo momento fueron tentados por las cebollas, tentados a regresar atrás, apegados a los recuerdos del pasado, a cualquier ídolo” y agregó que “a nosotros nos pasa lo mismo: el sendero de regreso a Dios”. está impedida por nuestros apegos malsanos, impedida por las ataduras seductoras de los vicios, por la falsa seguridad del dinero y la ostentación, por el lloriqueo que paraliza”.

Así, el Beato Padre sugirió que “para caminar es necesario desenmascarar estas ilusiones” y para esto “nos asisten los viajes de ida y vuelta contados por la Palabra de Dios”.

Primeramente, el Papa recordó la parábola del hijo pródigo para subrayar que “asimismo es hora de que nosotros volvamos al Padre”, pues “es el perdón del Padre el que siempre y en todo momento nos pone de pie: el perdón de Dios, la Confesión, es el primer paso de nuestro sendero de regreso”, con lo que recomendó a los confesores ser “como el padre, no con el látigo, sino más bien con el abrazo”.

Posteriormente, el Santurrón Padre recordó al leproso curado para indicar que “necesitamos volver a Jesús”, porque “todos, todos disponemos enfermedades espirituales: solos, no podemos curarlas; todos disponemos vicios muy arraigados: no podemos erradicarlos solos; todos poseemos temores que nos paralizan: solos, no tenemos la posibilidad de vencerlos. Requerimos imitar a aquel leproso, que volvió a Jesús y se postró a sus pies”. “Requerimos la curación de Jesús, requerimos poner nuestras lesiones delante de Él y decirle: ‘Jesús, estoy aquí delante de Ti, con mi pecado, con mis miserias. Tú eres el médico; puedes liberarme. Cura mi corazon'”.

En tercer sitio, el Papa dijo que “asimismo nosotros nos encontramos llamados a volver al Espíritu Santurrón”, con lo que animó a “¡volvamos al Espíritu, dador de vida! Volvamos al Fuego que levanta nuestras cenizas”.

“Entonces nuestro camino es dejarnos llevar de la mano. El Padre que nos llama es Aquel que sale de casa y viene a procurarnos; el Señor que nos sana es Aquel que se dejó herir en la cruz; el Espíritu que nos hace cambiar de vida es el que sopla con fuerza y ​​suavidad sobre nuestro polvo”, explicó.

Por último, el Beato Padre nos animó a dejarnos reconciliar con Dios pues “el sendero no descansa en nuestras propias fuerzas” y añadió “el principio de regresar a Dios es reconocernos necesitados de Él, necesitados de misericordia, en necesidad de tu felicidad. Este es el camino acertado: el camino de la humildad”.

“Hoy inclinamos la cabeza para recibir las cenizas. Al final de la Cuaresma, nos inclinaremos aún más para lavar los pies de nuestros hermanos. La Cuaresma es un descenso humilde dentro de nosotros y hacia los demás. Es entender que la salvación no es una subida a la gloria, sino más bien un descenso por amor. Es para hacernos humildes. En este camino, para no perder el rumbo, pongámonos ante la cruz de Jesús: es la silla discreta de Dios”, concluyó el Santo Padre.

Tras la homilía, el Papa Francisco bendijo e impuso las cenizas a los Cardenales presentes y las recibió de manos del Arcipreste de la Basílica de San Pedro, Cardenal Angelo Camastri.

Publicado inicialmente en ACI Press. Traducido y amoldado por Nathália Queiroz.

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