Papa a los católicos de Marruecos: Gracias por el testimonio

Papa a los católicos de Marruecos: Gracias por el testimonio

El Pontífice se reunió con la pequeña comunidad católica de Marruecos en una Misa donde, mediante la parábola del hijo pródigo, animó a los leales a continuar con su testimonio católico en el país, en un esfuerzo por hacer crecer la cultura de la misericordia, “una cultura en el que absolutamente nadie mire al otro con indiferencia, ni desvíe la mirada cuando vea su sufrimiento. Proseguid siendo signo del abrazo y del corazón del Padre”, animó el Papa.

Andressa Collet – Localidad del Vaticano

El punto culminante de la visita del Papa Francisco a Marruecos, en un viaje apostólico asimismo dedicado al diálogo interreligioso, fue la misa conmemorada este domingo por la tarde (31), en el Polideportivo Príncipe Moulay Abdellah, en Rabat.

En su homilía para la comunidad católica, allí reunida cerca de 10.000 leales, el Papa comentó la parábola del hijo pródigo, “un hijo que espera ansiosamente. Un padre se conmovió al verlo regresar”, dijo el Pontífice. A diferencia del otro hijo que no pudo soportar la alegría de su padre y no reconoció el regreso de su hermano, prefiriendo “ser huérfano a la fraternidad”. Desde el interior de esa casa, meditó Francisco, se manifiesta “el secreto de nuestra humanidad”.

“De esta manera, una vez más, sale a la luz la tensión que existe entre nuestra gente y en nuestras comunidades, e incluso dentro de nosotros mismos. Una tensión que, desde Caín y Abel, vive en nosotros y que estamos convidados a enfrentar: quién tiene derecho a permanecer entre nosotros, a ocupar un lugar en nuestra mesa y en nuestras asambleas, en nuestras intranquilidades y servicios, en nuestras plazas. y ciudades? Esa pregunta fratricida parece seguir resonando: ¿Soy yo el guardián de mi hermano? (cf. Gn 4,9)».

La pelea por la fraternidad para no envenenar la esperanza

Desde en aquella casa del padre misericordioso, la lucha por la fraternidad se vio obstruida por “divisiones y desencuentros, agresividades y enfrentamientos”. Pero, también, la luz que nace de los deseos del Padre: que absolutamente nadie padezca “orfandad, aislamiento o amargura”.

“Indudablemente, hay tantas circunstancias que pueden dar de comer la división y el conflicto; Hay ocasiones innegables que pueden llevar al combate y la división. No podemos negarlo. Siempre y en todo momento nos encontramos conminados por la tentación de creer en el odio y la venganza como vías legítimas para conseguir justicia de forma rápida y eficiente. Pero la experiencia nos comunica que solamente consiguen el odio, la división y la venganza es matar el alma de nuestro pueblo, envenenar la esperanza de nuestros hijos, destruir y realizar desaparecer todo lo que amamos”.

El redescubrimiento de ser hermanos

La invitación, pues, que proviene del mismo Jesús, ha dicho el Papa, es “contemplar el corazón del Padre” para que, cada día, “nos encontremos como hermanos”. Como hijos amados, añadió Francisco, no medimos ni clasificamos a la gente según su estatus ética, social, étnico o religioso.

“Solo desde este amplio horizonte, con la capacidad de asistirnos a superar nuestra miope lógica divisional, podremos poder una observación que no pretenda oscurecer ni denegar nuestras diferencias, buscando quizás una unidad obligada o una marginación discreta. Solo si somos capaces de alzar cada día la mirada al cielo y decir Padre Nuestro podremos ingresar en una activa que nos deje ver y atrevernos a vivir, no como enemigos, sino más bien como hermanos”.

Impulso del Papa a la Cultura de la Clemencia

“La parábola evangélica deja el desenlace abierto”, ha dicho el Papa, ya que no sabemos si el hijo mayor accedió a participar en la celebración de la clemencia de su hermano. Una lección que también puede ser observada por el pueblo, ha dicho el Pontífice, en tanto que cada uno de ellos puede escribir el desenlace “con su vida, su mirada y su actitud” hacia el resto. Como lo hace la red social católica de Marruecos que da su testimonio a través del Evangelio de la clemencia.

“Gracias por los esfuerzos completados para hacer de las comunidades oasis de clemencia. Os animo y les animo a continuar haciendo crecer la civilización de la misericordia, una cultura donde absolutamente nadie mire a el resto con indiferencia o desvíe la mirada cuando ve su sufrimiento (cf. Carta Apostólica Clemencia et Misera, 20)”.

“Permaneced a la vera de los humildes y de los pobres, de los rechazados, abandonados e ignorados; continúe siendo signo del abrazo y del corazón del Padre. ”

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