
Santa Rita de Cascia, Madre y Abogada de los imposibles, te saludo con reverencia y fe desde el silencio de mi corazón. Tú que endureciste lo imposible con la perseverancia de la oración, tú que conoces las cargas que nadie más entiende, te pido que escuches mi llamada en este momento de debilidad. Yo me encomiendo a ti con confianza, sabiendo que tu amor es más fuerte que cualquier obstáculo.
En este caminar, yo confieso que mi fe se ha visto desafiada por pruebas repetidas. Pido tu guía, para no perder la esperanza ni la compasión. Quiero aprender de tus ejemplos de paciencia, de tu capacidad de perdón, y de tu entrega total a la voluntad de Dios. Que tu luz me ilumine en las decisiones que debo tomar hoy y cada día.
Gracias, Santa Rita, por cada latido de gratitud que me sostienen cuando parece que el camino se cierra. Gracias por la vida de mi familia y por las bendiciones invisibles que a veces no reconocemos hasta que se vuelven presentes. Yo te agradezco por el pan de cada día, por el techo, por la salud en medio de limitaciones, por la paz que permanece cuando el mundo tiembla.
Te pido, Santa Rita, que me concedas protección y discernimiento. Que tu mano me guíe para evitar el daño y para buscar siempre la verdad con humildad. Enséñame a escuchar a los demás, incluso cuando me contradigan, y a responder con misericordia. Que mi casa sea refugio de amor, y que mi trato con los demás refleje tu ternura.
En particular, pido por mi familia y por mis amigos: que posean salud, unidad y esperanza, que sus días estén cubiertos por la gracia y que consuman el peso de sus cargas con serenidad. Bendice a cada uno de mis seres queridos, incluso a aquellos que están lejos, y envuél

