Nuestra Señora de Kevelaer

Nuestra Señora de Kevelaer

Nuestra Señora de Kevelaer

Kevelaer NS

El origen del título de Nuestra Señora de Kevelaer y de la respectiva imagen (milagrosa) ante la como, ya hace mucho más de 300 años, los fieles se postran invocando a la Madre de Dios, es el próximo:

Hendrick Busman, de 40 años, nacido en Niedermörnter, provincia de Kleve, y casado con Mechel Schrouse, tenía un pequeño negocio, de cuyos ingresos vivían y por eso necesitaban viajar ocasionalmente por el barrio.

Hacia la Navidad de 1641, sucedió que, viniendo de Weeze y pasando junto a una cruz de piedra que había allí, en las inmediaciones de Kevelaer, escuchó una voz que le dijo: “Deseo que me construyas una capillita en este rincón”. .

Hendrick admirado mira a su alrededor pero no ve a absolutamente nadie; luego continúa su sendero, tratando de olvidar las palabras que había escuchado.

Siete u ocho días después, pasando por exactamente el mismo sendero, oyó en aquel rincón, por segunda vez, exactamente la misma voz y las mismas expresiones.

Se encontraba entonces muy triste y angustiado, pensando en sus escasos recursos y escasas relaciones.

¿De qué forma podría un pobre mortal como él construir la capilla?

Además, era probable que su esposa no le diera su consentimiento para la construcción de la capilla.

Pero… el encargo que recibió no se le podía quitar de la cabeza y, tras bastante pensarlo, decidió ahorrar un poco de dinero cada día hasta llegar, de a poco, a la cantidad de 100 florines, para entonces comenzar la construcción.

A los pocos días pasaba por el mismo lugar, cuando volvió a percibir exactamente las mismas expresiones.

Asombrado, y en esta ocasión con seriedad conmocionado, continuó un rato en silencio, para ver si aparecía alguien y cerciorarse de que no se trataba de un engaño o una ilusión; no obstante, al no encontrar nada, resolvió poner en práctica la resolución de socorrer lo que pudiese, para poder cumplir la intención del cielo.

Mientras tanto, un mes antes de Pentecostés, su esposa tuvo una visión o aparición una noche, en la que vio en la mitad de una luz muy brillante una pequeña capilla, y en ella una pequeña imagen de Nuestra Señora igual a la que había visto ciertos Hace cierto tiempo, mucho más bien, en manos de dos soldados.

Había dos estampas de Nuestra Señora de Luxemburgo, que habían traído consigo para enviárselas al teniente de la Compañía de Mackewitz.

Los soldados deseaban vender las tarjetas, o al menos una de ellas, a Mechel por un blaumeuser, pero no pudo conseguir una por el alto precio, con lo que las huellas fueron entregadas al teniente.

Mechel debió hablar de la visión más de una vez pues su marido no le dio todo el crédito; sin embargo, durante el día se halló con 2 soldados del barrio, que estaban haciendo la guardia nocturna y habían visto su casa iluminada por una luz muy fuerte esa noche, le preguntaron qué era esa luz tan intensa, por lo que, asombrado, se había creer en la visión, puesto que todos en la vivienda se habían retirado temprano, sin dejar las luces encendidas, como siempre lo hacían.

Hendrick entonces envió a la mujer a buscar a los soldados que le habían ofrecido las efigies de Nuestra Señora, para poder ver si podía conseguir una de ellas.

Estos le afirmaron que se los habían dado al teniente, y que él había sido hecho preso en la batalla librada contra el general Llamboy, y estaba preso en Kempen; que tenga paciencia, por consiguiente, hasta el momento en que sea puesto en libertad, que fue poco después.

Mientras tanto, Hendrick había comenzado a crear la pequeña capilla, con la asistencia rápida y eficaz del vicario de Kevelaer, que le había entregado el material.

Una vez liberado el teniente, Mechel fue a buscarlo y le pidió uno de los santurrones, pero no se lo dio sin antes comprender por qué razón ella deseaba tanto conseguirlo.

Mechel satisfizo su curiosidad diciéndole la causa de su ardiente deseo, y luego le dijo que eligiera uno de ellos.

Muy satisfecha, se la llevó a su marido, quien mandó pintar una tabla y colocar sobre ella la imagen de Nuestra Señora, para que la colocaran más de manera fácil en la capilla.

Cuando los carmelitas de la ciudad de Geldern se enteraron de lo sucedido, pidieron al pintor que llevara el cuadro de Nuestra Señora a su convento para poder venerarlo con devoción esa noche.

No obstante, también quisieron quedárselo al día siguiente, a lo que el pintor no estuvo en concordancia, realizando todo lo que es posible a fin de que se lo devolvieran.

Al notar sus sacrificios en balde, el pintor tuvo que contarle a Hendrick lo que había sucedido.

Tras mucho rogar, se la brindaron, y él, acompañado de mucha gente que deseaba ver la pequeña imagen, la llevó a su casa, donde pronto empezó a congregarse la multitud deseosa de venerar a la Virgen.

Próximamente asimismo comenzaron a ofrecerle dinero y velas, en contra de la voluntad de Hendrick, quien se vio obligado a ocultar el cómic, llevándolo entonces a la iglesia de los Capuchinos, donde permaneció durante tres días.

Varios de los que pasaban espontáneamente dejaban sus ofrendas, con lo que los curas mandaron un mensaje a Hendrick para que fuera a buscarlas.

Este, no obstante, pensó que no podía ni debía admitir ninguna limosna u ofrenda, hasta el momento en que finalmente fue llamado, por medio del hermano Luitgens, para ir a agarrar y almacenar todas las ofrendas, hasta el momento en que se determinase el lugar donde debían guardarse.

Tras eso, los capuchinos y la parroquia decidieron llevar el cómic a Kevelaer, en una solemne procesión.

No obstante, por justas causas, fue tomada en secreto por el vicario de Kevelaer, el último día de mayo de 1642, siendo colocada al día siguiente en la capillita que Hendrick había construido como la había visto su esposa en la citada visión.

El mismo día, una multitud de Geldern y de otros lugares acudió al nuevo trono de la Madre de Dios, que no dejó de retribuir la fe y el cariño filial de ese pueblo con algunos milagros visibles.

La imagen que representaba a Nuestra Señora de Luxemburgo asimismo representaba a Nuestra Señora de Kevelaer.

Como la efigie de Nuestra Señora expuesta por Hendrick en Kevelaer próximamente se hizo conocida por la devoción de la gente, por sus milagros, por las peregrinaciones, se le dio el título de Nuestra Señora de Kevelaer, y de este modo Nuestra Señora consiguió otro título más, a pesar de de que la imagen que la representa sea exactamente la misma que era conocida como Nuestra Señora de Luxemburgo.

Kevelaer, que en 1642 era un matorral desierto, es el día de hoy una localidad esencial, por la basílica de Nuestra Señora de Kevelaer y el continuo movimiento de peregrinaciones.

Fuente: Portal web del Santuario Nacional de Aparecida

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Etiquetas: Devoción a la Virgen.

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