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Muerte del exsuperior general vicentino irlandés

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Muerte del exsuperior general vicentino irlandés

Padre Richard McCullen CM

Padre Richard McCullen CM

Cortesía: Vicentinos www.famvin.org

El funeral tendrá lugar hoy en Dublín de un sacerdote irlandés que fue superior general de la Orden Vicentina y que murió en Nochebuena.

El P. Richard McCullen CM tenía 89 años. Se convirtió en el sucesor número 22 de San Vicente de Paúl en 1980 y se desempeñó como Superior General de 1980 a 1992.

Nacido en 1926 en Drogheda, el P. McCullen ingresó a la Congregación Vicentina en 1945 después de estudiar en St Patrick’s College, Armagh.

Antes de eso, había estudiado en el Seminario Nacional en Maynooth.

En 1948, obtuvo una licenciatura en inglés en la Universidad Nacional de Irlanda, y luego pasó cuatro años en estudios teológicos antes de su ordenación sacerdotal en 1952.

El P. McCullen continuó sus estudios en Roma, donde obtuvo un Doctorado en Derecho Canónico en 1956.

Al regresar a Irlanda, pasó los siguientes 11 años en St. Kevin’s, una casa de estudios para estudiantes de teología en Glenhart, sirviendo como profesor de derecho canónico, director de estudiantes y superior.

De 1967 a 1975 fue director espiritual en Maynooth, donde el 90% de los sacerdotes diocesanos de Irlanda se preparan para el sacerdocio.

Luego se desempeñó como provincial de los vicentinos irlandeses. Durante sus cinco años en ese puesto, participó activamente en el fomento de actividades misioneras en Nigeria, una misión floreciente de la provincia irlandesa.

En 1980, el P. McCullen fue elegido Superior General de la Congregación. Supervisó la continuación de la misión del fundador de la Congregación, San Vicente de Paúl, y adaptó la misión a los tiempos cambiantes ya las diferentes culturas.

Durante su mandato se aprobaron las Constituciones de la Congregación y se promulgaron las Constituciones de las Hijas de la Caridad.

El P. McCullen promovió la espiritualidad dentro de la Familia Vicentina y exhortó a los cohermanos a expandir su visión y ver a la Congregación como una sola.

De 1993 a 1995, se desempeñó como director espiritual en St Patrick’s College en Dublín. Desde 1996 reside en el Saint Paul’s College de Dublín y allí falleció el 24 de diciembre de 2015.

Su funeral tiene lugar en Phibsboro de la iglesia de San Pedro en Dublín hoy a las 12 del mediodía y el entierro tendrá lugar después en Castleknock College.

Al final de su mandato de doce años como Superior General escribió…

“En un momento de íntima auto-revelación, San Vicente comentó un día: ‘Hay dos cosas en mí: gratitud e incapacidad para no alabar el bien. ‘ (Abelly, III, p. 208, 1ª edición). Al final de mi mandato como Superior General, encuentro mucha gratitud en mi corazón por todo lo bueno que he visto en las dos Comunidades de San Vicente, y aún más gratitud por todo lo que he recibido de los miembros de nuestras Comunidades Vicentinas. No me ha costado alabar lo bueno que he visto y que he vivido.

Mi dificultad ha sido no poder ver todo su alcance y encontrar expresiones adecuadas de gratitud, y sigo trabajando bajo esa dificultad. En aquellos que trabajaron más cerca de mí, he visto grandes profundidades de bondad. A los Asistentes, pues, y en particular al Vicario General, don Miguel Pérez Flores, cuya competencia y lealtad durante un lapso de doce años me ha llevado a veces por terrenos difíciles, tengo una deuda incalculable de aprecio.

Permítanme expresar también mi gratitud a las Hermanas y Hermanos que trabajaron conmigo en la Curia General y de cuya bondad he sido testigo y beneficiario diario. Fue GK Chesterton quien dijo que ‘elegimos a nuestros amigos, pero Dios nos da a nuestros vecinos. En los vecinos que Dios me dio en la Curia encontré excelentes amigos.

Qué mejor que terminar con las palabras con las que San Vicente concluye nuestras Reglas Comunes: “Debemos tener bien grabado en nuestra cabeza que, cuando hayamos llevado a cabo todo lo que se nos ha pedido, debemos, siguiendo el consejo de Cristo, decir a nosotros mismos que somos siervos inútiles, que hemos hecho lo que se suponía que debíamos hacer, y que de hecho no podríamos haber hecho nada sin Él”. (CR XII, 14).

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