La Iglesia celebra hoy a Santa Catalina de Suecia, patrona de

OFICINA CENTRAL, 24 mar. 21/05:00 am (ACI).- Santa Catalina de Suecia fue la cuarta hija de Santa Brígida, patrona de Europa. Es una monja considerada patrona de las vírgenes y acostumbra representarse con un ciervo salvaje a su lado, que, según la tradición, acudiría en su ayuda en el momento en que jóvenes impúdicos intentaran incordiarla.

Era una mujer fácil y pobre que dedicaba muchas horas del día a la meditación de la pasión y muerte de Cristo, a la oración de los salmos penitenciales y al Trabajo de la Virgen María. Acostumbraba a ​​visitar a los pobres y enfermos en los hospitales, hacía las tareas del hogar y rezaba en los sitios de culto.

Catalina nació en Suecia, en 1331 o 1332. A los 7 años fue encomendada a la abadesa del convento de Risberg para que siguiera recibiendo la educación católica compartida por sus padres. De este modo fue medrando en ella el deseo de una vida de automortificación y consagración total a Dios.

A pesar de esto, a la edad de 13 años, su padre decidió casarla con un noble de ascendencia alemana, Eggart von Kürnen. Después de la boda, Catalina persuadió a su marido, que era fiel, de sostener un voto de castidad, que cumplirían hasta el final.

En 1349, tras la muerte de su padre, Catalina se reconcilió con su marido y partió junto con Santa Brígida (su madre) en peregrinación para venerar las tumbas de San Pedro y San Pablo en Roma.

Al llegar, recibió la novedad de que su marido había fallecido y, tiempo después, rechazó cualquier oferta de matrimonio. Fue tal como Catalina decidió vivir con su madre, imitando con fervor su historia ascética y de pertenencia a Dios.

En 1372 Catalina y su hermano Birger acompañaron a su madre en una peregrinación a Tierra Santa. Brígida murió poco después de su regreso a Roma y su cuerpo fue enviado a Suecia para ser enterrado en Vadstena, en el convento donde creó la Orden del Santísimo Salvador.

Catalina vivió y dirigió el convento fundado por su madre hasta 1375, en el momento en que regresó a Roma para fomentar su canonización. A pesar de no obtener desenlaces, logró ratificar la aprobación de las reglas de la orden Brigidine, hacia 1378.

Tras cinco años, regresó a su tierra natal y la diócesis le encomendó formalmente la dirección de la novedosa orden religiosa. Poco tiempo después, enfermó y murió el 24 de marzo de 1381. En 1484, Inocencio VIII autorizó su veneración como santa. Su fiesta es celebrada por la Iglesia el 24 de marzo.