Jesús nos da su santidad, dice Papa predicador

VATICANO, 09 Mar. 21/03:00 pm (ACI).- “Hay un riesgo mortal para la Iglesia: el de vivir como si Cristo no tenga existencia, ‘etsi Christus non daretur’”, ha dicho el Predicador de la Casa Pontificia, Padre Raniero Cantalamessa en su segunda predicación para la Cuaresma.

“Es el supuesto según el cual el planeta charla todo el tiempo de la Iglesia”, dijo Cantalamessa. “La historia, la organización, los hechos o, mucho más generalmente, los chimentos son de interés. El nombre de Jesús raras veces se encuentra. A esto se suma un hecho propósito: Cristo no entra en ninguno de los tres grandes diálogos que hoy ocupan las relaciones entre la Iglesia y el mundo”. Cantalamessa asegura que el nombre de Cristo no entra en el diálogo entre la fe y la filosofía, ni en el diálogo de la ciencia y “no en el diálogo interreligioso”.

Para el sacerdote que predica para el Papa Francisco a lo largo de la Cuaresma, “aun nosotros corremos el peligro de comportarnos tal y como si Cristo no tenga existencia”.

Recordando que le habían tocado intensamente las palabras del Papa Francisco en la audiencia general del 25 de noviembre, según las cuales hay 4 especificaciones de la vida eclesial: escuchar a los apóstoles, salvaguardar la comunión recíproca, partir el pan, predicar. “Estas cosas nos recuerdan que la presencia de la Iglesia sólo tiene sentido si permanece firmemente unida a Cristo”. “Cualquier cosa que crezca fuera de estas coordenadas no tiene fundamento”, continuó Cantalamessa.

Sugiriendo poner a Jesús “en primer chato”, el Predicador de la Casa Pontificia destacó que “la Iglesia cree y predica de Cristo todo cuanto el Nuevo Testamento predica de Él: todo lo que dicen de Cristo debe respetar visto que Él es Dios y Hombre en exactamente la misma persona.”

Para el sacerdote, el día de hoy nadie duda de la raza humana de Cyst, como sucedió al principio del cristianismo con los docetistas y otros herejes. “Estamos asistiendo a un fenómeno extraño e inquietante: la auténtica humanidad de Cristo se asegura como una oposición tácita a su divinidad, como una suerte de contrapeso”.

“Jesús es la santidad de Dios”, sigue el cardenal, “no es el hombre que se semeja a los demás, es el hombre al que todos tienen que parecerse. Jesús es la medida de todas las cosas”.

“La santidad de Jesús no es un principio abstracto, es una santidad real, vivida en las ocasiones específicas de la vida. Las Bienaventuranzas son el autorretrato de Jesús, Él enseña lo que hace”, dijo Cantalamessa. “La conciencia de Jesús es un cristal transparente, siempre segura de estar en la realidad y en el bien. Absolutamente nadie se ha atrevido a decir esto de sí. Esto sobrepasa toda medida: la Resurrección de Cristo revela que fue la pura verdad”.

Al llamar la atención sobre el “aspecto mucho más práctico de la santidad de Cristo”, el predicador resaltó que “aquí nos llega una buena nueva, no solo Jesús es el santurrón de Dios, sino Jesús da, nos presenta con su santidad”.

El Cardenal terminó su sermón invitando: “Debemos pasar a la imitación. A la fe no se llega desde las virtudes, sino al contrario. Los cristianos deben perfeccionar con su historia la santidad que han recibido”.

Como propósito el Cardenal sugirió: “La santidad de Jesús fue siempre realizar la intención del Padre. Hoy, intentemos cuestionarnos, frente cada situación, ¿qué le daría mucho más exitación a Jesús? Lo que agrada a Jesús está escrito en el Evangelio y el Espíritu Beato nos lo recuerda”.

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