Jesús, en el desierto, fue guiado por el Espíritu y fue

Jesús, en el desierto, fue guiado por el Espíritu y fue

Reflexión sobre el 1er domingo de Cuaresma del año C. La Cuaresma es un tiempo particular de privacidad con uno mismo ante Dios Padre, con Jesús, en el Espíritu Beato.

Padre Halison Parro – Ciudad del Vaticano

En todas y cada una de las Santas Misas, rezamos honestamente al Padre: “No nos dejes caer en la tentación, mas líbranos del mal”. En nuestras frases personales, de manera frecuente suplicamos a Dios que nos libere de la infidelidad y la desobediencia a su amor misericordioso. A la luz del evangelio de este 1er domingo de Cuaresma, entendemos que la meta de las tentaciones es producir en nuestra vida una enemistad con Dios y un rechazo consciente de su presencia en nuestra historia.

Primer domingo de Cuaresma

Como seres humanos, estamos expuestos a muchas oportunidades y proposiciones que no se ajustan a la voluntad del Señor. Ante la realidad concreta de la vida, ¿qué debemos llevar a cabo? ¿Qué decisión realizar? Jesús no quita el protagonismo de nuestras resoluciones, pero, con su ejemplo y con su felicidad, nos enseña que debemos caminar por un camino de servicio y obediencia, mediante una lucha perseverante contra el egoísmo en nuestra relación con el resto y con los demás. él mismo.

Para entender las tentaciones es muy importante rememorar los capítulos narrados por Lucas en el capítulo 3 de su Evangelio. Por servirnos de un ejemplo, el evangelista nos presenta la persona y actividad de Juan Bautista en el desierto (3,1-18), así como la noticia de su arresto por la parte del tetrarca Herodes (3,19-20). Lucas asimismo cuenta el bautismo del Señor (3,21-22) y nos ofrece un panorama general de la genealogía de Jesús (3,23-38). Al final, los trece versículos del evangelio de el día de hoy (4,1-13) completan este marco narrativo, con el relato de la tentación de Jesús por el demonio, antes del inicio de su actividad pública en las sinagogas de Galilea (4,14-15) .

¿Cuál es la intención de Lucas en esta parte de su evangelio? Demostrar que Jesús no es sólo un profeta como Juan Bautista, sino el Mesías, capaz de bautizar a su pueblo en Espíritu y fuego (3,16). En esta condición, Jesús es el Hijo, que acepta su mesianismo desde la tradición profética de Israel. Será acogido y, al tiempo, rechazado por sus contemporáneos, como lo fueron los profetas en el Viejo Testamento. En esta visión teológica, el Evangelio debe ser anunciado, según el plan divino, tanto a judíos como a gentiles (2,14).

Por eso, el evangelista intercala, entre las escenas del bautismo (3,21-22) y las tentaciones (4,1-13), una genealogía, que une la crónica de Jesús a la de Adán (3,38). ). Así, los que leen de la comunidad de Lucas ven que no sólo la descendencia de Abraham, sino más bien todo el pueblo, en Cristo, verá la salvación del Señor (3,6). En este desarrollo, el Espíritu Santo tendrá un papel primordial tanto en la vida de Jesús (1,35.67; 2,27; 3,16,22; 4,1) como en la vida de la futura comunidad cristiana (Hch 1, 4,8), porque se aprecia, con claridad, el paso del bautismo con agua a la noticia del bautismo en el Espíritu, experimentado por los discípulos el día de Pentecostés (Hch 2).

el texto evangélico

Si comparamos la versión de Lucas con la de Mateo (4,1-11), observaremos que nuestro evangelista organiza de forma diferente el orden de las tres tentaciones. Lucas, en contraste a Mateo, prefirió presentar la parte mucho más alta del Templo de Jerusalén como el sitio de la tercera tentación de Jesús (Lc 4,9). ¿Por qué el evangelista logró esto? Nuestro análisis responderá a esta pregunta inicial.

a) Introducción (vv.1-2): estos versículos nos informan que Jesús volvió del Jordán lleno del Espíritu Santo. El lector está llamado a recordar la escena del bautismo (3,22), episodio en el que el Mesías recibe el Espíritu con vistas a su futura misión (4,18-19). Ese Espíritu lleva a Jesús al desierto, para que logre, como Israel, experimentar el éxodo (Dt 8,2). A lo largo de 40 días, Jesús vive, en verdad, una experiencia de plenitud divina. No come ningún tipo de alimento, puesto que el Espíritu mismo es su maná. El narrador nos comunica, no obstante, que el demonio lo tentó a lo largo de este período.

¿Existe alguna contradicción entre ser lleno del Espíritu y al mismo tiempo tentado por el demonio? Naturalmente no, ya que el desierto, en la Biblia, es al unísono sitio de tentación y de privacidad con Dios. Por ejemplo, durante 40 días Moisés estuvo sin comer ni tomar en el monte Sinaí (Ex- 24,18; 34,28; Dt 9). ,9.11.18). Además de esto, Elías caminó durante 40 días hasta llegar a Horeb, el monte de Dios (1 Reyes 19:8). Durante 40 años, el pueblo de Israel caminó por el desierto hacia la tierra prometida. Por consiguiente, este periodo de 40 días o 40 años señala un tiempo decisivo, un momento fundamental para que una persona o un pueblo asuma, en la existencia de Dios, una nueva etapa en su crónica. En la situacion de Jesús, esta etapa será su actividad pública y su predicación sobre el Reino de Dios.

b) Primera tentación (vv.3-4): El demonio lanza el siguiente desafío a Jesús: “Si eres Hijo de Dios, di que esta piedra se cambie en pan” (v.3). La iniciativa del tentador no radica en el simple acto de saciar el apetito, sino más bien en el uso del propio poder en favor de uno mismo. Jesús sabe que debe usar el poder del Espíritu Santo para liberar a los hombres de todas y cada una de las formas de opresión. Contra el demonio, Jesús cita la Escritura: “No sólo de pan vive el hombre” (Lc 4,4; Dt 8,3).

Su contestación es muy profunda, por el hecho de que significa que Jesús desea vivir su condición de Hijo como hombre unido y obediente a Dios. En el desierto, Israel fue llamado a alimentarse del maná, como señal del cuidado y amor del Señor. También Jesús, sintiéndose amado por el Padre, se pone al servicio de la raza humana y acepta libremente las adversidades futuras de su ministerio mesiánico. En el corazón de su hijo no hay lugar para la desobediencia ni para el abuso de la bondad del Padre.

c) Segunda tentación (vv.5-8): en ese momento, el demonio lleva a Jesús a las alturas y le muestra todos los reinos de la tierra. Para saciar la necesidad humana de poder, el interesante asegura la gloria del mundo a Jesús, con la única condición de que le adore. Muchas veces, el Nuevo Testamento caracteriza al demonio como el gobernante de un mundo que se enfrenta a Dios ya su Reino (2 Cor 4, 4; Jn 12, 31; 14, 30; 16, 1). En realidad, Satanás conocía la promesa de la Escritura, según la cual el Mesías gobernaría y sometería a todos y cada uno de los reinos de la tierra (Sal 2,8; Dn 7,14; Mt 28,18).

Su iniciativa quiere desvirtuar esta promesa y desviar a Jesús del sendero de la cruz y del sufrimiento, reemplazándolo por el sendero de la riqueza y la idolatría del poder. Ante esto, Jesús responde: “Al Señor vuestro Dios adoraréis, ahora él solo serviréis” (Lc 4,8; Dt 6,13; 10,20), puesto que el corazón humano no forma parte al mundo ni a el diablo, sino más bien sólo a Dios. Con esta respuesta, Jesús mira al pasado de la crónica de Israel y reconoce que, a lo largo del sendero por el desierto, el pueblo fue llamado a ser útil al Señor. En este sentido, Jesús tendrá la misma experiencia en su historia, rechazando abrazar toda forma de idolatría y mesianismo político. Su ministerio va a consistir en asumir el proyecto del Padre, con todas sus consecuencias, incluyendo el rechazo y la cruz.

d) Tercera tentación (vv.9-12): tras haber negado cualquier forma de culto y lealtad al diablo, el interesante conduce a Jesús al Templo de Jerusalén, donde Dios es adulado por el pueblo de Israel. Lucas sitúa en este sitio la tercera tentación, ya que, en su evangelio, Jesús camina hacia Jerusalén, donde será crucificado (Lc 22-23). Esta tentación es la peor de todas, por el hecho de que el demonio, al ver que Jesús utiliza la Escritura como su arma de defensa, decide utilizar asimismo el artículo bíblico para confundir a su oponente (Sal 91,11-12). Tanto el Templo como las Escrituras eran los cimientos de la fe israelita.

Astutamente, Satanás recomienda a Jesús la idea de un Dios omnipotente y de una fe achicada a instrumento de manipulación religiosa. El demonio, por ende, pretende convencer a Jesús de ser un Mesías que enseñará a la gente una concepción mágica de lo divino, según la cual Dios se sometería a la intención humana. Ante esto, Jesús le responde: “No tentarás al Señor tu Dios” (Lc 4,12; Dt 6,16; Is 7,12). El Señor, por consiguiente, deja claro que no se puede presenciar a Dios por medio de provocaciones y chantajes emocionales. Como Hijo, Jesús sabe que la auténtica religión radica en una relación libre, cariñosa e incondicional con el Padre.

e) Conclusión (v.13): Lucas relata que el demonio dejó a Jesús para volver en el momento oportuno. Con esto, el evangelista enseña a su lector que la acción mefistofélica no se limita solo al instante que antecede a la actividad pública de Jesús (Lc 3,1-4,13). Este versículo nos lleva a la Pasión del Señor (22,3.31.35), cuando el demonio resurge para tentar a Judas, Pedro y los demás acólitos, así como a Jesús en la cruz (23,35-39).

Para reflejar

a) Vivir la Cuaresma como tiempo de intimidad con el Señor En este tiempo litúrgico, el Espíritu Santo quiere llevarnos también a el desierto. Como Jesús, debemos ser obedientes a su acción para que podamos experimentar el cariño de Dios en nuestra vida. Es tiempo de discernimiento espiritual sobre nuestras actitudes, nuestros límites existenciales y nuestra lealtad al Señor. De manera frecuente contamos miedo del silencio del desierto, mientras escapamos de nosotros mismos y de la verdad de Dios sobre nuestra historia.

Desde esta perspectiva, la Cuaresma es un tiempo especial de privacidad con uno mismo ante Dios Padre, con Jesús, en el Espíritu Santurrón. Si, de hecho, nos reconocemos hijos amados, admitiremos vivir este desarrollo de desarrollo interior. Para esto, necesitamos preguntarnos: ¿Soy capaz de escuchar la voz de Dios en mi corazón? ¿Reservo tiempo para el diálogo con el Señor? ¿Confío en Dios y solicito su ayuda en mis momentos de crisis, padecimiento y soledad? ¿Leo y escucho la Palabra con el deseo sincero de asumir, como Jesús, el emprendimiento de Dios en mi vida? ¿Conozco mis límites y debilidades? ¿Ofrezco mi vida al Padre, uniéndome a la cruz de Cristo?

b) Rememorar la fe y la experiencia de Dios en la vida personal y en la crónica de la comunidad La primera lectura (Dt 26,4-10) presenta el reconocimiento de Dios por la parte de Israel, como aquel que escuchó la voz de sus hijos y los puso libre opresión, miseria y angustia (Dt 26,7). Así, la adoración del Señor y la celebración litúrgica de la fe es una respuesta al amor anterior de Dios por su pueblo.

A la luz de la Escritura, asimismo debemos ver el camino de nuestra vida y también detectar los diversos signos del amor divino. Como acólitos de Jesús, sabemos que nuestra fe se basa en el testimonio de la Iglesia y de las incontables personas que nos han antecedido. Jesús mismo, en su pelea contra el demonio, reanuda la narración de Israel como criterio personal para discernir la voluntad del Padre ¿Recordamos también el sendero del pueblo de Dios? Como comunidad, ¿son nuestras celebraciones la fuente de nuestra espiritualidad y de nuestra relación con el Señor? ¿Recuerdo la vida y las expresiones de Jesús, para que me asistan a discernir los valores y actitudes a asumir en mi vida diaria?

c) Recibir el Evangelio como Palabra de salvación Pablo nos invita a creer en Jesús, reconociéndolo como nuestro Salvador (Rm 10,8-13). Tanto la primera lectura como el salmo nos invitan a invocar a Dios sinceramente y espíritu de adoración. El apóstol asimismo nos exhorta a invocar el nombre del Señor Jesús. Desde esta perspectiva, la fe es el enorme instrumento a través del que podemos vencer al Malvado. Como cristianos, ¿entendemos que la última palabra de nuestra historia es de Cristo? ¡En Cuaresma, estamos llamados a reconocer que su palabra habita dentro de nosotros!

d) Luchar contra el mal mediante la unión espiritual con JesúsEn el evangelio, Jesús nos enseña que la Palabra es nuestra armadura en frente de las tentaciones. No obstante, no es suficiente con conocerlo teóricamente, ya que es necesario experimentarlo en la vida y en el corazón. Con la ayuda del Señor, tenemos la posibilidad de dar pasos significativos en la superación de nuestras dependencias físicas, afectivas y espirituales.

Él no sólo nos enseña el sendero, sino también derrama su gracia en nuestros corazones. Por eso, Jesús nos revela de qué manera tenemos la posibilidad de someter nuestra intención a la voluntad del Señor, cómo podemos vencer el egoísmo y experimentar el cariño del Padre en nuestra vida. ¿Nos encontramos prestos a admitir este bello desafío?¡Un beato domingo para todos!

Esperamos que le gustara nuestro articulo Jesús, en el desierto, fue guiado por el Espíritu y fue
y todo lo relaciona a Dios , al Santo , nuestra iglesia para el Cristiano y Catolico .
Cosas interesantes de saber el significado : Dios