Hoy comienza la novena a San José, esposo de María y Patrono

OFICINA CENTRAL, 10 mar. 21 / 05:00 am (ACI).- El 19 de marzo se festeja una celebración en honor a San José, esposo de María, padre adoptivo de Jesús y Patrono de la Iglesia Universal. El día de hoy empieza la novena en honor al Beato Custodio de la Sagrada Familia.

“En los Evangelios, San José hace aparición como un hombre fuerte y valeroso, trabajador, pero en su alma se siente una gran ternura, que no es la virtud de los débiles, sino más bien todo lo contrario”, dijo el Papa Francisco sobre San José en el momento en que inició su pontificado en 2013.

Con la siguiente novena, podrás rezar todos y cada uno de los días entre el 10 y el 18 de marzo, en preparación para la Celebración de San José el 19 de marzo.

Oración preparatoria para cada día:

Santo dios y Señor, Uno y Trino, Padre, Hijo y Espíritu Beato, creo estar en Tu soberana presencia ahora, cuando pretendo consagrar esta novena a San José.

¡Ayúdanos, San José!

Te adoro con mi corazón, por el hecho de que eres infinitamente bueno y digno de ser amado sobre todas y cada una de las cosas. Te adoro con toda la intensidad de que soy capaz y me arrepiento de los muchos pecados que he cometido contra Tu Divina Majestad.

En esta novena quiero aprender las virtudes que con tanta perfección practicó el glorioso Patriarca San José y obtener por su intercesión las gracias que tanto necesito. Señor, ¿quién soy yo para atreverme a presentarme ante Tu presencia?

Conozco la deficiencia de mis méritos y la multitud de mis errores, por lo que no merezco ser escuchado en mis frases, pero lo que no merezco lo merece el nutricio padre de Jesús; lo que yo no puedo el puede. Vengo, ya que, con toda seguridad, a implorar la clemencia divina, no fundamentada en mi debilidad, sino en el poder y la fuerza de San José. Amén.

Oración pertinente del día. (revisa abajo la oración de cada día de la novena)

Oración final para cada día:

Acuérdate, oh pura Esposa de la Virgen María, oh mi dulce Asegurador San José, que nunca se supo que alguien hubiese invocado tu protección, suplicando tu asistencia y no siendo consolado por ti.

Con mucha confianza me presento frente ustedes para encomendarme fervorosamente a ustedes. No desdeñes mis súplicas, oh padre adoptivo del Redentor, pero dígnate recibirlas piadosamente. Que de este modo sea.

ANT.: José, hijo de David, no temas recibir en tu compañía a María, tu Santa Mujer, porque lo que ella transporta en sus purísimas entrañas es obra del Espíritu Santo.

V. Ruega por nosotros, santísimo José.

A. A fin de que seamos dignos de las promesas de Cristo.

Oremos: Oh Jesús, que por inefable providencia te dignaste escoger al bendito esposo de tu Santa Madre; concédenos que el mismo a quien adoramos como asegurador, merezcamos poseerlo en el cielo por nuestro intercesor. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

Ahora pide la gracia que precisas para conseguir

Para conseguir mejor las gracias solicitadas, rezaremos siete Padrenuestros, siete Avemarías y siete Glorias al Padre en honor de las alegrías y dolores del glorioso Patriarca.

Primer día

Doy merced a la Santísima Trinidad, Muy santo San José, por los muchos privilegios, méritos y virtudes con que os ha enriquecido y, sobre todo, por el gran y singular mérito concedido a pocos de haber sido santificados en el seno de vuestra madre. y confirmado en la felicidad. ¡Qué alegría para tu corazón verte libre del pecado, que es lo único que disgusta a Dios Hijo, que te llamó padre! ¡Qué gracias le diste a la Trinidad Beata por este llamado privilegio! Te felicito, de todo corazón, por la incomparable inocencia que tuviste desde antes de nacer y por la gracia y particular amistad con que Dios mismo te distinguió.

Por este privilegio y por el enorme gozo que les ha provocado, les ruego, amado padre mío, que me consigáis de Dios un enorme odio al pecado, un gran amor a las virtudes y mi eterna salvación. Y como creo que la felicidad que quiero conseguir en esta novena va a ser provechosa para mi salvación, tengo plena confianza en que la obtendréis por vuestra intercesión poderosísima; pero si mi oración no está bien apuntada, enderezadla y rogad al muy, muy bueno Dios por mí. Amén.

Segundo día

¡Qué felicidad para ti, mi glorioso asegurador, ser elegido prodigiosamente como esposo de María Inmaculada!

Me regocijo con nosotros por la enorme satisfacción que experimentasteis aquel feliz día en que asociasteis tu destino al de la Madre de Jesucristo. ¡Qué admiración tendrían por ti los santurrones ángeles, por ser el sostén de la Madre del Verbo Encarnado y, por lo mismo, asimismo asegurador del Hijo de Dios!

Uno mis encomios a los que en aquel día os regalarían los ángeles del cielo y les felicito de todo corazón por haberos regalado a la Reina de los Ángeles y por el celo que habéis puesto en tu servicio. ¡Qué alegría desbordante! ¡Qué joya tener como compañera a la que llevó al Hijo de Dios en su sagrado seno!

¡Qué felicidad tienes, por tu consuelo en tus dolores, el Consolador de los afligidos, por consejera en las adversidades la sabia Madre de Jesucristo y por modelo en las virtudes, la que es el espéculo sin mácula, la Divina Majestad e imagen de Dios! ¡bondad!

Por este enorme favor y esa, te pido, poderosísimo José, la amistad y la gracia de Dios, la constante protección y sostén de María Muy santa. Amén.

Tercer día

¡Qué amarga piedad habrás sentido en tu corazón, gloriosísimo José, en el momento en que, en tu humildad, pensaste que era tu deber separarte de tu mujer María! Apartándote de María, a quien tanto amabas y que respondía a tu amor con amor puro y sincero.

¡Confraternizo contigo por esos momentos de padecimiento y por esa amarga prueba que el Señor te permitió! Por caridad, estuviste junto a la Madre del Hijo Unigénito de Dios. María les perteneció y amó siempre en el amor de Dios. En Su infinito poder, Dios obró en ella las maravillas de Su Divino Amor. Fuiste el mayor testigo de la excelencia operada en María. Ella es el jardín de Dios y el paraíso donde el Hijo tiene miedo, y tú, José, fuiste el ángel custodio de ese jardín, el depositario de ese tesoro eterno.

San José, acepta las honestas felicidades por la parte activa que Dios te dió en el misterio de la Encarnación, y por la unión de Jesús y de su Santísima Madre a tus órdenes.

Por esta gran alegría y asimismo por los méritos de la tristeza que la precedió, te ruego, mi querido padre, que me obtengas de Dios el conocimiento de Jesucristo y la felicidad de preservar una fe tan viva en todos sus secretos, que Puedo estar presto a fallecer antes que dudar de ellos; alcánzame, asimismo, la felicidad que, en esta novena, pretendo alcanzar, si es para mayor gloria de Dios y bien de mi alma. Amén.

Cuarto dia

Castísima Esposa de la Madre del Hijo Unigénito de Dios, me uno a ti en la tristeza que experimentaste en Belén, cuando, llegando allí, tras un doloroso viaje, viste a tu venerada mujer María y al Salvador de todo el mundo, a quien ella llevada en su vientre, desconocida y echada de toda casa y posada.

¡Oh mi amado José, de qué forma sabías entonces que el mundo no es amigo de Cristo, y que es realmente difícil ser útil juntos a 2 señores tan hostiles y contrarios! Dame a Jesús, que gozo te ocasionó en su nacimiento.

¿Las voces de los ángeles diciendo “paz en la tierra a los hombres de buena intención”? se dirigen eminentemente a usted. Admite mis loas por el gran amor que Jesús te mostró, escogiéndote por su padre sustentador y por su poderoso defensor y acompañamiento.

Permíteme, Santurrón gloriosísimo y muy poderoso, llegar donde tú andas, cerca de Jesús, para contemplar su divina santidad y esplendor. Le pedí a Jesús que me diera las gracias recibidas por los pastores y los reyes que fueron a adorarlo en el pesebre; Le pedí asimismo las gracias que quiero obtener en esta novena, si son para mayor gloria de Dios y salvación de mi alma. Amén.

Quinto día

¡Qué gran mal sufriste, nuestro querido San José, en el momento en que viste la preciosísima Sangre de Cristo derramada en la circuncisión! ¿Por qué razón este divino infante debería padecer así a los pocos días de haber nacido? ¡Oh! Siendo Jesús la perfección en persona, ciertamente fue por nuestros errores, este padecimiento.

San José, hazme entender el valor de la Sangre de Jesús para que nunca me falte la mucho más mínima gota; y que esa sangre, cayendo abundantemente sobre mi alma, me lave y purifique enteramente. Permite, San José, que, para obtener tan esencial gracia, me acerque a ti para percibir atentamente y obedecer las enseñanzas del Divino Maestro y recibir las bendiciones y gracias que de él emanan y que, por amabilidad, divino, pasa por tus sagradas manos.

¡Tus santas manos afirman a Jesús, el Salvador de todo el mundo, que quitas los pecados de los hombres! ¡San José, qué alegría tuviste en el momento en que diste el nombre de Jesús al Salvador, sabiendo que ese nombre, la felicidad misma, es la llave que nos abre la puerta del cielo!

Adorador de Cristo, haz que sea Jesús para mí, o sea, mi salvador en esta vida y en la eterna.

Por el adorable nombre de Jesús, te solicito asimismo las gracias que deseo lograr en esta novena, si son para mayor gloria de Dios y bien de mi alma. Amén.

Sexto día

Oh mi buenísimo San José, asegurador y sostén de los desfavorecidos, por ese gozo que experimentaba tu corazón al oír las loas que los doctores de la ley hacen a Cristo Niño, te pido que no me olvides, haz de Jesús, mi Salvador, sé siempre y en todo momento para mí ocasión de resurrección. Fraternizo contigo, paciente José, por la herida que hicieron en tu corazón las palabras de San Simeón, con las que anunció a María que una espada de mal atravesaría su corazón delicado y amantísimo.

¡En tan tremenda ocasión para María, ni siquiera pudiste solucionar estos dolores, ni cuando menos ser testigo de tan horrible sufrimiento, para consolar a tu esposa con tu presencia humana en la Pasión de Cristo!

Yo sí puedo y debo, con mi vida y buenas prácticas, consolar a María, pues culpable, por mis errores, en la muerte de Jesús y en las penas de María, deseo y debo evitar y arreglar estos errores.

Socorre, José muy poderoso, mi pobreza espiritual y poca fuerza, alcánzame de Nuestro Señor la felicidad de no ser nunca, por culpa mía, causante de los dolores de Jesús y de los dolores de María. Alcánzame también la gracia que quiero obtener con el rezo de esta novena, si es para mayor gloria de Dios y salvación de mi alma. Amén.

Séptimo día

San José, permíteme, en espíritu, acompañarte en tu viaje a Egipto para contemplar tus sacrificios e imitar tus virtudes. Todo lo hiciste para defender a Jesús de tantos riesgos y, más que nada, de la desaparición.

¡Qué enorme mal fue para tu amado corazón ver padecer a Jesús ya María! ¡Cuánta sed debieron padecer los tres santísimos peregrinos en el desierto!

Te pido humildemente que me quites la sed de los placeres mundanos y me des el hambre y la sed de todas y cada una de las virtudes, en especial la humildad, la paciencia, la mortificación que mi barro ardientemente desea poseer. Apena las cosas que te entristecen, amantísimo San José, y sé alegrarme de las que te causan alegría.

Experimenta alma mía, conservándose en la felicidad de Dios, exactamente el mismo gozo que experimentó tu especial corazón, en el momento en que al final de cuenta, tras los inconvenientes de una dañina día por el desierto del desierto, viste seguro a Jesús y a María, tu amada esposa, segura en el nuevo hogar. Así como os alegrasteis por la caída de los ídolos de Egipto, de esta forma mi corazón se alegra por la caída de los ídolos de los cariños ingobernables y de las pasiones desordenadas, para que en todo y por todo agrade a Jesús, a la Santísima Madre y a nosotros. mi amado José, que tanto disfrutas en la gloria de Dios. Alcánzame también la gracia que deseo lograr en esta novena, si es para mayor gloria de Dios. Amén.

octavo dia

Confraternizo contigo, tiernísimo José, por las privaciones a que viste sometida a tu querida familia, en la tierra de peregrinación, y por el mismo meritorio destierro, especialmente para la Madre del Hijo de Dios.

Uno mis lágrimas a las que derramaste, en tu corazón, por las penalidades del destierro y por todo cuanto a ti, María y Jesús les faltó en Egipto. ¡Tu familia, que es la familia de Dios, tan tolerante, y me quejo de cada pequeña e insignificante mortificación, por precisa que sea!

Oh mi amado José, por la inmensa alegría que anegó tu corazón cuando Jesús, por primera vez, te dio el dulce nombre de padre, y por la sujeción con que, por primera vez, te rindió el homenaje de su obediencia, Te suplico que me enseñes a obedecer a mis superiores ahora padecer, con paciencia y resignación, las pruebas que la divina Providencia se digna enviarme, para purificarme de mis pecados, o para aumentar mis méritos.

Alcánzame también, por el gozo con que volviste del destierro para vivir en Nazaret, la gracia con que tan humildemente te solicito en esta novena, si no es en menoscabo de mi salvación. Amén.

noveno dia

¡Oh José, llamado por Jesús con el nombre de padre, qué indecible dolor y tormento sería para tu amantísimo corazón haber perdido a Jesús, con quien estaban todos y cada uno de los afectos de tu vida! ¡Qué gran aflicción habéis sentido por no haber encontrado al Niño Jesús entre familiares y populares y por no haber dado noticia alguna de Él!

¿Dónde estaría Jesús? ¿De qué manera podrías vivir si Él fuera tu alegría en la vida? Tú perdiste a Jesús sin culpa tuya, pero yo lo perdí frecuentemente por culpa mía, por mi malicia y mis pecados.

Hazme saber a Jesús y procurarlo con perseverancia, enséñame a obedecerle, enséñame a adorarlo a toda costa. Obtén para mí la gracia de que, desde este momento, nunca más lo pierda por el pecado y que si por desgracia lo pierdo, jamás descansaré en paz hasta que lo halle nuevamente por la felicidad divina.

Te pido esta gracia, por el gozo inefable que experimentaste al conseguir a Jesús en el templo, enseñando, como Divino Maestro, a los doctores de la ley y provocándoles encanto y admiración con sus cuestiones y respuestas.

Intercede a fin de que siempre y en todo momento esté en unión con Jesús y su Santa Iglesia. Conseguí que Jesús esté siempre en mi corazón, con su caridad divina y que, más adelante, pueda gozar de su visión y amistad en el cielo para siempre.

Alcánzame asimismo las gracias que te he pedido todos los días a lo largo de la novena. Confío en que todo cuanto les he pedido, lo recibiré del amor de Dios, a través de nosotros. De ahora en adelante, con la gracia divina, extenderé el poder que el Dios Misericordioso os concede. Amén.

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