Fray Alvaci rinde “homenaje y reparación” a la memoria de la Hermandad

São Paulo-SP) – “Rememorar, rezar y festejar con las cofradías católicas ‘negras’ de São Paulo en entre los espacios más viejos que se sostienen en pie, donde a lo largo de mucho tiempo se organizó uno de estos conjuntos, es sin duda un homenaje y una reparación a la memoria y la historia de tantos hermanos y hermanas que aquí vertieron sudor y lágrimas, que cantaron sus alabanzas y aquí tocaron sus tambores”. Fue con esta conmovedora confesión que fray Alvaci Mendes da Luz, historiador y fraile de la Provincia Franciscana de la Imaculada Conceição, charló de la Hermandad de São Benedito, que fue objeto de su estudio durante diez años y se convirtió en el libro “Um Preto no Altar”, que se inauguró este sábado 1 de abril en el Convento São Francisco.

Antes de la Misa de alabanza a São Benedito, a las 14 horas, Fray Alvaci firmó autógrafos y habló sobre el libro ante un público que llenó el Salón São Dâmaso. Según él, el libro analiza el periodo de mayor autonomía administrativa y financiera de la Hermandad de São Benedito en la localidad de São Paulo, cuando la iglesia del Convento São Francisco estuvo bajo su cuidado por más de 80 años.

La Misa, a las 15 horas, fue presidida por el capellán Padre Luiz Fernando de Oliveira, de la Iglesia Nossa Senhora do Rosário dos Homens Pretos, en Largo do Paissandu; por el padre José Enes de Jesus, de la Pastoral Afro de la Arquidiócesis de São Paulo, y por Fray Alvaci.

En la homilía, fray Alvaci mencionó que la celebración ahora nos ubica en la dinámica del Domingo de Ramos, del siervo que sufre y de aquel que, por amor, hizo una donación a toda la raza humana. “Estamos convidados a hacer de este acercamiento de celebración nuestra entrada privada a la ‘Semana das Weeks’, la ‘Grande Semana’”, dijo el fraile que vive en Itatiba y está al servicio de la Educación en la Universidad São Francisco.

“Pero asimismo en esta celebración y en este sitio sagrado, llamado Iglesia de São Francisco, nos encontramos recordando a todas y cada una de las cofradías católicas, particularmente las Cofradías de ‘hombres negros’, mujeres negras, gente morocha, dijo, recordando algunas de estas cofradías que fueron y importan aquí en la localidad de São Paulo: Nuestra Señora del Rosario de los Hombres Negros de Paissandu, de Nuestra Señora del Rosario de los Hombres Negros de Penha de França, de São Benedito da Casa Verde y la los extintos de Santa Efigênia y Santo Elesbão, Nossa Senhora da Boa Morte, São Gonçalo Garcia, entre otros. “Y de manera aún mucho más especial, quisiera traer a la memoria la Hermandad de São Benedito dos Homens Pretos do Largo São Francisco”, destacó.

“Sí, hermanos y hermanas, durante casi tres siglos aquí en esta iglesia, varios hombres y mujeres negros se han reunido para rezar, tocar tambores, bailar, sepultar a sus fallecidos, para soliciar ayuda e intercesión de São Benedito en el momento de pelear por derechos, unir un poco de dinero para obtener una carta de manumisión con la ayuda de los hermanos de la fraternidad, pedir apoyo en el momento de construir una casa entre tantas otras formas de asistencia recíproca que el espacio de la hermandad São Benedito era para los negros y hermanos y hermanas negros que vivieron aquí, rezaron, fallecieron y fueron sepultados”, explicó Fray Alvaci.

Según él, reunir a hombres y mujeres esclavizados o libres, nacidos en África o Brasil, bajo la advocación del santurrón negro Benedito, no era una particularidad de las Hermandades Católicas de São Paulo. “En todo Brasil siempre y en todo momento hay una devoción popular, una celebración cultural o una hermandad dedicada al santurrón franciscano negro. En estos sitios y bajo la advocación de este santurrón, se reunieron, y aún se reúnen, innumerables devotos y devotas”, resaltó.

Según él, Benedito Manasseri (este apellido italiano procede de la familia que esclavizó a sus padres) o São Benedito, apodado “el moro”, “el negro”, “el africano”, se hizo popular y devoto en tierras brasileiras. Benedito es hijo de progenitores etiopes, quienes fueron subordinados por una familia en lo que ahora es la zona italiana de Sicilia. “Fue en esa zona insular de Italia donde nació a inicios del siglo XVI, el mismo periodo en el que se intensificó el tráfico y la esclavitud de seres humanos en todo el mundo, la enorme mayoría desarraigada a la fuerza de tierras africanas. El niño Benedito habría recibido la independencia al nacer, lo que no fue algo tan simple, ya que el hijo de una esclava es un esclavo”, explicó fray Alvaci. Según él, Benedito se unió a un grupo de ermitaños franciscanos que vivían aislados en cuevas y grutas de la región. “En la facilidad y la pobreza, viviendo de dádivas y donaciones, vivió allí durante más de 20 años hasta el momento en que lo enviaron a un convento en Palermo, donde se ocupó de la cocina, la comida, la portería y, al final, se transformó en el superior de aquella casa de frailes si bien no era sacerdote y no sabía leer ni redactar”, recordó.

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Benedito murió con popularidad de santidad el 4 de abril de 1589, a los 65 años, en exactamente el mismo convento de Santa María, en Palermo. “Incluso antes de su beatificación y canonización, ahora se había convertido en la principal devoción católica de los hombres y mujeres negros de América Latina, junto a Nuestra Señora del Rosario, por supuesto”, ha dicho el fraile.

“No es casualidad, hasta hoy, su devoción y su fiesta, celebrada en el mundo entero el 4 de abril (Brasil es una excepción, puesto que la CNBB decidió centralizar la fiesta el 5 de octubre) está relacionada con las memorias de abolengo. los reisados ​​y congadas y la relación con la comida (todo muy familiar, de casa). Es el santurrón de la oratoria en la cocina, por poner un ejemplo, del primer café de la mañana (recordando las ofrendas que los negros podían hacerle al beato cuando trabajaban en los cafetales), de las relaciones con la comida y la prosperidad. Es el hombre negro con el niño blanco en brazos, es el vínculo entre África y Brasil, entre el pasado y el presente, entre la libertad y la ascendencia”, describió fray Alvaci.

Para el fraile, en esta Misa en la que se recuerda la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén y al tiempo se recuerda su pasión y padecimiento, “recordamos a innumerables hombres y mujeres, negros y morenas, negros y pardos e indígenas que sufrieron en el cuerpo las crueldades de la esclavitud. Aquí en esta iglesia y en tantas otras en la ciudad de São Paulo y en todo Brasil, hicieron nudos, desarrollaron estrategias de resistencia, cuidaron el cuerpo débil y enterraron los cuerpos sin vida de sus hermanos. De manera frecuente a la sombra o en los percances de la religión oficial establecida, que con frecuencia los miraba con desconfianza, en ocasiones incluso acusándolos de ’emular devoción al beato’ para sostener sus ‘verdaderos ritos y prácticas africanos’. Aun así, hicieron memoria, marcaron historia y recrearon lazos cerca de una santa mascota que los unía”, resaltó.

“Por eso esta celebración es asimismo un acto de resistencia, ya que trae a la memoria y al altar de la Eucaristía innumerables nombres extraños de hombres y mujeres que por aquí pasaron, que aquí rezaron y que aquí fueron sepultados. Para que tenga una idea, en su auge, la Hermandad de São Benedito do Largo São Francisco tenía más de 2 mil hermanos y la celebración habitual que había en Largo São Francisco, estructurada por ellos, solo se extinguió finalmente en la época de Siglo XIX del siglo XX”, recordó.

Chiquinho, un niño para cuidar el legado de las riñas

Para el fraile, Benedito todavía está aquí y en varias otras iglesias de São Paulo, siempre y en todo momento que se encuentra en la memoria de los negros y negras que aún lo invocan como asegurador, familiar y colega. Fr. Alvaci finalizó su homilía pidiendo vítores a las cofradías negras y fue aplaudido. El padre Luiz Fernando mencionó que en el momento en que alguien, como Fray Alvaci, predomina en un trabajo como este, se le puede llamar “negro de honor”.

Al son de los tambores, la celebración contó con la procesión de los estandartes de las Cofradías y se llevó al altar una pequeña imagen de São Benedito, donde la hermosa imagen de São Benedito bajó del altar del costado para estar mucho más cerca del pueblo.

“Les agradecemos por esta hermosa celebración y por este instante histórico que nos trajo Frei, que nos conmovió asimismo, y nos hace tener un enorme compromiso. Que estemos aquí todos los años, al menos una vez al año, a lo largo de la celebración de São Benedito, para alabar a la primera red social, que sabe ver la primera imagen de São Benedito en la localidad de São Paulo. Es un instante histórico y un momento que nos alegra ser parte de esta situación. Que nuestra celebración no sea solo un momento de gracia, sino más bien un compromiso de las comunidades negras, de las distintas cofradías y de los devotos de São Benedito”, ha dicho el padre Luiz Fernando.

En la Oración de los Leales, instante simbólico con la presencia del niño Chiquinho, que fue uno de los representantes del pueblo en la distribución de la banda presidencial al Presidente Luiz Inácio Lula da Silva. Francisco tiene 10 años, vive en Itaquera, en las afueras de São Paulo. En 2019, estuvo en Curitiba para decir “Buenos días presidente Lula”. En 2019 asimismo estuvo en el Juego MST – Amigos do Lula y Amigos do Chico Buarque. Es hijo de una trabajadora social y una abogada que trabajan en causas sociales, quienes estuvieron presentes en la celebración.


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