El Papa visita al gran Ayatolá Ali-Sistani, líder de la

BAGDAD, 06 de marzo. 21/04:41 am (ACI).- El papa Francisco continuó su viaje apostólico a Irak y este sábado 6 de marzo realizó una visita de cortesía al líder musulmán chiíta, el enorme ayatolá Ali al-Sistani, cuya predominación política y religiosa en Irak después de la guerra es de gran importancia.

El Santurrón Padre salió de Bagdad a las 7.45 hora local y llegó a la ciudad santa de Nayaf, donde reside Al-Sistani, a las 8.30 horas.

Con este encuentro, el Pontífice dio un impulso al diálogo con la rama chiita del islam, afín al que dio en 2017 con su visita al Enorme Imán de Al-Azhar en Egipto, principal líder religioso de los musulmanes sunitas. Unos años más tarde, el 4 de febrero de 2019, el Papa y el Imán de Al-Azhar firmaron un documento sobre la fraternidad humana.

La ciudad de Najaf, situada en el centro de Irak, es el primordial centro espiritual de los musulmanes chiítas de Irak y la tercera ciudad santa más esencial para esta rama del Islam después de La Meca y Medina.

La Mezquita Imam Ali aloja la tumba de Ali ibn Abi Talib, primo y yerno de Mahoma y la primera persona en transformarse al Islam.

La residencia del gran ayatolá Al-Sistani se encuentra en la mezquita, donde según la tradición chiíta, asimismo están enterrados Adán y Eva. El origen de la mezquita se remonta al año 786, si bien ha sido reconstruida múltiples ocasiones.

El edificio de hoy data de 1632. En 1991 se le dio particular importancia al edificio durante el levantamiento chiíta contra el dictador Saddam Hussein. Los miembros de la oposición chiita se refugiaron en el templo. La Guarda Republicana invadió el edificio y los masacró a todos, aparte de ocasionar graves daños a la mezquita.

El Enorme Ayatolá Ali al-Sistani de 90 años nació el 4 de agosto de 1930 en Mashad, Van a ir. Es el primordial referente espiritual de los chiítas iraquíes, una voz relevante en el mundo chiíta, y director de la hawza de Najaf, el seminario espiritual Duodeciman (corriente teológica islámica de base de los chiítas).

Al-Sistani nació en una familia profundamente religiosa. Desde muy joven, se entregó al estudio del Corán. A los 20 años se trasladó al centro espiritual de Najaf, donde continuó sus estudios como acólito del Gran Ayatolá Abu al-Qasim al-Khoei, convirtiéndose en su sustituto.

Su espiritualidad, extenso conocimiento teológico y neutralidad política le triunfaron el respeto no solo de los chiítas, sino también de los sunitas y kurdos.

Al-Sistani siempre y en todo momento ha defendido que las autoridades religiosas deben abstenerse de la intervención política directa, principio que siempre y en todo momento se ha seguido y impulsado y que le ha llevado a transformarse en un interlocutor válido para diversas corrientes políticas.

Tras la caída del régimen de Saddam Hussein en 2003, envió un mensaje al pueblo iraquí en el que expresó su deseo de que el país se reconstruya, sin tener en cuenta los conflictos sectarios y étnicos.

En 2004, durante la llamada Batalla de Najaf, que encaró a las fuerzas militares estadounidenses e iraquíes contra la milicia chiíta de Muqtada al-Sadr, famosa como el Ejército Mahdi, Al-Sistani intervino para llegar a una tregua.

En exactamente el mismo año, 2004, apoyó selecciones libres en Irak. Ese acompañamiento significó legitimar las reformas democráticas del país implicando a la red social chiíta en el proyecto, que hasta la actualidad desconfiaba de un desarrollo dirigido por Estados Unidos.

Al-Sistani apoyó la separación de religión y política y apoyó un gobierno civil basado en la intención del pueblo.

Durante la ola de violencia sectaria que estalló entre 2006 y 2007, tras el ataque terrorista a varios santuarios en Samarra, Al-Sistani intervino de nuevo para condenar y terminar a la crueldad.

En 2014, su intervención fue de nuevo fundamental para poder la unidad del país en frente de la violencia y la guerra. Ese año, tras la ofensiva de los terroristas del Estado Islámico que lograron tomar el control del norte de Irak, llamó a los iraquíes a unirse sin importar su origen étnico o creencias religiosas para luchar contra los yihadistas.

Una cantidad enorme de voluntarios respondieron al llamado y formaron las Fuerzas de Movilización Habitual, que jugaron un papel vital en la confrontación con el Estado Islámico.

A lo largo de las manifestaciones populares de 2019 contra la corrupción, la crisis económica y la inestabilidad a nivel político, Al-Sistani llamó a los participantes de la manifestación y a la policía a sostener la calma y no tener enfrentamientos violentos.

Además, pidió la renuncia del gobierno y una reforma electoral que responda a las demandas ciudadanas. En respuesta, el Primer Ministro presentó su dimisión y el Parlamento aprobó la reforma electoral.

Tras la visita, la Oficina de Prensa del Vaticano emitió un corto comunicado sobre el acercamiento:

“El Santurrón Padre se reunió esta mañana con el Enorme Ayatolá Sayyid Ali Al-Husayni en Najaf, Sr. Al-Sistani.

Durante la visita de cortesía, que duró unos cuarenta y cinco minutos, el Santurrón Padre resaltó la importancia de la colaboración y la amistad entre las comunidades religiosas porque, cultivando el respeto mutuo y el diálogo, podemos contribuir al bien de Irak, de la zona y de toda la humanidad.

El encuentro fue una oportunidad a fin de que el Papa agradeciese al Enorme Ayatolá Al-Sistani pues, junto a la comunidad chiita, ante la violencia y las considerables adversidades de los últimos años, ha alzado su voz en defensa de los más enclenques y perseguidos, afirmando el carácter sagrado de la vida humana y la relevancia de la unidad del pueblo iraquí.

Al despedirse del Enorme Ayatolá, el Santurrón Padre repitió sus frases a Dios, constructor de todo, por un futuro de paz y fraternidad para la amada tierra de Irak, para Oriente Medio y para el planeta entero”.

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