El Papa Francisco nos invita a vivir estas dos “transgresiones” del

Vaticano, 14 de febrero. 21/09:31 am (ACI).- El Papa Francisco encabezó el rezo del Ángelus este domingo 14 de febrero desde la ventana del Palacio Apostólico del Vaticano y también invitó a los fieles a vivir 2 “transgresiones” concretas que aparecen en el Evangelio .

El Pontífice se refería a la escena de la curación del leproso por Jesús contenida en el Evangelio de San Marcos.

En tiempos de Jesús, “los leprosos eran considerados repulsivos y, según las prescripciones de la Ley, debían mantenerse fuera de los lugares poblados. Fueron excluidos de todas las relaciones humanas, sociales y religiosas”.

Jesús, en cambio, “deja que ese hombre se le acerque, se conmovió, incluso alargó la mano y lo tocó”.

Así, resaltó el Papa, «cumple la Buena Novedad que comunica: Dios se realizó cercano a nuestra vida, se compadece del destino de la humanidad herida y viene a derribar todas las barreras que nos previenen vivir nuestra relación con él, con el resto y con nosotros mismos”.

Es exactamente allí donde están las dos “transgresiones”: “El leproso que se aproxima a Jesús y Jesús que, movido por la compasión, lo toca para curarlo”.

“La primera transgresión es la del leproso: pese a las prescripciones de la Ley, sale del aislamiento y se aproxima a Jesús. Su enfermedad fue considerada un castigo divino, pero en Jesús pudo ver otro rostro de Dios: no el Dios que castiga, sino el Padre de compasión y amor, que nos libra del pecado y nunca nos excluye de su clemencia”.

De esta forma, “que el hombre pueda salir de su aislamiento, porque en Jesús halla a Dios que comparte su dolor. La actitud de Jesús lo atrae, lo realiza salir de sí mismo y confiarle su dolorosa historia”.

La segunda transgresión “es la de Jesús: mientras que la Ley prohibía tocar a los leprosos, él se conmueve, prolonga la mano y lo toca para curarlo. Algunos afirmarán: ‘Pecó, lo tocó, logró lo que la ley prohíbe. Es un transgresor’. Y sí, es cierto que fue un transgresor. Dios es un enorme ‘transgresor’ en este sentido”.

Jesús “no se restringe a las expresiones, sino que lo toca. Tocar con amor significa detallar una relación, ingresar en comunión, meterse en la vida del otro hasta el punto de compartir aun sus heridas”.

Con este gesto, “Jesús revela que Dios no es indiferente, no almacena la ‘distancia de seguridad’; al revés, se aproxima con compasión y toca nuestra vida para sanarla”.

El Beato Padre lamentó que “aún hoy en el planeta muchos de nuestros hermanos y hermanas sufren esta enfermedad, o de otras patologías y condiciones a las que, por desgracia, están asociados los prejuicios sociales”.

En ciertos casos, “hay aun discriminación religiosa. Pero nos puede pasar a cada uno de nosotros presenciar lesiones, descalabros, sufrimientos, egoísmos que nos aíslan de Dios y de los demás”.

Frente todo esto, “Jesús anuncia que Dios no es un concepto o una doctrina abstracta, sino Aquel que se ‘contamina’ con nuestra humanidad herida y no posee miedo de entrar en contacto con nuestras heridas”.

“Para cumplir con las reglas de la buena reputación y las prácticas sociales, de manera frecuente silenciamos nuestro mal o empleamos máscaras para ocultarlo. Para conciliar los cálculos de nuestro egoísmo o las leyes internas de nuestros temores, no nos involucremos demasiado en el padecimiento del resto”, apuntó.

Por el contrario, «pidamos al Señor la gracia de vivir estas 2 ‘transgresiones’ del Evangelio de el día de hoy, la del leproso, para que tengamos el valor de salir de nuestro aislamiento y, en lugar de quedarnos allí sintiendo pena por nosotros mismos o llorando por nuestras faltas, ven a Jesús como somos”.

Y después “la transgresión de Jesús: un amor que nos lleva a ir más allá de las convenciones, que vence los prejuicios y el miedo a involucrarnos en la vida del resto. Que la Virgen María, a quien en este momento invocamos en el rezo del Ángelus, nos acompañe en este sendero”, concluyó el Papa Francisco.

Publicado inicialmente en ACI Press. Traducido y adaptado por Natalia Zimbrão.

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