El Papa en la Audiencia General: quien reza no se engaña

El Papa en la Audiencia General: quien reza no se engaña

El Papa en la Audiencia General: quien reza no se engaña

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El Libro de los Salmos “se compone sólo de oraciones.

Un libro que se transformó en patria, gimnasio y hogar de innumerables frases.

Forma parte de los libros sapienciales, por el hecho de que comunica “comprender rezar” a través de la experiencia del diálogo con Dios”, ha dicho Francisco.

Mariangela Jaguraba – Vatican News

“La oración de los Salmos” fue el tema de la catequesis del Papa Francisco en la Audiencia General, este miércoles (14/10), conmemorada en el Sala Pablo VI, a causa del día lluvioso aquí en Roma.

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O Libro de los Salmos “Se compone solo de oraciones.

Un libro que se transformó en patria, gimnasio y hogar de innumerables frases.

Forma parte de los libros sapienciales, pues comunica “entender rezar” mediante la experiencia del diálogo con Dios.

En los cánticos encontramos todos y cada uno de los sentimientos humanos: alegrías, tristezas, dudas, esperanzas y amarguras que tiñen nuestra vida”, ha dicho el Pontífice.

Los Salmos son invocaciones

“O Catecismo afirma que cada salmo “es de semejante sobriedad que puede, con verdad, ser rezado por hombres de cualquier condición y de siempre”.

Al leer y releer los salmos, aprendemos el lenguaje de la oración.

Los salmos son la palabra de Dios que empleamos los humanos para hablar con Él”, destacó el Papa, y añadió:

En este libro no podemos encontrar personas etéreas o abstractas, personas que confunden la oración con una experiencia estética o alienante.

Los salmos no son contenidos escritos compuestos teóricamente, son invocaciones, de manera frecuente dramáticas, que nacen de la experiencia viva de la existencia.

Para recitarlos, es suficiente con ser quienes somos.

Para rezar bien, debemos orar como somos.

No maquillaje.

No maquilléis el alma para orar.

“Señor, yo soy de este modo”.

Ir delante de Dios como somos, con las cosas lindas y feas que nadie sabe, pero sabemos por la parte interior.

En los cánticos escuchamos las voces de oraciones de carne y hueso, cuya vida, como la de todos, está llena de inconvenientes, adversidades e incertidumbres.

El salmista no contesta radicalmente este padecimiento: sabe que forma parte a la vida.

No obstante, en los salmos el sufrimiento se convierte en cuestionamiento.

Según el Papa, “entre las muchas preguntas, hay una que queda suspendida, como un grito incesante que recorre por todos lados a lo largo del libro: “¿Cuánto tiempo Señor? ¿Hasta cuando?” Todo dolor pide liberación, toda lágrima invoca consuelo, toda herida espera curación, toda calumnia una sentencia de absolución. ¿Cuánto tiempo deberé sufrir por ello??”

La persona que ora es preciosa a los ojos de Dios

“Al hacer constantemente tales preguntas, los cánticos nos enseñan a no acostumbrarnos al dolor y nos recuerdan que la vida no se salva si no se cura.

La existencia del hombre es un soplo, su crónica es fugaz, pero el que ora sabe que es bello a los ojos de Dios, y por eso tiene sentido gritar.

Y esto es importante.

Cuando vamos a orar, lo hacemos pues entendemos que somos hermosos a los ojos de Dios.

Es la felicidad del Espíritu Santurrón en nuestro interior que nos impulsa a proceder a esa sabiduría que somos hermosos a los ojos de Dios.” LEER TAMBIÉN 14/10/2020

La oración de los salmos da testimonio de este grito: un grito múltiple, pues en la vida el dolor adopta mil formas, y tiene el nombre de patología, odio, guerra, persecución, desconfianza… Aun el supremo “escándalo”, el de la desaparición.

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La muerte hace aparición en el Salterio como el enemigo más irracional del hombre: ¿qué crimen merece un castigo tan despiadado, que implica aniquilamiento y fin? La oración de los salmos pide a Dios que intervenga donde todos los sacrificios humanos son en balde.

De ahí que la oración, ya en sí, es sendero de salvación y principio de salvación.

Las lágrimas no son universales.

Francisco recordó que “en este planeta todos padecen: creamos en Dios o lo rechacemos.

Pero en el Salterio, el dolor se vuelve relación: un grito de asistencia esperando hallar un oído atento.

No puede mantenerse sin ningún sentido, sin propósito.

Incluso los dolores que sufrimos no pueden ser sólo casos concretos de una ley universal: son siempre “mis” lágrimas”.

Y agregó:

Piénsalo, las lágrimas no son universales.

Son mis lágrimas.

Cada uno de ellos tiene el suyo.

Mis lágrimas, mis dolores me impulsan a proseguir adelante con la oración.

Son mis lágrimas que absolutamente nadie ha vertido antes que yo.

Varios lloraron, varios, pero mis lágrimas son mías, mi mal es mío, mi padecimiento es mío.

El Papa dijo que antes de ingresar en el Sala Pablo VI se reunió con el padres del sacerdote de la diócesis de Como, Italia, que fue “ejecutado en su servicio para asistir.

Las lágrimas de esos padres son sus lágrimas y cada uno de ellos sabe cuánto sufrió al notar a su hijo que dio su vida al servicio de los pobres.

Cuando queremos consolar a alguien, no encontramos palabras, pues no alcanzamos su mal, pues su dolor es el tuyo, las lágrimas son tuyas.

Nosotros también.

El dolor es mío, las lágrimas son mías.

Con estas lágrimas y este mal me dirijo a Dios.

Para Dios todos los dolores de los hombres son sagrados“.

La puerta de Dios está abierta.

“Ante Dios no somos extraños, ni números.

Somos rostros y corazones, conocidos uno a la vez por su nombre.

En los cánticos, el creyente halla una contestación.

Sabe que aunque todas y cada una de las puertas humanas estuviesen cerradas, la puerta de Dios está abierta. Si bien el planeta entero hubiese emitido un veredicto de condenación, en Dios está la salvación”, añadió el Papa.

“El Señor escucha”: a veces en la oración basta saber esto.

Los problemas no en todos los casos se resuelven.

Quien reza no se engaña: sabe que muchas cuestiones de la vida terrena quedan sin solucionar, sin salida; el padecimiento nos acompañará y tras vencer una batalla, va a haber otras que nos esperan.

Pero si somos escuchados, todo se vuelve más llevadero.

Según Francisco, “lo malo que puede pasar es padecer en el abandono, sin ser recordado.

De esto es de lo que nos salva la oración.

Pues puede suceder, e inclusive de forma frecuente, que no comprendamos los planes de Dios.

Pero nuestros chillidos no se estancan aquí en la tierra: se elevan hacia Aquel que tiene corazón de Padre y llora por cada hijo e hija que sufre y muere”.

“Me hace bien en los momentos tristes meditar en Jesús que lloraba, en el momento en que lloraba mirando a Jerusalén, cuando lloraba ante la tumba de Lázaro.

Dios lloró por mí.

Dios llora por nuestros dolores, Dios deseó hacerse hombre para lograr plañir.

Pensar que Jesús llora conmigo en el dolor es un consuelo.

Nos ayuda a seguir adelante.

Si continuamos con relación a Él, la vida no nos ahorra sufrimientos, sino se abre a un enorme horizonte de bien y se dirige hacia su realización.

¡Coraje! Adelante con la oración.

Jesús está siempre y en todo momento con nosotros”, concluyó el Pontífice.

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Etiquetas: PapaFrancisco.

Esperamos que le gustara nuestro articulo El Papa en la Audiencia General: quien reza no se engaña
y todo lo relaciona a Dios , al Santo , nuestra iglesia para el Cristiano y Catolico .
Cosas interesantes de saber el significado : Dios