El Papa en la Audiencia General: la lucha con Dios, una metáfora

El Papa en la Audiencia General: la lucha con Dios, una metáfora

“La oración de Jacob” fue el tema de la catequesis del Pontífice este miércoles. “Desde esa noche, por medio de una pelea que duró un buen tiempo y que prácticamente lo vio sucumbir, el patriarca salió transformado. En esta ocasión ya no es el dueño de la situación, ya no es el estratega ni el ambicioso. Dios lo devuelve a su verdad de mortal que tiembla y tiene temor”, dijo el Papa.

Novedades del Vaticano

El Papa Francisco continuó con el tema de la oración en la Audiencia General, este miércoles (06/10), celebrada en la Biblioteca del Palacio Apostólico.

“La oración de Jacob” fue el tema de la catequesis del Pontífice, que comenzó con un fragmento del libro del Génesis que relata los hechos de hombres y mujeres de tiempos remotos, contándonos historias en las que reflejar nuestra vida.

“En el ciclo de los patriarcas encontramos también el de un hombre que había hecho de la astucia su mejor talento: Jacob. La historia bíblica nos comenta la difícil relación que tuvo Jacob con su hermano Esaú. Desde pequeños existió entre ellos una rivalidad que jamás se resolvió. Jacob es el segundo hijo, pero a través del engaño logra obtener la bendición y el don de la primogenitura de su padre Isaac. Es solo el primero de una extendida serie de trucos que este hombre sin escrúpulos es con la capacidad de llevar a cabo. El nombre ‘Jacob’ significa algo de alguien que sabe moverse no directamente. Significa astucia en el movimiento.

Obligado a huir de su hermano, semeja tener éxito en todos los sacrificios de su historia. Es hábil en los negocios: se vuelve riquísimo, transformándose en dueño de un enorme rebaño. Con perserverancia y paciencia logra casarse con la mucho más bella de las hijas de Labán, de quien se encontraba realmente enamorado. Jacob, diríamos en lenguaje moderno, es un hombre que “se realizó a sí mismo”, con su perspicacia, con su astucia, logró apoderarse todo cuanto quiso. Pero te andas perdiendo algo. Carece de una relación viva con sus raíces.

Jacob luchó hasta que despertó el alba

“Un día extraña su hogar, su vieja patria, donde aún vivía Esaú, el hermano con el que siempre y en todo momento había tenido malas relaciones. Jacob partió y también logró un largo viaje con una caravana de personas y animales, hasta llegar a la última etapa, el río Jaboc. Aquí el Libro de Génesis nos ofrece una página memorable”, dijo el Papa. Relata que el patriarca, “después de haber hecho atravesar el torrente a toda su gente y ganado, se queda solo en la orilla extranjera. Y piensa: ¿qué le espera al día después? ¿Qué va a hacer tu hermano Esaú? La cabeza de Jacob es un torbellino de pensamientos. Cuando cae la noche, de súbito un extraño lo sujeta y empieza a luchar con él”.

Francis luego citó un extracto del Catecismo de la Iglesia Católica lo que explica esta historia: “La tradición espiritual de la Iglesia vio en este relato el símbolo de la oración como lucha de la fe y victoria de la perseverancia”.

Jacob luchó hasta el amanecer, sin dejar jamás las garras de su contrincante. En el final, fue derrotado, golpeado por su contrincante en el nervio ciático, dejándolo lisiado de por vida. Este misterioso luchador pregunta el nombre del patriarca, diciéndole: “No te llamarás Jacob, sino Israel”. No vas a ser el hombre que anda así, sino recto. Cambia tu nombre, cambia tu vida, cambia tu actitud; vas a ser llamado Israel, “por el hecho de que luchaste con Dios y con los hombres y conseguiste vencer!”. Entonces Jacob también le solicita al otro: “Por favor, dime tu nombre”. Él no lo revela, pero lo bendice a cambio. Jacob se da cuenta de que se encontró con Dios “cara a cara”.

El patriarca salió transformado

Peleando con Dios: una metáfora de la oración. En otras ocasiones, Jacob se había exhibido con la capacidad de hablar con Dios, de sentirlo como una presencia amiga y próxima. Pero a partir de esa noche, mediante una lucha que duró bastante tiempo y que casi lo vio ceder, el patriarca salió transformado. Cambia el nombre, cambia la forma de vida y cambia la personalidad. Se marcha modificado, por el hecho de que Jacob en la riña tuvo miedo. En esta ocasión por el momento no es el dueño de la situación, por el momento no es el estratega ni el ambicioso; Dios lo devuelve a su verdad de mortal que treme y tiene miedo. Por vez primera, a Jacob no le queda nada que presentar a Dios sino su fragilidad y también impotencia, y asimismo sus pecados. Y es este Jacob el que recibe la bendición de Dios, con la que entra en la tierra prometida cojo: vulnerable y herido, pero con un corazón nuevo.

El Papa luego contó una historia: “Una vez escuché a un adulto mayor decir: ¡buen hombre, buen cristiano, pero pecador! —que tenía tanta seguridad en Dios, y ha dicho: “Dios me va a ayudar; no me dejará solo. Entraré en el paraíso, cojeando, pero voy a entrar”. Antes, Jacóera un hombre seguro de sí, confiaba en su astucia. Era un hombre impermeable a la felicidad, refractario a la misericordia. Yo no sabía lo que era la misericordia. ¡Fue el! “Estoy aqui. ¡Yo ordeno!” No precisaba clemencia, se escuchaba a sí mismo. Pero Dios salvó lo que se había perdido. Le hizo entender que estaba limitado, que era un pecador necesitado de clemencia, y lo salvó.

Cambiemos por Dios

Francisco concluyó su catequesis diciendo que “todos tenemos un acercamiento con Dios en la noche de nuestra vida, en las muchas noches de nuestra vida: momentos oscuros, momentos de pecado, momentos de desorientación. Ahí hay un encuentro con Dios, siempre y en todo momento”.

“Él nos sorprenderá por lo menos lo esperemos, cuando nos encontremos realmente solos. Esa noche, peleando contra lo irreconocible, vamos a tomar conciencia de que somos pobres hombres, me dejo decir, “pobres”, pero, en ese instante, cuando me siento pobre, no debemos temer: por el hecho de que en ese mismo momento Dios nos dará un nombre nuevo, que contiene el sentido de toda nuestra vida; Él cambiará nuestros corazones y nos va a dar la bendición reservada para esos que se han dejado transformar por Él”.. Esta es una hermosa convidación a dejarnos cambiar por Dios. Él sabe de qué manera hacerlo, por el hecho de que nos conoce a cada uno de nosotros. “Señor, tú me conoces”, podemos decir cada uno de ellos. “Señor, tú me conoces. Cambiame”.

Esperamos que le gustara nuestro articulo El Papa en la Audiencia General: la lucha con Dios, una metáfora
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Cosas interesantes de saber el significado : Dios