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Carta pastoral en defensa de la vida humana por nacer del obispo de Cork & Ross

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Carta pastoral en defensa de la vida humana por nacer del obispo de Cork & Ross

Muy Reverendo y Querido Padre,

El Gobierno propone introducir legislación por primera vez en la historia de Irlanda que dispondrá la terminación directa e intencional de la vida de seres humanos inocentes. Pocas otras acciones de un Gobierno socavan más profundamente nuestros valores como pueblo. Siempre es gravemente incorrecto terminar o destruir deliberadamente una vida humana o facilitar esto a través de la legislación. El sábado pasado, decenas de miles de mujeres, hombres y niños se reunieron en Dublín para expresar su apoyo a la igualdad de derecho a la vida de las madres y sus hijos por nacer.

Toda vida humana es sagrada. Cada vida humana es preciosa. “Antes de formarte en el vientre te conocí” (Jeremías 1:5). La biología y la tecnología muestran que la vida humana individual comienza en la concepción. El niño en el vientre materno debe gozar de los mismos derechos humanos que todas las demás personas, entre los cuales se encuentra el derecho inatacable de una persona inocente a la vida. Los derechos humanos se derivan de nuestra propia naturaleza como seres humanos. No existe tal cosa como un derecho humano para poner fin a la vida de un ser humano inocente.

El proyecto de ley no es necesario para garantizar que las mujeres reciban los tratamientos vitales que necesitan durante el embarazo. El tratamiento médico de las madres cuyas vidas están en peligro siempre es moralmente permisible, incluso si esto resulta en la muerte no intencionada de un niño en el útero. La Iglesia Católica nunca ha enseñado que se prefiera la vida en el útero a la de la madre. La ley actual y las directrices médicas en Irlanda permiten que las enfermeras y los médicos de los hospitales irlandeses apliquen esta distinción vital en la práctica. Las personas que apoyan el aborto están borrando la distinción entre la intervención médica y un aborto que es el final directo de la vida del niño por nacer.

El Gobierno no tiene obligación de legislar para el caso X. Es seguro, como ha sucedido en todos los demás países, que con el tiempo esta legislación será interpretada de manera cada vez más permisiva. No existe tal cosa como un régimen de aborto restrictivo. Todos los ciudadanos, no solo las personas de fe, deberían estar profundamente preocupados.

No hay investigaciones clínicas ni libros de texto de psiquiatría que apoyen la idea de que el aborto es un tratamiento apropiado para el suicidio. La gran mayoría de los psiquiatras en las audiencias recientes, independientemente de sus inclinaciones a favor de la vida o del aborto, testificaron que el aborto nunca fue un tratamiento apropiado, ni mucho menos necesario, para las mujeres embarazadas con intenciones suicidas. El Gobierno no está escuchando las opiniones de quienes se oponen al aborto. De hecho, es una tragedia para nuestra sociedad cuando consideramos la destrucción deliberada de una persona completamente inocente como una cura o una respuesta moralmente aceptable a la muerte prevenible de otra persona. Si, por ejemplo, una mujer amenazó con suicidarse porque se creía incapaz de cuidar a su bebé recién nacido, estoy segura de que no consideraría acabar con la vida del bebé.

Somos conscientes de que algunas madres hoy enfrentan embarazos difíciles o en crisis y también que, durante el debate actual, las personas que han tenido o que han ayudado a abortar, pueden estar reviviendo lo que sucedió en el pasado. Siempre debemos apoyar a las mujeres que se encuentran en crisis de embarazo. El compromiso pro-vida de la Iglesia se refleja en su compasión por quienes tan a menudo se arrepienten de haber abortado y en nuestra comprensión de quienes enfrentan decisiones difíciles.

Nuestros representantes públicos deben recordar que están votando por un proyecto de ley sin límites y que no hay una cláusula de exclusión voluntaria para los hospitales católicos y los trabajadores de la salud. Ni siquiera Gran Bretaña, con sus permisivas leyes de aborto, llega tan lejos. Asimismo, aquellos representantes públicos que nos representan, a través del mandato que les hemos conferido, no pueden ejercer su derecho a la libertad de conciencia en relación con su voto en este tema. Nadie tiene derecho a obligar a las personas a actuar en contra de su conciencia. Esta es la base de una sociedad libre y civilizada. Recuerdo las palabras de Santo Tomás Moro, Canciller de Inglaterra: “Muero siendo un buen servidor del Rey, pero primero de Dios”. Admiramos el coraje de este valiente hombre. Las personas deben ejercer su derecho a dar a conocer sus puntos de vista con respeto a quienes nos representan y dejarles claro cuál es su posición sobre este tema.

También les pido que oren por las madres y sus bebés por nacer para que continúen siendo protegidos, queridos y salvaguardados de todo daño y que nuestros legisladores brinden claridad en forma de pautas para la práctica médica actual que no contemplan la directa y matanza intencional de los no nacidos y que será legal, médica y moralmente aceptable.

Orando la bendición del Señor sobre usted y todos en este momento en particular.

Me mantengo,

Tuyo sinceramente,

+John Buckley,

Obispo de Cork y Ross.

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