Cardenal Orani: la nueva Encíclica social “Fratelli tutti”

Cardenal Orani: la nueva Encíclica social “Fratelli tutti”

Cardenal Orani Joao Tempesta

El deseo del Santo Padre no es otro que el de reavivar entre todos un anhelo mundial de fraternidad (cf. n. 8). Aunque no quiere sintetizar de manera total la doctrina sobre el cariño fraterno, quiere detenerse en su dimensión universal, en su apertura a todos; por eso se dirige a todas y cada una las personas de buena voluntad (cf. n. 6).

Orani John, Cardenal Tempesta, O. Cist. – Arzobispo Metropolitano de São Sebastião do Rio de Janeiro, RJ – Vatican News

El Papa Francisco publicó este 4 de octubre, en memoria de San Francisco de Agarráis, este año celebrando el 27º Domingo del Tiempo Ordinario, una exclusiva Encíclica popular sobre la fraternidad y la amistad social. Lo firmó este sábado 3 en la Basílica Inferior de San Francisco, en Agarráis. Comienza con las expresiones del pobre de Agarráis, en italiano: “Fratelli tutti” (Advertencias6, 1): “Todos hermanos”, en portugués Percibir y comunicar

Desde el comienzo, como en todas y cada una de las encíclicas, el Papa le da su título y resume su enorme propósito: “FRATELLI TUTTI”: escribió San Francisco de Agarráis, dirigiéndose a sus hermanos y hermanas para proponerles un modo de vida con sabor a Evangelio. De estos consejos deseo destacar la convidación a un amor que trasciende las barreras de la geografía y el espacio; afirma feliz a quien ama al otro, ‘su hermano, tanto cuando está lejos como en el momento en que está cerca de él’ (Advertencias25: jefe, 175). En pocas palabras fáciles, explicó lo fundamental de una fraternidad abierta, que permite reconocer, valorar y querer a todas la gente, con independencia de su proximidad física, el lugar de la tierra donde cada uno de ellos nació o vive” (n. 1 ).

El deseo del Beato Padre no es otro que el de reavivar entre todos un anhelo mundial de fraternidad (cf. n. 8). Aunque no pretende sintetizar de manera total la doctrina sobre el cariño fraterno, quiere detenerse en su dimensión universal, en su apertura a todos; por eso se dirige a todas y cada una la gente de buena voluntad (cf. n. 6).

El Papa acepta que el impulso de redactar “Fratelli tutti” vino de un musulmán. Estas son las expresiones del Sumo Pontífice: “Me sentí singularmente animado por el Enorme Imán Ahmad Al-Tayyeb, a quien conocí en Abu Dhabi, para rememorar que Dios ‘creó a todos los humanos iguales en derechos, deberes y dignidad, y los llamó vivir juntos como hermanos’ (Francisco – Ahmad Al-Tayyeb, Documento sobre la Fraternidad Humana por la Paz Mundial y la Convivencia (Abu Dabi, 4 de febrero de 2019): L´Osservatore Romano (Edición semanal portuguesa del 05/II/2019), 21). No fue un mero acto diplomático, sino una reflexión llevada a cabo en diálogo y un compromiso conjunto. Esta encíclica reúne y desarrolla los primordiales temas expuestos en el archivo que firmamos juntos. Y aquí, en mi propio idioma, recibí también numerosas cartas y documentos con medites que recibí de tantas personas y grupos de todo el mundo” (n. 5).

¿Y por qué, después laudato si, inspirado en san Francisco de Agarráis, ¿se dirige de nuevo a él el Beato Padre tratándose de la fraternidad y la amistad social, tema tan central en el cristianismo? – De nuevo, el mismo Papa enseña que fue porque vio en la vida del santo de Agarráis un hecho que da un gran ejemplo a todo ser humano. Aquí está: “En su vida, hay un episodio que nos enseña su corazón sin fronteras, con la capacidad de sobrepasar las distancias de origen, nacionalidad, color o religión: es su visita al Sultán Malik-al-Kamil, en Egipto. Le demandó un gran esfuerzo, debido a su pobreza, los pocos recursos que tenía, la distancia y las diferencias de idioma, cultura y religión. Ese viaje, en un momento histórico marcado por las Cruzadas, probó aún más la grandeza del amor que quiso vivir, deseoso de abrazar a todos. Su lealtad a su Señor era proporcional a su amor por sus hermanos y hermanas. Sin ignorar las dificultades y los peligros, san Francisco fue al encuentro del sultán con exactamente la misma actitud que pedía a sus discípulos: sin negar su identidad, en el momento en que estéis “entre sarracenos y otros infieles (…), no les peleéis ni les peleéis”. , pero estad sujetos a toda criatura humana por amor a Dios” (San Francisco de Agarráis, Regla no bulificada de los Monjes Menores16, 3.6: fuente francesa, 42-43). En el contexto de esa época, era una solicitud extraordinaria. Es impresionante que, hace ochocientos años, Francisco recomendara eludir toda forma de agresión o contienda y también vivir una ‘sumisión’ humilde y fraterna, aun con esos que no compartían su fe” (n. 3).

Antes de seguir a leer y comunicar extractos de la encíclica en cuestión, me gustaría recordar un punto esencial que, explícita o implícitamente, está presente en el documento pontificio. Es visto que, según la naturaleza, todos somos hijos de Dios; hay una pertenencia de cada ser humano a la fraternidad universal. Destacar esto en una encíclica era -según fuentes fiables- el deseo del Papa Pío XI, puesto que esta doctrina -como lo es hoy- cobró relevancia en el período rápidamente anterior a la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) en el que las ideologías anticristianas – El nazismo, el fascismo y el comunismo – fueron presentados como falsas soluciones a los problemas humanos. Observemos este punto que ciertamente va a ayudar a cada uno de ellos a entender mejor el sustrato teológico de los amplios y actuales “Fratelli tutti”.

La teología reconoce que, aparte de filiación divina sobrehumano – dado a todos nosotros por el Bautismo, que torna posible, en forma plena, el consorcio con Dios ya aquí en la tierra y, después, en la feliz eternidad – está el filiación natural que nos hace a todos hermanos, por el hecho de que hijos del mismo Padre. Dos citas vienen bien. El primero es de Dom Estêvão Bettencourt, OSB, célebre teólogo brasileiro, quien asegura lo siguiente: “Todo ser humano, por el hecho de ser creado a imagen y semejanza de Dios, es hijo de Dios. Las huellas de esta filiación están en la realidad misma del humano: en todos hay sed de Infinito o de Absoluto (de forma frecuente mal comprendido), todo hombre puede reconocer a Dios como Autor de este mundo y Padre de su historia. En otras palabras: todo hombre intenta algo mejor que lo que tiene… aspira al Bien que jamás termina, aunque no en todos los casos sabe de qué forma poder ese Bien. Semejantes son las fabricantes del Constructor o de Dios, que están impresas en toda criatura hecha a imagen del Padre celestial”.

“Además de esto: todo hombre tiene en sí mismo la aptitud de cultivar las 4 virtudes cardinales, que ayudan a alcanzar el Fin Supremo o a caminar correctamente en este planeta: – la prudencia, que sabe escoger los medios que conducen por fin y sabe cómo para eludir obstáculos que se le opongan; – la justicia, que busca dar a cada uno de ellos lo que le corresponde; – fortaleza, que hace más fuerte la voluntad para enfrentar y sobrepasar los desafíos de la vida diaria; – la templanza, que modera los apetitos de un individuo y la hace balanceada entre las atracciones de la vida presente. El hombre que vive de esta forma puede llegar a cierto grado de perfección, esforzándose mucho por este motivo. Era esta perfección meramente humana la que los filósofos estoicos griegos y romanos deseaban alcanzar por medio de la práctica de la apatía (independencia de las pasiones), una práctica que los estoicos mismos encontraron realmente difícil de sostener. Sin embargo, conviene señalar que, aun antes de Cristo, pudieron alcanzar la salvación hombres y mujeres que no conocieron al Dios verdadero sin culpa propia, sino vivieron rectamente, siguiendo los dictados de su conciencia cándida y honesta, juzgando, con seguridad subjetiva, que el fallo fue la verdad” (pregunta y te respondemos norte. 547, enero de 2008, pág. 10-11).

También Dom Amaury Castanho, 3ro. El obispo diocesano de Jundiaí-SP, ya fallecido, nos da una importante reflexión en el momento en que escribe, a la luz de Génesis 1-2, que “perteneciendo todos y cada uno de los hombres a exactamente la misma clase humana y descendiendo de solo una pareja, se sigue, como consecuencia natural, que todos somos principalmente iguales y hermanos entre nosotros. Nada, por tanto, justifica el racismo o cualquier tipo de discriminación entre hombres. Las diferencias son casuales, secundarias y deben ser superadas por la solidaridad y la fraternidad universales. Entre los individuos y los pueblos sólo debe haber diálogo y ayuda recíproca, nunca odios y guerras, jugando hermanos contra hermanos. Esto no está en el plan de Dios. La fraternidad debe traducirse en movimientos rutinarios de servicio y delicadeza” (Introducción a la lectura de la Biblia. 5ª ed. Aparecida: Santuario, 2007, p. 45). Quizás alguien aquí preguntaría: que ¿Habría intuido un obispo, en ese momento, lo que escribiría en este momento el Papa Francisco? Después de todo, en la transcripción que hice, Dom Amaury semeja, a su forma, sintetizar “Fratelli tutti”… No es nada de eso. Sugiero esta cita para dejar muy claro a los que leen que el tema abordado hoy por el Beato Padre es, en esencia, correspondiente al patrimonio de nuestra fe católica.

Sí, en 1995 el libro L’Encyclique cachee de Pie XI (La encíclica esconde de Pío XI. Ediciones La Découverte. París 1995. p. 320 pp.), de Bernard Suchechky, historiador judío, y el p. Georges Passelecq, benedictino belga que trabajó en la Resistencia al Nacionalsocialismo y fue vicepresidente de la Comisión Nacional Belga para las Relaciones con el Pueblo Judío. Muestran, en ese libro, el texto de un boceto de encíclica de Pío XI sobre el antisemitismo, boceto que nunca más se elaboró ​​y, por tanto, tampoco se publicó. Tal encíclica debería empezar con las palabras Entidades Humani Generis (La Unidad de la Humanidad). No obstante, ese Pontífice murió la noche del 9 al 10 de febrero de 1939, dejándonos sólo el esbozo del archivo.

En todo caso, los dos renombrados historiadores aseguran que “la intención dominante del texto era sentar las bases filosóficas, científicas y teológicas de la unidad del género humano; todos los hombres tienen exactamente el mismo origen; por ende, son iguales entre sí; en consecuencia, la discriminación racial, religiosa, económica, etcétera. es perversa. […]. Se condena el racismo como contrario a la unidad del género humano y a la libertad y dignidad de la persona humana”. Además de la enérgica defensa de los judíos perseguidos por el nazismo, el esquema del archivo da un giro en torno a otros puntos fundamentales: La unidad de la raza humana: “La unidad del género humano descansa, primeramente, sobre un fundamento que es la naturaleza humana común a todos” (n. 72). secreto de sangre: “El parentesco de sangre y de sangre subyace a la verdad de la comunidad de los hombres… vinculan entre sí a todos y cada uno de los hombres con lo que tienen mucho más profundamente, a comprender: su relación con Dios” (n. 75). Racismo: “La teoría y la práctica del racismo, distinguiendo etnias superiores e inferiores, ignoran el vínculo de unidad, cuya existencia se revela” (n. 112). El Papa Pío XII empleó fragmentos de este borrador de su predecesor, primordialmente los relativos a la unidad del género humano, en su encíclica inaugural del pontificado, la Summi Pontificatusdel 20/10/1939 (cf. pregunta y te respondemos norte. 407, abril de 1996, pág. 159-163).

¿Qué asentimiento está llamado a ofrecer el leal católico a esta esencial encíclica? – El que nos recomienda a la Madre Iglesia en lumen gentium: la sumisión religiosa de la voluntad y el entendimiento en lo que trae del magisterio auténtico (fe y ética). El mencionado archivo conciliar dice textualmente: “Esta sumisión religiosa de voluntad y comprensión es por una razón especial debida al genuino magisterio del Romano Pontífice, aun cuando no habla ex cátedra; a fin de que se reconozca reverentemente su supremo magisterio, se dé sincera adhesión a las enseñanzas que de él manan, según su sentir y voluntad; estos se manifiestan más que nada por la naturaleza de los documentos, o por las frecuentes repeticiones de exactamente la misma doctrina, o por la manera de charlar” (lg25).

Dicho esto, como oportuno telón de fondo de la encíclica “Fratelli tutti”, va a ser muy importante profundizar en los temas que el Papa Francisco lleva a cabo y actualiza hacia las cuestiones sociales en sus extensos episodios. Que esto anime a la lectura plena y a la reflexión fecunda de este nuevo documento que integra la rica Doctrina Popular de la Iglesia.

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Esperamos que le gustara nuestro articulo Cardenal Orani: la nueva Encíclica social “Fratelli tutti”
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Cosas interesantes de saber el significado : Dios