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Análisis: Acusaciones serias y no serias de herejía papal

El Papa Francisco habla durante su audiencia general en la Plaza de San Pedro en el Vaticano el 1 de mayo de 2019. (Foto CNS/Paul Haring)

Washington DC, 2 de mayo de 2019 / 04:15 p. m. (CNA).- El 30 de abril, un grupo de 19 católicos publicó una carta abierta a los obispos del mundo, acusando al Papa de herejía y exigiendo que el colegio de obispos actúe. para hacerlo “conjurar”.

Según los firmantes de la carta, que incluyen un puñado de destacados académicos, el Papa Francisco ha cometido el delito canónico de herejía, que implica dudar o negar pública y obstinadamente credencial enseñanzas: esos católicos están obligados, según el derecho canónico, a “creer con fe divina y católica”.

Pero a pesar de las afirmaciones estridentes de la carta, los argumentos presentados por sus autores no parecen constituir un argumento legal o consistente contra el Santo Padre con respecto al cargo específico de herejía canónica.

A pesar de la insistencia en que el Papa ha cometido el “delito canónico de herejía”, los autores de la carta parecen incapaces de distinguir entre el delito de herejía y lo que en realidad parece alegar su carta: herejía material.

La herejía material describe una situación en la que una persona ha manifestado, de palabra o de hecho, una opinión en duda o en contradicción con una verdad que debe ser creída por la fe divina y católica. Por supuesto, tal situación debería ser corregida por la Iglesia. Pero la “evidencia” presentada en la carta parece, para muchos críticos iniciales, ser poco más que inferencias abiertas a interpretación.

Cometer el delito canónico de herejía requiere la duda obstinada o la negación de una credencial la enseñanza, y como todo delito, debe manifestarse claramente en el foro externo y no meramente inferirse como una disposición interna de la persona.

Jurídicamente, el criterio de obstinación se demuestra cuando se rechaza de manera demostrable una corrección o advertencia legítima. Los autores de la carta insisten en que la obstinación del Papa –o “pertinacidad”, como ellos prefieren– se demuestra ipso facto por las declaraciones del Papa que, por su educación, experiencia y oficio, debería saber mejor que hacer.

La crítica teológica más sustantiva del Papa en la carta se centra en las conocidas controversias sobre parte del lenguaje en el Sínodo sobre la Familia de 2015 y la posterior exhortación apostólica. Amoris laetitia. Pero los autores de la carta no tienen en cuenta el número de obispos y teólogos, incluido el mismo Papa, que sostienen que Amoris puede y debe leerse en continuidad con la enseñanza católica sobre el matrimonio, la sexualidad y la familia.

Si bien la carta puede ser una expresión honesta de la opinión de los 19 firmantes, pocos expertos han llegado a la conclusión de que sirve para demostrar la manifestación obstinada de creencias heréticas por parte del Papa de hecho o de derecho.

De manera similar, en su tratamiento de la firma por parte del Papa de una declaración sobre cooperación interreligiosa en Abu Dhabi, que también insisten es herética, los firmantes señalan que si bien el Papa ha ofrecido explicaciones y contexto para el documento, “ninguna de estas explicaciones ofrece una interpretación inequívoca que sea compatible con la fe católica”.

Los canonistas que comentaron la carta, además del canonista único que la firmó, han coincidido en que ésta no cumple con los estándares de un rechazo obstinado, explícito y externo de credencial enseñando.

No existe un requisito legal de que el Papa ofrezca a los firmantes de la carta una explicación de su comportamiento suficiente para cumplir con sus propios estándares, ni el derecho canónico reconoce la expresión de sus propias preocupaciones como una advertencia canónicamente significativa.

Dada la insistencia de la carta en que el Papa no solo comete herejía material, sino que también es culpable del delito canónico, la aparente brecha en la comprensión legal resta valor significativamente a la gravedad de la carta.

Otras “acciones papales que indican un rechazo de las verdades de la fe” propuestas por la carta consisten en una larga lista de personas a las que se acusa a Francisco de promover o asociarse. Además, la prueba supuestamente “indicativa” parece aún más tenue, con la forma de un bastón litúrgico que una vez usó Francisco y que la letra llama “stang satánico”.

Si el apoyo a la premisa legal de la carta ha estado ausente, su recepción entre los teólogos ha sido en gran parte decepcionante.

Aunque muchos han notado que algunos de los temas planteados en él son fuentes constantes de preocupación y confusión para los católicos que sin duda se beneficiarían de una aclaración inequívoca por parte del Papa, al basar sus quejas en el “delito canónico de herejía”, los autores de las cartas tienen Muchos han visto que funciona a partir de una premisa profundamente defectuosa.

El intento de unir temas serios, como el lenguaje de partes de Amoris Laetitia, con quejas triviales, como la forma de un bastón en una procesión litúrgica, ha sido recibido en gran medida con escepticismo.

Muchos han observado que el enfoque generalizado de la carta sobre temas tan variados como el lenguaje teológico y los nombramientos episcopales disminuye el impacto de sus preocupaciones, incluso cuando intenta amplificarlas.

Para aquellos con preocupaciones serias, incluso legítimas, sobre la claridad de la enseñanza en algunos escritos papales, esta carta y su invocación de herejía canónica pueden resultar una distracción no deseada.

Lo que no se discute es que una acusación pública formal de herejía contra el Papa por parte de un grupo de católicos, incluidos clérigos y académicos asociados con universidades e instituciones católicas, no puede simplemente ignorarse.

Cualesquiera que sean las intenciones del documento, parece representar un llamamiento directo y público al colegio de obispos contra lo que se denomina explícitamente un ejercicio criminal del oficio docente papal.

Si bien los abogados canónicos a menudo debaten la posibilidad hipotética y las repercusiones legales de un papa herético, la discusión de lo que se puede o se debe hacer sobre el desafío a la autoridad papal por parte de los autores de la carta puede resultar todo menos teórica.

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