Divina Misericordia: Esta es la verdadera historia de la imagen

OFICINA CENTRAL, 08 Abr. 21 / 05:00 am (ACI).- Esta imagen le fue revelada a Santa Faustina en 1931 y el mismo Jesús le solicitó que la pintase. Posteriormente, el Señor explicó su significado y lo que los leales lograrán con él.
No obstante, Santa Faustina lloró al ver que la imagen, a su juicio, “no reflejaba” toda la hermosura de Jesús, pero Él la animó.
Tres imágenes importantes fueron pintadas cuando comenzó a extenderse la devoción a la Divina Misericordia. El primero es el que fue realizado por instrucciones de Santa Faustina y por manos de Eugenio Kazimirowski, terminado en 1934.
El segundo cuadro fue solicitado por la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Clemencia en 1942 y por el artista Estanislao Batowski, pero durante la insurrección de Varsovia, la capilla y la imagen fueron consumidas por el fuego. Luego encargaron al artista que pintara otro para la Capilla de la Divina Clemencia en Cracovia.
En ese instante, el pintor Adolfo Hyla llegó a la casa de la Congregación en Cracovia con la iniciativa de colorear un cuadro como voto por haberse salvado en la guerra. Le brindaron una imagen de la Divina Misericordia y especificaciones de Santa Faustina. El pintor acabó el cuadro en 1943 y fue bendecido en la capilla por el P. Andrasz, confesor de Faustina.
Más tarde llegó la imagen de Batowski, pero solo quedó en la capilla el cuadro de Hyla por recomendación del cardenal Adan Sapieha, quien lo escogió por el hecho de que había sido pintado como un voto.
Como la pintura de Hyla no iba sobre el altar de la Misericordia, en la capilla, el pintor hizo una imagen más pequeña, que también fue bendecida el Segundo Domingo de Pascua de 1944 por el P. Andrasz. En 1954, el artista volvió a colorear el lienzo, eliminando los prados y bosques que había hecho, y puso un fondo obscuro con la tierra bajo los pies de Jesús.
Esta imagen de Hyla se hizo conocida por las gracias que recibían los fieles y la más divulgada en el mundo. Así se cumplió el pedido de Jesús a Santa Faustina: “Deseo que esta Imagen sea reverenciada, primero, en tu capilla y, después, en el mundo entero”.
La revelación
Santa Faustina cuenta en su diario: “En la noche, en el momento en que se encontraba en mi celda, vi a Nuestro Señor vestido de blanco. Una mano levantada en señal de bendición, la otra tocando su túnica sobre su pecho. De la túnica entreabierta sobre el pecho salían dos enormes rayos, uno colorado y el otro pálido”.
“Poco después, Jesús me ha dicho: Pinta una imagen según el modelo que andas viendo, con la inscripción: ‘Jesús, en Ti confío’. Quiero que esta Imagen sea reverenciada, primero, en vuestra capilla y después en el mundo entero”.
Jesús señaló: “Prometo que el alma que venere esta Imagen no perecerá. Prometo también, ya aquí en la Tierra, la victoria sobre los contrincantes y especialmente en el momento de la muerte”.
El pasado día, mientras Santa Faustina rezaba, Cristo le ha dicho: “Los dos rayos representan la Sangre y el Agua: el rayo pálido significa el Agua que justifica a las almas; el rayo rojo significa la Sangre que es la vida de las ánimas”.
“Los dos rayos afloraron de las supones de Mi misericordia en el momento en que, en la cruz, Mi corazón moribundo fue atravesado por la lanza. Estos rayos defienden a las almas de la furia de Mi Padre. Dichoso el que vive a su sombra, por el hecho de que no será tocado por el brazo de la justicia de Dios.”
Santa Faustina contó todo esto a su confesor, el presente Santurrón P. Miguel Sopocko, quien encargó al pintor Eugenio Kazimirwoski efectuar la imagen según las advertencias del santo.
“En el momento en que fui a la casa de ese pintor que estaba pintando la imagen y vi que no era tan bella como lo es Jesús, me dio mucha tristeza, pero escondí esta tristeza en lo mucho más profundo de mi corazón”, escribió Santa. Faustina en su períodico.
“Fui rápidamente a la capilla y lloré mucho. Le dije al Señor: ¿Quién te pintará tan bella como eres? Entonces escuché estas palabras: ‘El valor de la imagen no está en la belleza de la pintura ni en la capacidad del pintor, sino más bien en Mi felicidad’”.
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