8 de marzo: San Juan de Dios, patrón de los que trabajan en

OFICINA CENTRAL, 08 Mar. 21/05:00 am (ACI).- La Iglesia Católica festeja el día de hoy la fiesta de San Juan de Dios, Fundador de la Comunidad de Hermanos Hospitalarios, patrón de quienes trabajan en los hospitales y de quienes difunden libros religiosos.

Nacido y fallecido el 8 de marzo. Nativo de Portugal, en 1495, murió en Granada, España, en 1550, a los 55 años. De familia pobre pero muy piadosa, su madre murió cuando él era muy joven y su padre murió como espiritual en un convento.

En su juventud fue pastor, muy apreciado por el dueño de la finca donde trabajaba, quien le propuso matrimonio a su hija y de esta manera ser heredero de esos recursos. Pero, el santo decidió liberarse de compromisos económicos y maritales pues deseaba dedicarse a un trabajo mucho más espiritual.

Fue también soldado bajo el mando del genio de la guerra, Carlos V, en famosísimas peleas y la vida militar lo hizo fuerte, fuerte y sufrido.

Tras dejar el ejército, decidió entregarse a la vida apostólica, vendiendo libros religiosos en las calles. Llegó a Granada, España, ciudad donde, en 1538, tras escuchar un con pasión sermón de San Juan de Ávila contra la vida de pecado, empezó a clamar: “Piedad, Señor, soy pecador”.

Se confesó con São João d’Ávila y le propuso, como penitencia, hacerse pasar por desquiciado a fin de que lo humillaran y lo hiciesen sufrir.

Repartió entre los pobres todo cuanto tenía en su pequeña librería, comenzó a deambular por las calles de la región pidiendo a Dios misericordia por todos sus errores y, como la gente pensaba que estaba orate, comenzaron a agredirlo a pedradas y golpes.

João de Deus fue llevado al psiquiátrico donde fue tratado con crueldad y se ofreció todo el padecimiento por la conversión de los pecadores.

Tras dejar el hospicio, fundó un hospital y enseñó, por ejemplo, que algunos pacientes primero tienen que curar sus ánimas si quieren sanar luego sus cuerpos.

En una ocasión, su hospital se incendió y, indudablemente, San Juan de Dios entró múltiples veces para salvar a los pacientes. Al pasar por las llamas no sufrió ninguna quemadura, logrando socorrer la vida de todos los pobres a los que se dedicó con tanto amor.

El 8 de marzo de 1550, sintiendo que se aproximaba su muerte, se arrodilló y exclamó: “Jesús, Jesús, en tus manos me encomiendo”, y en ese instante murió.

Tras su muerte, recibió varios milagros de Dios para sus devotos y fue declarado santurrón en 1690.

Hoy en día, los hermanos Hospitalarios de São João de Deus se ocupan al cuidado de los enfermos en sus cientos y cientos de hogares ubicados en diferentes unas partes del planeta. Atienden a los enfermos en todos los continentes y con enormes y espectaculares desenlaces, usando siempre métodos de amabilidad y comprensión, en lugar del rigor y la tortura.