2 de febrero: Presentación del Señor y Día de la Vida

OFICINA CENTRAL, 02 feb. 21/05:00 am (ACI).- Este 2 de febrero la Iglesia celebra la Presentación de Jesús en el Templo, momento en el que sucedió el encuentro con Simeón y Ana, entendido como el acercamiento del Señor con su pueblo. y también tuvo lugar el ritual de purificación de la Virgen María.

En ese tiempo, cuando nacía el primogénito, era llevado tras cuarenta días al Templo para su presentación, como está escrito en la Ley de Moisés. De esta forma, desde el nacimiento del Verbo Encarnado, el 25 de diciembre, hasta el 2 de febrero, José y María cumplieron el tiempo y llevaron al niño para ser consagrado.

El Evangelio de San Lucas cuenta: “En el momento en que se cumplieron los días de la purificación de la madre y el niño, según la ley de Moisés, María y José llevaron a Jesús a Jerusalén, para presentarlo al Señor” (Lc 2, 22 ).

Al llegar al Templo, hallaron a Simeón, a quien el Espíritu Santo le había prometido que no moriría antes de ver al Salvador de todo el mundo, y fue el Espíritu quien le ha dicho al profeta que ese niño era el Redentor y Salvador de la raza humana.

Después de tomar al niño en sus brazos y bendecir al Señor, el profeta le dijo a María: “Este niño será la causa de la caída y del alzamiento de muchos en Israel. Va a ser un signo de contradicción. De esta forma se revelarán los pensamientos de varios corazones. En lo que se refiere a ti, una espada traspasará tu alma” (Lc 2, 34-35).

También en este día se encontraba en el Templo la hija de Fanuel, de la tribu de Aser, llamada Ana, ahora de avanzada edad. Ana enviudó siete años después de casarse y continuó así hasta los 84 años. Se quedó día y noche en el Templo sirviendo a Dios y ofreció ayuno y oración. Al notar al niño, Ana alabó a Dios y habló del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén.

En este día, la Iglesia asimismo recuerda la Día Mundial de la Vida Consagrada. Al festejar esta fiesta en 2014, el Papa Francisco invitó, “a la luz de esta escena evangélica, a estimar la vida consagrada como un encuentro con Cristo: es Él quien viene a nosotros, traído por María y José, y somos nosotros quienes Id a Él, guiados por el Espíritu Santo. Pero en el centro está Él. Es Él quien desplaza todo, es Él quien atrae al Templo, a la Iglesia, donde podemos encontrarlo, reconocerlo, acogerlo y asimismo abrazarlo”.

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